“El reto ya no es solo producir bien, sino hacerlo con fiabilidad en un entorno cada vez más exigente”

La campaña de la uva de mesa 2026 está cada vez más cerca y Moyca ya está preparada para ella
Antonio Domene, CEO de MOYCA

Frente a un entorno de incertidumbre geopolítica y un consumidor más exigente, la empresa, una de las principales productoras del mundo de esta fruta, tiene dos objetivos claros: fiabilidad en el suministro y consistencia en la calidad.

De esto hemos hablado con su CEO, Antonio Domene, quien defiende la anticipación y la innovación con criterio como algunas de las claves para consolidar el posicionamiento internacional de la compañía.

¿Qué retos tiene por delante Moyca?

La campaña se presenta con buenas perspectivas en calidad y planificación, pero en un contexto que ya no es coyuntural, sino estructuralmente exigente.

Hablamos de factores como el agua, el incremento de costes —especialmente en mano de obra y energía— o una presión normativa creciente que obliga a replantear muchas cosas.

El reto hoy no es solo producir bien, es hacerlo con consistencia, control de costes y capacidad de reacción ante un entorno muy volátil: climatología imprevisible, presión de costes y mercados que no perdonan errores. El sector está entrando en una fase donde ya no basta con responder, hay que anticiparse.

En Moyca llevamos tiempo trabajando en esa línea: reforzando procesos, incorporando tecnología y tomando decisiones a largo plazo para garantizar algo que cada vez tiene más valor: fiabilidad en el suministro y consistencia en la calidad.

¿Qué va a poder encontrar el consumidor en el calendario varietal de este año?

El consumidor va a encontrar un calendario cada vez más afinado, con una oferta completa, pero, sobre todo, con más coherencia en la experiencia.

Porque la clave ya no es tener muchas variedades, sino tener las adecuadas y que funcionen bien en toda la cadena: en campo, en postcosecha y en el lineal de forma consistente.

La uva sin semillas ha evolucionado muchísimo y hoy ofrece una experiencia claramente superior en sabor, textura y comodidad. Pero añadiría uno más que hoy es diferencial: fiabilidad. Que el cliente sepa que lo que compra hoy lo va a volver a encontrar mañana con el mismo nivel.

Donde realmente se construye valor, en fruta fresca, es en la repetición. Ahí es donde Moyca pone el foco: sabor, consistencia y fiabilidad. Que el consumidor acierte cuando compra y quiera repetir. Y que el distribuidor tenga un producto que responde.

¿Cómo trabaja Moyca la innovación varietal?

La innovación varietal es uno de los grandes motores del sector, pero también donde más criterio hace falta.

Durante años se ha innovado mucho, pero no siempre con un enfoque claro de mercado. Ahora estamos en una fase distinta: seleccionar mejor, apostar por lo que realmente aporta valor y dejar atrás lo que no. No todo lo nuevo es mejor.

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En Moyca trabajamos con los principales programas genéticos del mundo, pero con criterio propio. Con un enfoque muy claro: evaluar no solo la variedad, sino todo su comportamiento, desde el campo hasta el consumidor.

Para nosotros es una decisión estratégica porque define nuestro futuro. Y para el sector, porque marca una evolución necesaria: menos volumen sin diferenciación y más producto con identidad y valor.

Moyca es una empresa internacional con presencia en los cinco continentes. ¿Cómo os está afectando la inestabilidad geopolítica y de qué manera le hacéis frente?

La inestabilidad geopolítica forma ya parte del entorno operativo.

Impacta en logística, costes, tiempos y planificación. Pero más que el impacto en sí, lo importante es cómo te estructuras para gestionarlo.

En nuestro caso, la clave está en la diversificación, la flexibilidad y la capacidad de decisión rápida. No depender de un único mercado, tienes que tener margen para reaccionar.

Y hay un elemento que en estos contextos cobra más valor que nunca: las relaciones de confianza con los clientes. Cuando el entorno se complica, eso es lo que realmente aporta estabilidad y la capacidad de cumplir.

 ¿Es más difícil hoy crecer fuera que hace diez años?

Hoy crecer fuera es claramente más complejo. Los mercados son más maduros, más exigentes y con mayores barreras de entrada.

Antes crecer era expandirse. Hoy crecer es consolidarse y ser relevante, siendo los niveles de exigencia mayores.

En Moyca tenemos claro que el objetivo principal no es estar en más mercados, sin renunciar a ello, sino tener un papel claro en aquellos en los que estamos. Ser un socio fiable y aportar valor real.

De cara a los próximos años, queremos seguir reforzando nuestra posición como uno de los referentes en uva sin semillas en Europa, con una presencia internacional selectiva, sólida y con impacto.

Vuestra presencia en muchos países hace que tengáis perfiles de consumidores diferentes, pero ¿cuáles son los aspectos que, en general, todos tienen en cuenta?

El consumidor ha cambiado mucho. Es más exigente, está más informado y es más difícil fidelizarlo, pero hay tres factores que se repiten en todos los mercados: sabor, comodidad y confianza.

El sabor es decisivo, porque si no cumple expectativas no hay repetición. Quiere fruta que realmente le guste. La comodidad también es clave, y ahí la uva sin semillas tiene una ventaja clara, y cada vez gana más peso la confianza: en el producto, en su origen y en cómo se ha producido y con qué criterios.

El gran cambio es que ya no se compra por hábito, se compra por experiencia. Y eso eleva el nivel de exigencia para toda la cadena.

Este año la Región de Murcia será sede del Congreso Mundial de la Uva de Mesa. ¿Qué supone para una de las principales empresas productoras y exportadoras de esta fruta que se celebre en la comunidad este encuentro?

Es una oportunidad estratégica para poner en valor el nivel real del sector en esta región. Murcia lleva años siendo un referente internacional en uva de mesa, no solo por volumen, sino por conocimiento, innovación y capacidad de adaptación.

Este congreso es una ocasión para poner en valor todo eso, pero también para algo más importante: liderar las conversaciones que el sector necesita. Hablar con realismo de sostenibilidad, de rentabilidad en origen y de cómo debe evolucionar el modelo productivo. Si somos capaces de aprovechar ese espacio para avanzar en esas cuestiones, el impacto será mucho mayor que el propio evento.

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