El gran productor alicantino amplía su radio de acción hacia Castilla y León, invierte para ganar peso como envasador y acelera la incorporación de variedades capaces de responder mejor al cambio climático
Todo ello tras un verano especialmente complejo en la cosecha Albacete, la provincia con mayor producción propia. Mientras tanto abre nuevos mercados con patatas especialmente aptas para compañías punteras en la elaboración de tortilla de patatas o el lanzamiento de nuevas variedades para churrerías de patatas en localidades como Madrid.
La compañía de Daya Vieja, cuya trayectoria se ha construido fundamentalmente desde la producción, quiere sumar ahora nuevas piezas a su modelo: crecer en Castilla y León, aumentar su capacidad de conservación y confección y convertirse progresivamente en un gran envasador de patata. Al mismo tiempo, acelera una renovación varietal que su director, José Beltrán, considera inevitable ante el cambio de las condiciones climáticas.
La empresa ha concentrado tradicionalmente buena parte de su producción en el Campo de Cartagena y Albacete, además de trabajar en menor medida en Sevilla. Ahora Castilla y León se incorpora con fuerza a ese mapa. Cada día llegan a sus instalaciones de Daya Vieja numerosos camiones procedentes de diferentes puntos de la comunidad, entre ellos Segovia y Valladolid.
Sin embargo, Beltrán no plantea este crecimiento únicamente como una operación de compra de producto. La idea es trasladar a Castilla y León el mismo modelo que la compañía ha desarrollado en otras zonas productoras: trabajar directamente junto al agricultor. “Somos agricultores y nuestra idea es estar con ellos para defender sus intereses, en un año bueno y en un año malo”, explica. Ese vínculo con el origen es también, según el directivo, una forma de defender la producción española y desarrollar juntamente con el productor cultivos adaptados a las necesidades del mercado.
Del campo a la confección
La segunda gran transformación se está produciendo puertas adentro. Después de años acumulando conocimiento agronómico, Patatas Beltrán quiere avanzar decididamente desde su papel de productor hacia el de confeccionador y envasador. Para ello ya ha realizado significativas inversiones tecnológicas en sus instalaciones, con sistemas avanzados de conservación y selección óptica, y prevé incorporar nuevas líneas de confección.
El directivo considera que la empresa parte con una ventaja importante: “El mayor recorrido ya lo tenemos hecho, que es la producción y es la parte más difícil. El siguiente paso consiste en aplicar tecnología a un producto cuyo comportamiento conocemos desde el campo.”
La conservación se ha convertido, de hecho, en una de las piezas estratégicas del nuevo modelo. Se trabaja con variedades cuya comercialización puede prolongarse gracias al almacenamiento, lo que permite decidir con mayor libertad cuándo sacar cada producto al mercado.
Variedades destacadas
Agria es una variedad con la que Patatas Beltrán lleva años trabajando y que continúa teniendo una presencia relevante en su catálogo. La empresa fue, además, una de las pioneras en introducirla para consumo en saco de yute y ha desarrollado la particularidad de comercializar también Agria lavada, algo que el empresario relaciona directamente con el control que ejerce sobre la producción y el momento de cosecha.
Otro caso es Rudolf, una variedad en la que la firma se ha especializado hasta concentrar buena parte de su comercialización gracias, precisamente, a su capacidad de conservación.
En conjunto, Patatas Beltrán maneja más de una treintena de referencias adaptadas a diferentes usos y categorías. Entre ellas destacan algunas de sus segmentaciones comerciales bajo la marca Black Label, una patata de buena calidad culinaria durante el invierno.
Albacete acusa un verano muy cálido
La necesidad de revisar ese catálogo varietal se ha hecho especialmente evidente este verano en Albacete.
Según los datos aportados por Beltrán, la temperatura media de los últimos veinte años en la zona se situaba alrededor de los 20 º C, mientras que en esta campaña se habrían alcanzado los 25 º C. Además, durante este periodo apenas se registraron diez noches por debajo de 20 º C.
