Europa afronta una campaña frutícola excepcionalmente corta. Según las estimaciones de Marc Peyres, director comercial de Blue Whale, la cosecha europea de manzana podría situarse entre las más reducidas de los últimos 30 años. Una situación que contrasta radicalmente con la temporada anterior, cuando la abundancia de fruta prolongó la comercialización más de lo previsto y obligó a buscar salida a importantes volúmenes mediante la exportación.
Este año, el escenario es completamente distinto. Los episodios de frío registrados en algunos países del este de Europa, seguidos de temperaturas elevadas y una sequía generalizada durante julio, agosto y septiembre, han condicionado el desarrollo de la fruta. Sus consecuencias se traducen en calibres más pequeños, menores rendimientos y una disponibilidad comercial sensiblemente inferior.
Para Blue Whale, esta situación exige replantear la estrategia de ventas. “Realmente faltan kilos y tendremos que encontrar un mejor precio para compensar el volumen que falta”, explica Peyres, que insiste en la necesidad de cubrir unos costes de producción que continúan siendo elevados.
El cambio climático avanza más rápido de lo previsto
La preocupación de la cooperativa va más allá de las dificultades de una campaña concreta. La creciente frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos está poniendo a prueba la capacidad de adaptación de las explotaciones frutícolas europeas.
“Lo que vemos es que ahora tenemos un cambio que es más rápido. Si es una vez cada 20 años, es un riesgo. Si es un año cada tres o cuatro, es complicado”, advierte.
La sequía ha afectado incluso a regiones del norte de Europa, tradicionalmente menos expuestas a estas condiciones. Para el directivo, esta extensión geográfica de los episodios extremos evidencia que los productores deben prepararse para una mayor inestabilidad.
Además, la campaña todavía no está completamente definida. En el momento de la entrevista, Blue Whale mantiene cosechas pendientes hasta noviembre y las lluvias registradas en determinadas zonas introducen nuevas incertidumbres.
Septiembre y octubre rompen la tendencia habitual de los precios
La escasez de producción está provocando un comportamiento comercial poco frecuente en el mercado europeo. Tradicionalmente, septiembre y octubre son meses complicados para Blue Whale, debido a la coincidencia de las cosechas locales de numerosos países, que incrementan la oferta y presionan las cotizaciones.
Sin embargo, esta campaña ha roto esa dinámica. “Por primera vez en muchos años, hemos subido los precios en septiembre y octubre”, señala Peyres.
Esta evolución demuestra que los compradores europeos han comenzado a asumir la menor disponibilidad de fruta. La necesidad de garantizar el abastecimiento está modificando las negociaciones con la distribución.
El objetivo de Blue Whale es recuperar valor para compensar la caída de los rendimientos agrícolas. Con menos kilos por hectárea, mantener los precios de campañas abundantes comprometería la capacidad de los productores para cubrir sus gastos.
La estrategia pasa, por tanto, por ajustar los volúmenes comercializados, defender mejores cotizaciones y limitar las acciones promocionales que tradicionalmente contribuyen a incrementar las ventas.
Esta situación afecta especialmente a la manzana, aunque el entrevistado considera que las dificultades de abastecimiento se extienden a otras categorías frutícolas.
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Costes elevados y presión de la distribución
La recuperación de los precios adquiere todavía mayor importancia en un contexto de costes estructurales elevados. La energía, el transporte, los embalajes de cartón y la mano de obra continúan condicionando los márgenes de toda la cadena hortofrutícola.
A estas dificultades se suma la complejidad logística internacional, especialmente en mercados afectados por las tensiones geopolíticas de Oriente Medio. No obstante, la menor disponibilidad de fruta también reduce este año la necesidad de destinar grandes cantidades a determinados destinos exteriores.
En Europa, la distribución mantiene su presión para conseguir precios atractivos, aunque la escasez de oferta está alterando el equilibrio habitual de las negociaciones.
Para Blue Whale, el reto consiste en encontrar un punto de equilibrio entre las necesidades comerciales de sus clientes y la rentabilidad de las explotaciones. Una ecuación especialmente delicada cuando los agricultores deben afrontar prácticamente los mismos costes estructurales con producciones inferiores.
Inversiones para asegurar la producción del futuro
Pese a las dificultades de la campaña, Blue Whale mantiene su estrategia inversora. La cooperativa continúa apostando por la renovación de plantaciones, el desarrollo varietal y la diversificación productiva como herramientas para preservar su competitividad.
Entre sus proyectos figura un programa de nuevas variedades de manzana iniciado el pasado invierno, con un horizonte inversor de tres o cuatro años. La compañía también avanza en el desarrollo de tres nuevas variedades de pera y contempla inversiones en kiwi amarillo destinado a Zespri.
“En este negocio, cuando plantamos un árbol, es para 20 años. No es inmediato. Hay que seguir cambiando variedades o renovando campos si queremos mantener la productividad y la rentabilidad”, subraya Peyres.
El relevo generacional constituye otra de las grandes preocupaciones. Blue Whale cuenta con productores interesados en continuar desarrollando sus explotaciones, pero garantizar su continuidad exige ofrecer perspectivas económicas atractivas y herramientas para afrontar los nuevos desafíos agronómicos.




























































