El sector agroalimentario español ya no compite únicamente en producto, precio o calidad. La verdadera batalla se está librando en un terreno menos visible: está en la capacidad de construir sistemas inteligentes que tomen mejores decisiones y con más rapidez que el propio mercado. En ese contexto, Patatas Lázaro no está simplemente modernizando su operativa; está rediseñando la lógica bajo la que funciona una empresa especializada en productos frescos del campo.
Tras más de 80 años de historia, la compañía ha entendido que la tradición solo es un activo cuando se convierte en infraestructura. Para reforzar sus raíces, ha proyectado un plan de inversiones de gran envergadura para este 2026 que la sitúa de lleno en la llamada «III Revolución Industrial»: una transformación que no responde tanto a una necesidad de digitalización como a un cambio de paradigma, el de pasar de gestionar procesos a diseñar ecosistemas de decisión gracias a la IA generativa. Para ejecutarlo, ha previsto un incremento presupuestario muy significativo que alcanza los 3,6 millones de euros en 2026.
Un salto al futuro
“Esto implica algo más profundo que automatizar tareas. Es un salto hacia el futuro. Significa que decisiones que antes dependían solo de la experiencia acumulada y nuestro conocimiento del sector, ahora empieza a apoyarse en sistemas que aprenden e introducen mejoras continuamente permitiéndonos trabajar bajo márgenes de error cero. La empresa deja de reaccionar para empezar a anticipar y servir mejor”, apunta Cristina Lázaro, directora de Ventas y Desarrollo de Negocio.
Un proyecto de dicho calibre requiere cambiar el prisma desde el que el consumidor percibe la patata, ya que, aunque está presente en el 95 % de los hogares españoles, su rol hasta el momento se ha limitado al de acompañante y, desde la compañía, saben el potencial que tiene para llegar a ser más que un ingrediente.
“Muchos compradores ignoran que las patatas son una fuente excelente de potasio y de energía saludable imprescindible para sus dietas. Desde Lázaro, utilizamos nuestros envases y la comunicación digital para reeducar al consumidor y romper con el estereotipo de que “todas las patatas son iguales”. Nuestro objetivo es empoderar al comprador para que distinga las tipologías y sus cocinados óptimos gracias a la gestión y el cuidado de toda nuestra gama de productos, transformando la compra transaccional en un vínculo de confianza basado en la salud y la transparencia. No solo vendemos un producto básico; cultivamos el conocimiento necesario para que la patata sea protagonista de una vida sana”, explica la gerente de la empresa.
Aunque en Lázaro hay tradiciones que no se pierden y una de ellas es la apuesta por el cultivo nacional, que se mantiene más firme que nunca. Bajo el lema “N+Ñ 365”, la compañía trabaja para que no falte patata nueva de España en el lineal, apoyándose en el cuidado de la doble cosecha de invierno y primavera en regiones clave como Murcia y Andalucía.
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Frente a una coyuntura de incertidumbre y climatología adversa que ha afectado de forma transversal a la industria, el incremento del 55% en las hectáreas de cultivo propio desde 2022 permite no solo asegurar el suministro, sino también proteger y reforzar el vínculo con agricultores de confianza. Así responde con certezas a ese 69% de personas que, según AECOC, demandan confianza en que se están tomando decisiones correctas en cada fase del cultivo para garantizar la transparencia y la excelencia que merecen sus hogares.
Esta transparencia, junto con el compromiso con el cuidado del medioambiente, se ha traducido en reconocimientos de prestigio internacional como la Medalla de Oro de EcoVadis, que sitúa a la compañía entre el 5% de las empresas más sostenibles del mundo. Para la empresa, la sostenibilidad no es una meta estática ni un ejercicio de marketing, sino un camino bien surcado que recorre evaluando cada inversión, proceso o compra bajo el prisma del triple impacto: ambiental, social y de gobernanza. Desde esta perspectiva, el cuidado de la tierra y el agua resulta fundamental para cultivar un futuro sostenible. Un ejemplo claro es su sistema de recirculación de agua, que permite alcanzar la excelencia operativa lavando una tonelada de patatas con apenas 30 centilitros de agua.
Esta filosofía se manifiesta en el lineal a través de la marca Freshnatur. A través de su lanzamiento más reciente, con el objetivo de adaptarse a un consumidor que busca rapidez sin renunciar a la alimentación saludable, se apostó por formatos atractivos y prácticos: la cebolla dulce en formato de un kilo (la única que no hace llorar) y la batata mini, ambas presentadas en bolsas 100% reciclables y monomateriales. Estas innovaciones responden directamente al 39% de los compradores que, según estudios de tendencia, priorizan envases menos contaminantes en la decisión de compra. Se trata de soluciones pensadas para el hogar moderno, ideales para métodos de cocinado ágiles como la airfryer o el microondas, facilitando que comer sano sea compatible con el ritmo frenético de la vida actual.
































































