Ese calor sostenido ha condicionado el desarrollo de la planta y ha complicado la campaña. “La planta no respiraba”, resume Beltrán. Las altas temperaturas repercuten además sobre la piel del tubérculo. Algunas variedades tradicionalmente utilizadas sufren más problemas en la piel cuando se cultivan bajo condiciones de fuerte estrés térmico, circunstancia que obliga a retrasar cosechas o buscar materiales con un comportamiento más estable. La conclusión es inequívoca: “el cambio varietal ya no es una opción, sino una necesidad.”
Brianna, Bricata y Tyson ganan protagonismo
Entre las variedades sobre las que la compañía tiene puestas mayores expectativas aparece Brianna, de la casa de semillas STET. Las pruebas realizadas hasta el momento en Castilla y León están ofreciendo resultados muy satisfactorios.
Una de sus principales cualidades es la piel, que facilita un buen comportamiento tras el lavado. A ello se suma su capacidad de conservación y una menor tendencia a una germinación temprana.
Pero no es la única. La firma está trabajando también con Bricata, seleccionada precisamente por su capacidad para mantener mejor la piel bajo condiciones de calor. Su comportamiento abre además una nueva vía comercial: Patatas Beltrán prepara una línea específica dirigida a churrerías y establecimientos que necesitan una patata con buen rendimiento en fritura.
En este segmento, Bricata está llamada a convertirse en una alternativa a Agria, una variedad que sigue teniendo mucho peso, pero cuyo comportamiento debe reconsiderarse ante las nuevas condiciones climáticas.
Otra de las apuestas es Tyson, que responde bien incluso cuando se planta con temperaturas elevadas, desarrolla calibres grandes, mantiene una piel fina y presenta un buen comportamiento frente a la sarna. Tanto Tyson como Bricata destacan por su capacidad para soportar situaciones de estrés.
El Mundo y La Vida para renovar el Levante
El cambio varietal alcanza también al Levante español. Aquí, la compañía ha introducido El Mundo como alternativa a Spunta, una variedad históricamente muy implantada. También trabaja con La Vida, que combina un buen comportamiento para fritura con características agronómicas interesantes para el productor tradicional.
El directivo recuerda que esta adaptación ya está afectando a los propios obtentores. Empresas de semillas del norte de Europa han tenido que remodelar sus catálogos ante veranos más cálidos y una mayor presión de problemas como las virosis.
Sin embargo, renovar el mapa varietal español no resulta sencillo. Dos factores frenan el cambio: las listas varietales relativamente cerradas de parte de la distribución y la reticencia del agricultor a asumir el riesgo de producir una variedad que posteriormente pueda encontrar dificultades comerciales.
Colomba y Soprano continúan entre las variedades con mayor presencia, pero Beltrán considera necesario abrir espacio a nuevos materiales. Incluso en variedades consolidadas como Colomba, el directivo identifica condicionantes, como es su concentración de la producción en un periodo muy corto, algo que podría mitigarse combinando diferentes ciclos y variedades.
En el norte de España, la compañía también está obteniendo buenos resultados con Cerata, mientras que la demanda de Tyson está creciendo hasta el punto de superar actualmente la disponibilidad de semilla.
La tortilla abre otro mercado
Esta búsqueda de nuevas variedades está estrechamente ligada a otro cambio estratégico: diversificar los destinos comerciales de la producción.
Patatas Beltrán ha estado históricamente muy vinculada a la patata para freír y a la industria. Pero parte de esa demanda industrial se ha desplazado hacia Francia en busca de precios más bajos, lo que ha obligado a la empresa a reconsiderar su estrategia, especialmente para mantener la producción de Albacete.
Uno de los resultados más significativos de esa diversificación ha sido su entrada como proveedor de una de las principales fábricas españolas de tortilla de patata. La variedad que ha permitido abrir esa puerta es Soprano.
El suministro a la industria de tortilla exige una regularidad muy elevada. No basta con que la patata tenga buenas características culinarias: debe comportarse prácticamente igual lote tras lote para que los tiempos y el resultado del proceso industrial sean constantes.
“Es complicado porque hay que utilizar una patata que dé siempre el mismo resultado y que tarde siempre lo mismo en su proceso”, explica Beltrán. La variedad, por tanto, deja de ser únicamente una cuestión agronómica para convertirse también en una herramienta industrial.