Para Alfonso Sáenz de Cámara, presidente de la Sectorial de Patata de FEPEX, este reconocimiento debe servir para reivindicar un cultivo que considera estratégico y con futuro. Entre los grandes desafíos señala la necesidad de que España sea capaz de producir una mayor parte de lo que consume, reducir su dependencia de las importaciones, desarrollar la conservación durante varios meses y recuperar mercados para la patata temprana española.
¿Qué supone para el sector que la patata haya sido elegida Producto Estrella de Fruit Attraction?
Como representante del sector estoy muy orgulloso porque creo que, entre otras cosas, lo hemos conseguido nosotros, el propio sector. Hay muchos productos y grandes profesionales dentro de Fruit Attraction, por lo que para mí supone un reconocimiento y una satisfacción.
Detrás de la patata hay mucho sector, aunque quizá no hayamos estado tan activos ni tan organizados como otros y, por ello, se nos haya visibilizado menos. Además, creo que es un producto importante que debería tener incluso más relevancia de la que tiene actualmente. Que Fruit Attraction lo reconozca de esta manera me parece clave.
Ha sido el Comité de Patata de FEPEX el que lo ha solicitado y ha trabajado para conseguirlo. Ahora estamos trabajando también para dotar a esta iniciativa de contenido y lograr que tenga éxito.
¿Puede esta edición de Fruit Attraction marcar un antes y un después en la valorización de la patata?
Eso es lo que queremos. Hemos querido dirigir todo este trabajo bajo una campaña, “La patata nos mueve”, con una doble acepción: la patata nos mueve porque nos impulsa, pero también porque nos conmueve y significa algo para quienes trabajamos en este sector.
Creo que estamos en un momento que debemos saber aprovechar. Durante años ha pesado sobre la patata ese sambenito de que engorda, asociado sobre todo a determinadas formas de preparación. Ahora, con nuevos usos culinarios, la cocina moderna o herramientas como la airfryer, se está ofreciendo una perspectiva mucho más saludable y favorable para su consumo.
Cada vez hay más nutricionistas y profesionales relacionados con el deporte que reconocen el valor de la patata dentro de una dieta equilibrada. Me gustaría que Fruit Attraction sirviera también para poner en valor ese reconocimiento de la patata como alimento saludable.
¿Habría que modificar o cuidar mejor la forma en la que se trata la patata en el punto de venta?
Sí. Dependiendo de las cadenas, entre el 12% y el 18% del peso de las hortalizas comercializadas corresponde a patata. Es un volumen muy importante. Por eso hay que gestionarla adecuadamente, darle la rotación necesaria y tratarla como se trataría cualquier otra fruta u hortaliza fresca ya que, aunque parezca que aguanta mucho tiempo, una mala gestión termina provocando pérdidas de apariencia, calidad estética e incluso organoléptica.
Nos gustaría que compradores de supermercados, cadenas y mercados entendieran que alrededor de la patata existe valor añadido y que una buena gestión del producto puede resultar rentable para todos.
¿Cuál es actualmente el gran reto de la patata española?
El primer gran reto de España es ser capaces de producir lo que consumimos y lo que necesitamos.
Eso pasa por producir más en las distintas regiones y, al mismo tiempo, conservar mejor el producto para aquellos periodos en los que no existe recolección directa del campo.
Cada año hacemos balance y decimos que España ha importado alrededor de un millón de toneladas. Pero si queremos dejar de importar tenemos que empezar a dar pequeños pasos que permitan ir reduciendo progresivamente esa dependencia.
¿España debe plantearse entonces almacenar patata durante varios meses, como ya hacen otros países europeos?
Sí. España tiene que plantearse seriamente la conservación de patata en cámaras, como sucede en otros países de nuestro entorno. Hay que planteárselo y aprender a hacerlo.
Habrá zonas en las que se pueda conservar mejor que en otras y no es un proceso sencillo, pero tampoco es imposible. Este mismo año se ha demostrado. Ante situaciones de sobreproducción en Sevilla y Murcia se han almacenado patatas en cámaras que posteriormente han llegado al mercado en agosto.
Esto significa que cuando existe la necesidad de conservar y se hacen las cosas de otra manera, se puede conseguir. Evidentemente, habrá unos límites razonables, pero mantener patatas entre tres y seis meses es un objetivo relativamente alcanzable.
Tenemos que avanzar porque la conservación nos permitiría disponer de producto nacional durante más tiempo y reducir la necesidad de recurrir a importaciones.
¿Qué otros retos tienen por delante el sector?
Otro de los grandes retos es volver a ser exportadores de patata, especialmente de patata extra temprana y temprana.
España tiene una fortaleza productiva muy clara: podemos disponer de algunas de las primeras patatas nuevas de Europa. Sin embargo, estamos perdiendo posiciones frente a países como Egipto, Israel o Marruecos y, en parte, también porque nosotros mismos estamos dejando libre ese espacio.
Este año prácticamente no hemos exportado patata de Murcia y Andalucía y lo hemos terminado pagando.
