Las recientes incidencias climáticas registradas en la provincia de Almería -marcadas por episodios de granizo, alta humedad y bajas temperaturas- están provocando problemas puntuales en los cultivos bajo invernadero, aunque sin una afectación generalizada. Así lo explica Andrés Góngora, responsable estatal de Frutas y Hortalizas de COAG y secretario provincial de la organización en Almería, a Fruit Today.
En zonas concretas del Levante almeriense, como Ruescas y Cabo de Gata, el granizo ha afectado a algunos invernaderos, provocando daños en algunos cultivos. Además, las lluvias han afectado a plantaciones en la provincia, especialmente en estructuras de cubierta plana, que todavía representan más del 20 % del parque de invernaderos de la provincia. «Todo el agua ha entrado dentro», advierte Góngora, lo que ha agravado la situación en explotaciones con problemas previos.
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La persistencia de la humedad está dificultando el secado de los invernaderos y elevando la presión de enfermedades. «No hay demasiados productos disponibles para botritis o bacterias, muchos se han ido eliminando», señala. En este contexto, los cultivos que ya presentaban una sanidad vegetal comprometida -por virosis o plagas como Trips parvispinus- están siendo los más afectados.
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El tomate es uno de los cultivos más sensibles, con incidencias de botritis, especialmente en variedades como rama, rosa o corazón de buey. En pepino, el mildiu está teniendo mayor impacto debido a la sensibilidad del cultivo al frío, mientras que en pimiento, aunque las bajas temperaturas han frenado parcialmente el desarrollo de Trips parvispinus, la humedad está favoreciendo problemas de pudrición en frutos que ya presentaban cicatrices.
También se están registrando daños en calabacín, un cultivo muy vulnerable en invernaderos planos, donde las virosis son habituales. A ello se suma la incertidumbre sobre las primeras sandías tempranas, plantadas recientemente y destinadas a recolección a partir de abril. «Aún no hay datos concluyentes, pero en esta fase inicial el frío y la humedad son perjudiciales, y puede provocar pudrición», explica el responsable de COAG.
A pesar de este escenario, la ralentización de los cultivos y la menor producción están teniendo un efecto positivo en el mercado. La reducción de volúmenes está provocando ya un aumento de los precios, especialmente en calabacín, mientras que en tomate la tendencia es más contenida. «Está faltando producto y eso es un buen síntoma. Todo apunta a que febrero será un buen mes en precios«, concluye Góngora.

































































































