¿Cómo se está desarrollando hasta ahora el negocio de soluciones agrícolas de BASF?
En la primera mitad del año ha habido un desarrollo claramente positivo. Hemos crecido, pero, ante todo, el crecimiento fue notorio en el primer cuatrimestre. Después nos ha impactado mucho la sequía.
Tenemos un negocio que es muy predominante en fungicidas y una sequía evidentemente frena mucho el negocio. Hemos visto una reducción en el segundo cuatrimestre, que se ha consolidado como un semestre positivo, pero menos respecto a las previsiones de demanda que teníamos. Respecto a la segunda parte del año ya no vemos impactos relevantes. Por tanto, esperamos un cierre del año normal, sin sorpresas, por así decirlo. En resumen, con resultado positivo.
¿Qué peso tiene la Semilla Hortícola de la Unidad de Negocio de Soluciones Agrícolas de BASF?
BASF|Nunhems es muy importante dentro del negocio de agricultura de BASF. Tenemos muy claro que nos dirigimos a un cliente, a un productor que mira el resultado total. Y lo que vemos es que hay un incremento de retos de contexto, pero no solamente medioambientales o climáticos, sino también de recursos humanos. Esto hace que realmente necesitemos soluciones que empiecen en la semilla, de ahí la importancia de este negocio: la capacidad de una adaptabilidad genética rápida para solucionar esos problemas de base desde la semilla.
¿Cree que la normativa europea debería cambiar con relación a la edición genética para hacer más ágiles las respuestas a los retos hay por delante?
Efectivamente. El riesgo que tenemos es que, si no nos adaptamos rápidamente y adoptamos estas tecnologías, que son el paso siguiente de las tecnologías que se usan en breeding, no tendremos la capacidad de dar respuestas a los retos. Sabemos que los cambios se están acelerando, por ejemplo, la incidencia de virus e insectos. Y todo esto está acelerando los diferentes patrones de incidencias. Si tú sigues con tu ritmo normal para tratar de adaptarte, no funcionará. Las consecuencias se darán en muchos niveles, también respecto a la rentabilidad económica del productor. Porque podrá seguir produciendo, pero quizá no en las cantidades necesarias que para que su actividad sea rentable, o con los inputs que le permitan serlo.
Necesitamos una metodología que pueda seguir esos cambios tan rápidos con la misma velocidad. Es fundamental. Además, específicamente en Europa, el sector de semillas, tenemos el riesgo de perder nuestro posicionamiento. En otros países se presentan soluciones potencialmente adaptadas más rápidamente.
Se está dando la típica ecuación doble, de urgencia e importancia. Lo estamos viendo. No permitir que la tecnología se adapte con el ritmo necesario sería crear un hueco y lo pagaremos caro. Hay un riesgo financiero para el sector. 
Se prevé que los eventos climáticos y la sequía sean cada vez más recurrentes. ¿Cómo os estáis preparando en BASF para estos cambios de escenario?
Efectivamente. De hecho, también es uno de los motivos por los que es tan importante tener los pies en diferentes inputs. Yo estoy convencida de que la genética es la que va a dar una respuesta muy clara a todos esos cambios climáticos cada vez más rápidos.
Es lo que está hablando todo el negocio, todo el mercado. La capacidad que tendremos para dar respuesta a situaciones que no son favorables y para maximizar producciones, las deberemos solucionar desde el punto de vista de las adaptaciones genéticas.
Tras el hito de Sandía Fashion, ¿cuál será el próximo producto estrella de BASF?
Ahora mismo es Galkia®. El melón Galia tiene un aroma y un sabor muy interesante, pero se deterioró un poco en materia de calidad. Había mucha irregularidad en la producción. Nosotros hemos desarrollado una línea muy buena, tanto en aroma como en sabor, y de alguna manera reproduce exactamente ese mismo modelo. Bajo la marca Galkia® está la seguridad, una garantía de calidad en cuanto a sabor, aroma y por supuesto productividad para el agricultor.
En este caso concreto, tenemos un acuerdo con productores muy importantes a nivel nacional que tienen impacto internacional, para producir Galkia®: JimboFresh, Fruca y Gregal.
En tomate, Vitalion sigue esa misma línea de alto sabor y compromiso de calidad. También tenemos la alcachofa Green Queen, y la cebolla dulce Sunions®, que ya permite producir prácticamente los 12 meses con producciones en Australia para cubrir los ciclos en los que había hueco, como nos requirieron los supermercados.
Trabajamos con variedades donde se asegura no solamente la calidad de la genética y el resultado como output de la calidad que ofreces, sino también una garantía en cuanto a cómo se producen.
Quizá el ejercicio más sensible o el más complicado es esa cuadratura del círculo. Porque de nada sirve tener una variedad con sabor y resistencia si el productor tiene problemas o no hay suministro suficiente para el supermercado. Una variedad debe ser rentable y sostenible no solo a nivel medioambiental, también social y económicamente.
Creo que siempre se habla de sostenibilidad medioambiental, pero ésta solamente es posible si un proyecto es económicamente rentable, porque dará continuidad al negocio.

































































































