¿Te imaginas tener un invernadero en el que se pueda producir todo el año, en un mismo espacio, obteniendo hasta 13 ciclos de recolección y reduciendo de forma significativa la dependencia del clima exterior?
Ese modelo existe y se llama hidroponía. A día de hoy, es un mercado fundamental en algunos países como Malasia, donde prácticamente el 100% se cultiva en hidropónico, o Sudáfrica, donde la cuota ronda el 80%. Estados Unidos es uno de los que más está desarrollando el cultivo en hidropónico y, al contrario, en España su porcentaje es aún minoritario. “Cada vez hay más, sobre todo para producir especialidades, productos un poco diferentes para desmarcarse de los commodities que se venden a precios muy bajos”, explica José Luis Saiz, responsable de grandes cuentas de lechuga a nivel global en Rijk Zwaan.
Atracción de fondos de inversión
El desarrollo de la producción hidropónica está captando el interés de inversores procedentes de sectores ajenos a la agricultura tradicional. Se trata, en muchos casos, de perfiles empresariales que analizan la rentabilidad del modelo y concluyen que la producción en suelo convencional -con inversión en maquinaria, grandes extensiones de terreno y mayores necesidades de mano de obra- resulta menos atractiva frente a sistemas intensivos bajo invernadero.
La principal ventaja competitiva del hidropónico radica en la eficiencia productiva. En una superficie reducida es posible multiplicar por doce, trece o catorce la producción que requeriría una finca equivalente en cultivo tradicional. Esta intensificación permite reducir la necesidad de adquirir grandes extensiones de tierra, uno de los principales frenos de entrada en la agricultura convencional.
Además, el modelo facilita la proximidad a los centros de consumo. En Estados Unidos, donde tradicionalmente la lechuga se producía en California por sus condiciones climáticas, están surgiendo invernaderos situados a menos de una hora de grandes ciudades como Nueva York, Atlanta o Chicago. El objetivo es acortar la cadena logística y producir cerca del mercado final.
Tras una primera ola de inversiones lideradas por fondos y empresarios sin vinculación previa con el sector primario, algunas grandes compañías agroalimentarias han comenzado también a posicionarse en este ámbito, ante el crecimiento del modelo.
En España, ejemplos como el de la marca Gota Viva evidencian esta tendencia. Su impulsor, procedente del sector industrial, apostó por instalar un invernadero en Santander para producir lechuga viva bajo este sistema, confirmando el atractivo del hidropónico como alternativa de inversión innovadora dentro del sector hortícola.
Lechugas vivas y especialidades para fresh cut
En sus Winter Open Field Days, Rijk Zwaan mostró un invernadero en hidropónico con un nutrido muestrario de variedades adaptadas al clima mediterráneo, desarrolladas por y para hidropónico como las lechugas vivas Salanova® y Salatrio, las tipo Crystal y nuevas aplicaciones del concepto Teenleaf™ para la IV Gama. 
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Una de las opciones que más éxito está cosechando son las lechugas Salatrio, mix de tres lechugas sembradas juntas y desarrolladas para que crezcan de forma uniforme dando la sensación de que estamos ante una sola planta. “Están siendo muy populares en los países centroeuropeos, sobre todo en Alemania, y también en Holanda, Bélgica y Austria. Se venden en el supermercado con raíz, en una bolsa con agua”. Así, el consumidor se las lleva a casa con la sensación de participar en la ‘recolección’ y tener la lechuga más fresca posible a la hora de hacer su ensalada. “Entraría dentro del convenience porque es fácil de preparar, pero también al mismo tiempo tiene esa parte experiencial de yo me lo hago, lo acabo de recolectar. Ha tenido un crecimiento enorme, en buena parte, por este motivo”.
En el invernadero demostrativo, esta opción se podía ver en un Sistema de Raíz Flotante o ‘Floating’ -una estructura similar a una ‘piscina’ donde las plantas crecen en condiciones controladas´-, así como en otro sistema con canales.
Como explicó José Luis Saiz, los cultivos hidropónicos se clasifican en tres categorías: baja, media y alta tecnología. El de la demo de Rijk Zwaan es de mid-tech. “La alta tecnología incluye luz artificial y es una inversión poco rentable en España por la alta luminosidad natural”.
Eficiencia hídrica y control climático
Al estar en entornos controlados, los modelos de hidroponía se caracterizan por ser más eficientes en el uso de agua, fertilizantes y otros recursos.
Entre los principales talones de Aquiles de la producción agrícola actual están la incertidumbre climática y las plagas. No hay más que ver años como este, donde los trenes de borrascas parecen no tener fin. O los veranos, que han borrado de un plumazo las primaveras y los otoños, alargando los periodos de temperaturas extremas y provocando una proliferación de plagas que campan a sus anchas por los cultivos.
“Muchas veces hay un limitante, que suele ser el clima, que te obliga a proteger las lechugas. Entonces una vez las proteges, para poder cultivar todo el año, tienes que poner en marcha un sistema de control de clima. Al final, el sistema más eficiente a la hora de hacer una inversión es el hidropónico. Porque permite hacer, en el caso
de una iceberg, 7 u 8 ciclos al año en el mismo sitio. En otros tipos de lechuga, por ejemplo, en un Salatrio, puedes hacer 12 o 13 recolecciones”.
Breeding especializado en hidropónico
Dependiendo de la ubicación, las diferencias de climatología hacen necesario el uso, o no, de herramientas como la iluminación artificial. Y este punto es determinante en el breeding. “Eso ya te diferencia las variedades. Hay algunas que con luz artificial se comportan bien y otras que no. A pesar de que puedes seleccionar la longitud de onda, las plantas son tan listas que acaban dándose cuenta de que esto no es la luz del sol. Y no reaccionan exactamente igual”.
“En Malasia, por ejemplo, hay una época de monzones donde prácticamente no se ve el sol y llueve hasta 6 meses seguidos. En este contexto, es fundamental desarrollar variedades que aguanten esa falta de intensidad de luz”.
Optimización y comodidad del trabajador
Otra ventaja del modelo hidropónico es que facilita la recolección, al estar en soportes elevados, y hay incluso sistemas que se pueden mecanizar de forma sencilla, con modelos de tipo floating y sistemas de cuerdas. “Los trabajadores se sientan en un extremo y van arrastrando los módulos y recolectando”.
Asimismo, el hecho de estar en un entorno cerrado con temperatura controlada hace que el trabajo sea más llevadero, un punto importante para evitar problemas de mano de obra.
Retos y oportunidades en España
España es el principal productor de lechuga de Europa. Debido a las dimensiones de este cultivo y la infraestructura y logística existente (maquinaria, etc), dar el salto al hidropónico puede verse como una inversión añadida. Sin embargo, José Luis Saiz asegura que es rentable. “En la calle se hacen dos ciclos de lechuga al año, o un ciclo y medio, y aquí estamos hablando de seis u ocho ciclos sin moverte. Tiene como contrapartida la inversión, lógicamente, pero la rentabilidad se obtiene mucho antes de lo que se podría pensar”.
































































































