Mientras en mercados como el británico ha logrado convertirse en la quinta verdura más consumida en los hogares, en España todavía necesita prescripción y mayor apuesta por parte del retail para consolidarse en el lineal
Su origen japonés
Bimi nació en Japón hace más de veinte años como resultado de un cruce natural entre dos brasicas impulsado por Sakata, con un objetivo claro: ofrecer un brócoli de sabor más suave. “Al que le gusta el brócoli, le encanta el bimi; y al que no le gusta el brócoli, tolera el bimi”, resume Alapont. No en vano, los chefs Hermanos Torres lo definen como “el brócoli para los que no les gusta el brócoli”.
Tras su lanzamiento en Japón, el producto desembarcó en Reino Unido, donde el concepto de sprouting broccoli ya tenía tradición de consumo. Allí encontró el entorno ideal para crecer. Hoy alcanza una penetración en el hogar cercana al 65%, con 37 millones de kilos comercializados, y lleva más de una década creciendo a doble dígito.
La prescripción: una necesidad
En Europa, Bimi ronda los 8 millones de kilos, con un incremento del 27% el último año. En España, a cierre de 2025, el crecimiento fue del 12%. Sin embargo, la diferencia no está tanto en el ritmo como en la mentalidad de compra.
“En países como Dinamarca, Finlandia, Inglaterra o Suiza el retail pregunta qué hay nuevo y está dispuesto a apostar. En España cuesta más”, explica Alapont. A su juicio, la clave está en la prescripción: si el supermercado no impulsa el producto, el consumidor difícilmente lo demandará.
Producción estable y modelo bajo contrato
Desde el punto de vista agronómico, el cultivo comparte manejo con el brócoli hasta el primer corte. La diferencia llega después, ya que el bimi requiere múltiples recolecciones manuales, lo que incrementa notablemente el coste. De hecho, cerca del 50% del coste total corresponde a la cosecha.
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La producción se trabaja bajo programa, lo que garantiza estabilidad de precios durante toda la campaña y protege al agricultor. “No hay producción especulativa; si quieres el producto, se produce para ti”, señala Alapont.
España, especialmente Murcia, concentra buena parte de la superficie —unas 2.000 hectáreas— y es clave en el suministro europeo: el 80% del bimi que llega a Europa es de origen español, y alrededor del 35% del consumido en Reino Unido procede también de España. Gracias al juego altitudinal, puede cultivarse los doce meses del año, desplazando la producción según la estación, desde los altiplanos en verano a zonas más cercanas al mar como el Campo de Cartagena en invierno.
Eficiencia en lineal y oportunidad comercial
En el punto de venta, bimi ocupa poco espacio —su formato recto recuerda al espárrago verde— y ofrece buena eficiencia por metro lineal. “Sin embargo, necesita voluntad comercial,” advierte Alapont.
Donde sí funciona con fuerza es en el canal Horeca y en plataformas mayoristas como Mercamadrid o cadenas como Makro y Costco, donde el chef actúa como prescriptor y busca diferenciación. “El profesional quiere ofrecer algo distinto a su cliente”, apunta.
Sabor antes que discurso saludable
Aunque es rico en vitamina C y zinc, el mensaje no debe centrarse exclusivamente en lo saludable. “Intentar convencer al consumidor solo por salud no funciona. Tiene que estar bueno. Y lo está”, concluye el directivo de Sakata.
El reto en España pasa por generar esa demanda desde el consumidor y reforzar la prescripción. En otros mercados europeos la pregunta es clara: ¿qué novedad tienes? En el caso de bimi, la respuesta ya está consolidada fuera de nuestras fronteras, pero no tanto en el mercado nacional donde la voluntad por ofrecer un producto nuevo es más reacia.



























































































