El agroalimentario afronta una etapa marcada por costes, clima y suministro

El Atlas Sectorial de Allianz Trade, accionista de Solunion, sitúa el riesgo de la industria agroalimentaria global en nivel “sensible” ante la presión sobre los márgenes y la creciente incertidumbre
AGROALIMENTACIÓN

El sector agroalimentario mundial se enfrenta a un escenario de elevada complejidad en el que confluyen varios factores de presión: fenómenos meteorológicos extremos, aumento de los costes de producción, escasez de mano de obra y vulnerabilidad de las cadenas de suministro.

Así lo recoge el último Atlas Sectorial de Allianz Trade, accionista de Solunion, que califica el nivel de riesgo de la industria agroalimentaria como “sensible”. El análisis destaca que, pese a la fortaleza estructural de la demanda y la capacidad del sector para adaptarse mediante tecnología e innovación, persisten importantes desafíos que pueden afectar a la rentabilidad de las empresas.

Según el informe, la industria agroalimentaria representa uno de los grandes pilares de la economía mundial, con 1.200 millones de empleos y una producción anual de alrededor de 11.000 millones de toneladas.

El clima y los costes presionan los márgenes

Uno de los principales retos identificados es el impacto creciente de los fenómenos meteorológicos adversos, que generan mayor volatilidad en los rendimientos agrícolas, afectan a la disponibilidad de materias primas e incrementan los riesgos en las principales zonas productoras.

A esta situación se suma la presión sobre los costes de los insumos. Energía, fertilizantes, logística y materiales de embalaje continúan condicionando la estructura económica de las empresas, reduciendo el margen operativo de productores y operadores de la cadena alimentaria.

El informe también señala la creciente dificultad para encontrar mano de obra en determinadas zonas agrícolas, un problema relacionado con factores como el envejecimiento demográfico y el desplazamiento de población hacia entornos urbanos.

La cadena de suministro gana peso estratégico

La cadena de suministro aparece como otro de los puntos críticos para el sector. Los cambios regulatorios, la fragmentación del comercio internacional, los problemas sanitarios y la inestabilidad geopolítica están obligando a las empresas a reforzar sus estrategias de resiliencia.

En este contexto, la diversificación de proveedores, la mejora de la trazabilidad y la inversión en tecnología se consolidan como herramientas para reducir riesgos y garantizar la disponibilidad de producto.

España afronta retos similares

En el caso español, Solunion identifica factores de presión similares a los observados a nivel global, aunque con particularidades propias del mercado nacional.

Entre los principales desafíos destacan el incremento de los costes energéticos, logísticos y de materias primas, junto con el impacto del cambio climático sobre las cosechas y el aumento del coste laboral en un contexto de menor disponibilidad de trabajadores cualificados.

Además, el sector debe afrontar el efecto de los tipos de interés, especialmente relevante para una actividad con importantes necesidades de financiación y circulante, así como la incertidumbre derivada del contexto geopolítico.

La hortofruticultura mantiene su fortaleza exportadora

Dentro del agroalimentario español, el sector hortofrutícola continúa desempeñando un papel destacado por su capacidad exportadora. El crecimiento del valor de las exportaciones y el superávit comercial consolidan los mercados exteriores como un elemento estratégico.

Sin embargo, esta fortaleza convive con algunas dificultades financieras. Según el análisis recogido por Solunion, la frecuencia de impagos del sector ha mostrado una evolución negativa desde agosto de 2025, situándose actualmente en niveles similares a la media nacional.

El escenario refleja una situación de mayor vigilancia para las empresas, especialmente en aquellos segmentos donde los márgenes están más tensionados.

Tecnología y diversificación para ganar resiliencia

Ante este contexto, las compañías están adoptando distintas estrategias para reforzar su competitividad. Entre ellas destacan la diversificación de proveedores, el aumento de la producción propia, la mejora del control de calidad y la inversión en automatización y tecnología.

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Manuel Furió, analista de Crédito de Solunion España, señala que los productores agrícolas están avanzando hacia modelos que permitan garantizar la disponibilidad de producto, mejorar la eficiencia y afrontar retos como la escasez hídrica.

Por su parte, los fabricantes están reforzando la seguridad alimentaria, la trazabilidad y el cumplimiento de criterios ESG, mientras que la distribución incrementa el control del riesgo de crédito y de los cobros.

El sector agroalimentario afronta así una etapa en la que la capacidad de adaptación será clave para mantener su competitividad en un entorno marcado por una mayor incertidumbre económica, climática y comercial.

Fuente: Empresa Exterior

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