La firma, especializada en lechuga, hojas baby y apio arrancó el ejercicio con semanas de retraso, una situación provocada por la persistencia de producto en los mercados europeos, donde las temperaturas suaves retrasaron el final de sus cosechas.
Sin demanda suficiente, y con los cultivos murcianos acelerados por el calor, el mercado quedó completamente desajustado. “Los cultivos aquí venían dos o tres semanas de adelantado, y el mercado venía dos o tres semanas atrasado”, explica José Carlos Gómez, directivo de El Dulze. Esta combinación obligó a destruir parcelas completas para evitar exportaciones de producto envejecido o con peor evolución comercial.
El panorama ha cambiado en los últimos días con la llegada del frío, que ha frenado el crecimiento y puede generar el efecto contrario: una ventana temporal de menor oferta, especialmente en lechuga. No obstante, estas oscilaciones son habituales cada temporada cuando se producen cambios bruscos de temperatura y luminosidad.
Lucha por los precios
A esta inestabilidad productiva se suma otro factor determinante: la presión en los precios de compra por parte de la distribución europea. Según la empresa, las negociaciones desde la primavera han sido “más agresivas de lo habitual”, con programas que se han perdido por diferencias de entre un 10% y un 15% respecto a lo que es sostenible.
Todo ello ocurre mientras los costes continúan aumentando, especialmente en energía, personal, agua y alquileres. “Nuestros costes siguen subiendo y el mercado no está respondiendo a esa subida”, explica Gómez, subrayando que “hoy no se lucha por céntimos, sino por la viabilidad del margen empresarial”.
Tensión en el campo
La gestión de personal agrícola añade otro foco de preocupación. El Dulze describe un clima de alta tensión en las labores de recolección, donde no solo escasea mano de obra, sino que resulta difícil consolidar equipos que mantengan el ritmo de campaña. “No sé si es falta de personal o falta de ganas, pero la situación es especialmente dura”, afirma el directivo. Por otro lado, la empresa percibe un choque creciente entre productores y trabajadores, lo cual está repercutiendo en la organización diaria de las tareas.
Primavera crítica
A partir de primavera, aparecerá un problema aún mayor: la desaparición del único fitosanitario efectivo que quedaba para el control del pulgón en lechuga. Actualmente El Dulze ya aplica control biológico con sueltas de fauna auxiliar en campo abierto, pero advierte de que esta estrategia puede ser insuficiente con temperaturas cálidas y ausencia de alternativas químicas.
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La situación no afectará solo a España: “Es un problema europeo. Y va a poner en riesgo plantaciones en países que producen en verano sin herramientas para garantizar que la cosecha esté limpia de pulgón”, subraya Gómez. Ya hay producciones en el continente que no han podido venderse por esta causa.
Con costes al alza, negociación dura, falta de recursos fitosanitarios y un mercado cada vez más cambiante, El Dulze orienta su estrategia futura a desarrollar variedades con mayor resistencia a enfermedades junto a casas de semillas. “Más que en el producto final, estamos muy enfocados en poder cultivar la variedad que toca”, concluye Gómez.

































































































