Claves de la nueva ley para evitar el desperdicio

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Hace tres años la cadena francesa de supermercados Intermarché empezó a vender fruta y verdura con defectos con un 30% de descuentos dentro de una campaña llamada «frutas y verduras feas».

Después hizo lo propio con su marca de galletas, muchas de ellas rotas dentro de los paquetes o con formas irregulares. El objetivo era evitar que el consumidor tirara los productos sólo porque tienen alguna deformidad, se rompen en el transporte o, en definitiva, porque no cumplen unos requisitos estéticos que nada tienen que ver con la calidad o el sabor.

La campaña se realizó durante todo un mes en las tiendas de la cadena y tuvo un notable éxito. Siguiendo estos mismos pasos, España va a generalizar también la comercialización de alimentos con defectos. El Gobierno ha aprobado esta semana un anteproyecto de ley para combatir el desperdicio alimentario que, entre otras cosas, contempla que los supermercados dediquen un espacio en las tiendas a vender productos próximos a la caducidad o con defectos estéticos.

La distribución, que engloba a supermercados, hipermercados y a las tiendas especializadas, está a la espera de conocer la letra pequeña de la normativa, aunque van con los deberes hechos, pues, según explican fuentes del sector, esto «es algo que la mayoría de las cadenas ya hacen», sobre todo con productos envasados, como los yogures.

Ahora se hará de forma obligatoria y también con los productos frescos. «Estamos a la expectativa de conocer un poco más las medidas de este nuevo proyecto», señala Ignacio García-Magarzo, director general de Asedas, Asociación Española de Distribuidores de Autoservicio y Supermercados, que engloba a la mayor parte del sector. «El modelo de proximidad de la distribución en España ayuda precisamente a que no haya desperdicio, porque el hecho de tener tiendas al lado de casa hace que no haya acumulación en la nevera», señala.

Donación sin IVA

Según la nueva ley, todos los agentes de la cadena alimentaria deberán contar un plan de prevención para evitar el desperdicio: los productos con suficiente vida útil se donarán, los que no se han vendido pero están en condiciones óptimas de consumo se transformarán en zumos o mermerladas, por ejemplo. Por otro lado, los que no sean aptos para consumo humano se darán para alimentación animal.

El problema no está tanto en los envasados, donde no hay casi mermas y «la oferta está ajustada», sino en los frescos. Según Aecoc, la Asociación de Empresas de Gran Consumo, el 3,5% de los alimentos frescos en la distribución no llega a comercializarse por diferentes razones: por la manipulación de los consumidores, que los estropean, o porque se deterioran en el transporte o en el envío a domicilio. De estos, el 2% acaba desperdiciado. La mitad son frutas y verduras, por delante incluso del pescado (42%) y la carne (8%).

El 12% de esta pérdida se destina a la donación, frente a un 29% que se recupera o se recicla y un 59% que acaba en el gestor de residuos, segun Aecoc. Este porcentaje de alimentos que acaba desperdiciado se explica porque las cadenas «encuentran serias dificultades para la donación de productos como carne y pescado».

«Las compañías son las primeras interesadas en no tener mermas. No se trata de tener un corner de venta con productos cercanos a la caducidad, sino de no tenerlos, o reducirlos, porque eso genera pérdidas a las empresas y somos los primeros interesados en no tenerlas», explican fuentes del sector, que piden que las empresas «se puedan deducir el IVA de estos productos que se han donado pero que no se han vendido», para que donarlos no suponga una carga fiscal.

Desperdicio en las neveras

Creen, además, que el debate se tiene que centrar más en los hogares, que es donde se produce el desperdicio. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2020 los hogares españoles tiraron a la basura más de 1.300 millones de kilos de alimentos sin consumir, 31 kilos/litros por persona. El Gobierno quiere reducir esta cifra a la mitad en 2030. «Este anteproyecto pretende generar debate», dijo el propio ministro de Agricultura, Luis Planas, la semana pasada en la presentación del anteproyecto.

En el caso de la hostelería, los consumidores tendrán derecho (y el establecimiento estará obligado a ello) a poder pedir la comida sobrante para llevar, algo que, como ocurre en la distribución, «ya se estaba haciendo en gran parte de los establecimientos», dicen desde Hostelería de España.

Fuente: elmundo.es

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