¿Se está desaprovechando la ventaja competitiva de producir antes que otros países europeos?
Creo que sí, y como mínimo merece una reflexión. España tiene esa capacidad de llegar con patata extra temprana y temprana antes que muchos otros productores.
Necesitamos estructuras que permitan regular mejor la producción de Murcia y Sevilla, abarcar un periodo comercial más amplio, programar y, sobre todo, mantener los mercados.
Cuando hablo de mantener mercados me refiero tanto a industria como a exportación, aunque considero especialmente importante esta última. Venimos de campañas en las que España ha perdido presencia en mercados como Alemania cuando anteriormente habíamos tenido volúmenes de exportación muy importantes hacia el norte de Europa.
Tenemos que trabajar para recuperar la exportación de patata nueva porque disponemos de una oportunidad productiva que actualmente no estamos aprovechando suficientemente.
¿Continúa descendiendo el consumo de patata fresca?
Sí, aunque es algo que también está sucediendo con otros productos frescos. Los hábitos domésticos están cambiando y cada vez se cocina de otra manera.
Por eso la patata tiene que avanzar también hacia el concepto de conveniencia. Si disminuye la demanda del producto fresco tradicional, tenemos que intentar recuperar o mantener ese consumo mediante formatos que se adapten a las nuevas necesidades del consumidor.
Herramientas como la airfryer pueden ayudarnos, pero la realidad es que los hogares disponen cada vez de menos tiempo para cocinar. Tenemos que adaptarnos a esa transformación y buscar soluciones que faciliten el consumo.
Francia prevé una reducción importante de su producción. ¿Puede abrir oportunidades para la patata española?
Creo que estas previsiones hay que tomarlas con cierta cautela. Puede haber una reducción, sobre todo en la producción destinada a industria, pero no estoy seguro de que el descenso del producto fresco vaya a alcanzar las cifras globales que se están manejando.
Donde sí podemos notar una repercusión es en la disponibilidad de patata durante los últimos meses de conservación. Los veranos cálidos y con estrés para los cultivos complican la conservación posterior porque la patata llega más estresada del campo. Por eso es posible que haya mayores dificultades para disponer de producto francés de primera calidad a partir de febrero. La patata para lavado, que es precisamente la que demandan muchos supermercados, podría reducir su disponibilidad al final del periodo de conservación.
Las restricciones sobre los productos fitosanitarios siguen siendo una preocupación para los productores. ¿Ha mejorado la situación?
En el último año o año y medio no hemos empeorado significativamente porque no se han retirado tantos productos, pero tampoco podemos decir que estemos mejor.
El agricultor se siente desasistido porque cuando se elimina una herramienta no siempre aparece un sustituto capaz de solucionar el mismo problema. Da igual que hablemos de herbicidas, insecticidas o fungicidas.
Desde el sector llevamos tiempo insistiendo en que no debería derogarse una solución hasta que exista otra con capacidad suficiente para sustituirla.
¿Puede la mejora varietal contribuir también a reducir esa dependencia?
Sin duda. Estamos sufriendo también el retraso en la aprobación de herramientas relacionadas con la edición genética y con la evolución de la investigación varietal.
Necesitamos acelerar esos procesos para que las nuevas tecnologías puedan avanzar. Muchas mejoras genéticas podrían conseguir cultivos más resistentes a determinados problemas y hacerlo, además, con mucha mayor rapidez que mediante los sistemas tradicionales.
Esa es también una de las vías para depender menos de los fitosanitarios. Tenemos que trabajar simultáneamente en variedades con mayor resistencia a patógenos y en herramientas eficaces de protección vegetal. Si una solución deja de ser necesaria porque contamos con plantas resistentes, los propios productores serán los primeros interesados en no utilizarla.
¿Qué problemas fitosanitarios preocupan especialmente al sector?
Seguimos teniendo problemas importantes con el alfilerillo, que puede llegar a descalificar completamente una cosecha tanto para fresco como para industria.
En patata de siembra preocupa también el control de los vectores que transmiten virosis, como los pulgones. En determinadas zonas del sur existen problemas con alternaria y también hemos visto dificultades relacionadas con mildiu incluso en áreas donde parecía un problema más controlado.
La preocupación existe porque actualmente la batería de productos disponible para la protección fitosanitaria es muy limitada.
En un contexto en el que algunos cultivos extensivos atraviesan dificultades, ¿puede la patata ganar atractivo para el agricultor?
Creo que sí. En zonas como Álava hemos mantenido la superficie e incluso en nuestra cooperativa de Udapa hemos crecido ligeramente.
En nuestro entorno existe una cultura importante de trabajar mediante contratos, algo que aporta cierta estabilidad al productor. Además, en el campo de los extensivos cada vez existen menos alternativas claramente rentables.
La patata sigue siendo un cultivo al que se incorporan agricultores jóvenes y también productores que, gracias al apoyo de servicios especializados, pueden mantener o ampliar su superficie.




















