En el Reino Unido, la Unión Europea y varios estados de EE. UU., los productores asumen el coste de la gestión de los residuos de envases: cada gramo adicional de peso, cada capa de complejidad, se traduce directamente en mayores tasas y en un incremento de los riesgos de cumplimiento normativo.
Menos es literalmente más: optimizar ahora o pagar más después
A diferencia de muchas categorías de alimentos envasados, las frutas y hortalizas frescas a menudo requieren únicamente un packaging mínimo. En algunos casos, el envase puede proteger o prolongar la vida útil del producto; sin embargo, con frecuencia se utiliza principalmente con fines de branding y trazabilidad. La EPR cuestiona este enfoque al priorizar la prevención por encima del reciclaje como única solución.
Las etiquetas de fruta están adquiriendo una nueva relevancia en este contexto. Las etiquetas modernas incorporan marca, trazabilidad, indicaciones de eliminación y enlaces digitales (códigos QR, códigos de barras). Los análisis comparativos muestran que las etiquetas pesan una fracción de gramo frente a otros formatos de envase. La diferencia es comparable a enviar algo en un sobre en lugar de en una gran caja de transporte: ambos pueden transmitir la misma información y valor, pero uno utiliza una fracción del material.
Diferencia comercial
Las etiquetas de fruta y los envases preenvasados suelen cumplir la misma función —identificación e información—, pero la cantidad de material implicada es radicalmente distinta. En un entorno EPR, esa diferencia ya no es solo ambiental; también es comercial.
Las limitaciones de infraestructura siguen ralentizando el progreso. Sistemas de clasificación como el Pack Recyclability Assessment Matrix (RAM) del Reino Unido —basado en un sistema tipo “semáforo”— continúan evolucionando, y los cambios rápidos suelen poner de manifiesto tensiones. Por ejemplo, el packaging plástico flexible recibe actualmente una calificación “roja” en el RAM en la fase de recogida, debido a que muy pocas autoridades locales del Reino Unido lo recogen en el sistema puerta a puerta. Esto evidencia el conflicto entre los objetivos de minimización y las limitaciones reales de la infraestructura existente. Como resultado, cada vez más expertos en políticas públicas sostienen que deberían incentivarse los resultados —y no únicamente los tipos de material—.
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Las frutas y hortalizas frescas pueden, por tanto, convertirse en una categoría líder en un enfoque de packaging minimizado. Es posible implementar soluciones sin comprometer la seguridad, la trazabilidad, la calidad, la interacción con el consumidor o la diferenciación del producto. Esto plantea a los responsables políticos el reto de alinear la intención normativa con el impacto real a medida que la regulación se implementa o diseña. La política de EPR aún debe evolucionar para apoyar de forma más efectiva los resultados asociados a envases reciclables o compostables. Las etiquetas de fruta certificadas como compostables constituyen una de las soluciones disponibles, aunque no la única, dada la complejidad del contexto. Se trata de una opción práctica y ambientalmente responsable, posicionada como una de las alternativas más avanzadas, ya que también permite integrar necesidades como el branding, la interacción con el consumidor y la trazabilidad.

































































































