Con nuevos almacenes adheridos, mayor penetración en cadenas de supermercados y la incorporación de diez variedades que refuerzan su presencia en el mercado, la Indicación Geográfica Protegida Cítricos Valencianos vuelve a afrontar una campaña en expansión, aun cuando se prevé una merma en kilos y un arranque condicionado por el “tapón” comercial generado por las producciones sudafricanas en Europa.
La campaña se presenta corta en volumen, pero no en recorrido comercial. Según José Enrique Sanz, director de la IGP, “la entrada masiva de cítricos sudafricanos —que ha inundado cámaras y lineales en buena parte de Europa— ha retrasado la salida de la Navelina y ha ralentizado la transición natural del calendario varietal. El solapamiento ha sido especialmente intenso entre finales de octubre y mediados de noviembre, comprometiendo el ritmo de comercialización esperado y retrasando el cambio hacia variedades autóctonas.
La fruta importada suma más de 40 días tránsito marítimo y lleva muchos días acumulados en las cámaras, por eso se producen reclamaciones por fruta envejecida y pérdida de sabor en punto de venta. Frente a ello, la IGP mantiene su valor diferencial: naranjas y mandarinas frescas, con calidad organoléptica intacta y sin semanas de almacén a sus espaldas, capaces de ofrecer un sabor reconocible y un consumo memorable.
Presencia constante
La ampliación varietal representa un salto estructural para la IGP. La integración de diez variedades —como Orogrós, Clemensoon, Sando, Neufina o híbridos como Leanri, Mandanova, Murina, Nadorcott u Orri— permite completar ciclos comerciales que van desde octubre hasta mayo, y posibilitan que los programas de supermercados cubran toda la campaña con producto certificado. Esto consolida un objetivo estratégico: calendarios completos de clementina y mandarina bajo el sello IGP, favoreciendo consistencia y continuidad en punto de venta.
El retail español frente al europeo
Una de las claves de esta campaña es el contraste en el comportamiento del retail. Las cadenas de supermercados españolas han entrado antes que Europa a comercializar producto IGP, priorizando el origen y la calidad. Grandes operadores nacionales han dado el paso de forma decidida, sustituyendo la sudafricana en el momento en que el cítrico valenciano ha alcanzado el punto óptimo de consumo.
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En el mercado europeo, en cambio, la dinámica ha sido opuesta: la fruta sudafricana ha sido la opción dominante, aun cuando muchos lotes han carecido del nivel de calidad que exige el consumidor europeo.
El primer corte, todo un símbolo
Como cada año, el arranque oficial de la campaña se celebra en campo con el tradicional corte de la primera fruta a cargo Gobierno valenciano y con la presencia de representantes de todo el sector citrícola. Este gesto no solo marca el inicio del calendario comercial, sino que reafirma el valor institucional y sectorial de la IGP como herramienta identitaria, legal y económica para la citricultura valenciana.
Un sello que gana peso
Más allá de los volúmenes —que podrían caer un 10–20% respecto a una campaña media—, lo relevante es la dirección del crecimiento: cada año, más exportadores, más cooperativas y más cadenas se incorporan. La IGP ha pasado en una década de cifras testimoniales hasta llegar a unos 25 millones de kilos, y el reto es superar ese umbral pese a una campaña corta. Según el directivo, muchos nuevos operadores muestran su interés en formar parte de la entidad valenciana. “Los contactos con almacenes privados, nuevas altas en cooperativas y el comportamiento creciente de los supermercados consolidan esta tendencia: el consumidor reconoce y demanda una naranja valenciana certificada.”

































































































