La fruta y la verdura pierden peso en la cesta de la compra

El encarecimiento de los alimentos y la pérdida de poder adquisitivo reducen la ingesta diaria, especialmente en los hogares más vulnerables
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El consumo de frutas y hortalizas frescas en España continúa mostrando una tendencia descendente, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La caída sostenida en la ingesta diaria refleja un cambio en los hábitos alimentarios de la población, marcado por factores económicos y sociales que afectan de forma desigual a los distintos niveles de renta.

En los últimos años, el porcentaje de población mayor de 16 años que consume fruta a diario ha descendido de forma significativa, al igual que ocurre con las verduras. Esta evolución confirma un retroceso en patrones de alimentación tradicionalmente asociados a la dieta mediterránea, con implicaciones tanto para la salud pública como para el sector hortofrutícola.

El factor económico, clave en el cambio de hábitos

El deterioro del poder adquisitivo se sitúa como uno de los principales motores de esta tendencia. El incremento de los precios de los alimentos frescos, en un contexto de inflación sostenida desde el inicio del conflicto en Ucrania, ha llevado a muchos hogares a ajustar sus decisiones de compra.

A ello se suman otros factores como el auge de los platos preparados, impulsado por cambios en los estilos de vida y la falta de tiempo para cocinar, así como una mayor concienciación sobre el desperdicio alimentario, que ha reducido los volúmenes adquiridos.

Aunque el gasto medio en frutas y verduras ha aumentado, este crecimiento responde principalmente al encarecimiento de los productos y no a un mayor consumo, lo que evidencia una pérdida de acceso real a estos alimentos.

Mayor impacto en los hogares con menos ingresos

La reducción en el consumo no afecta por igual a toda la población. Los datos muestran una clara correlación entre nivel de renta y frecuencia de consumo: los hogares con menores ingresos registran niveles significativamente más bajos de ingesta diaria de frutas y verduras en comparación con los segmentos con mayor capacidad económica.

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Esta brecha alimentaria pone de manifiesto un problema estructural, en el que el acceso a una alimentación saludable se ve condicionado por factores económicos. En este sentido, los indicadores de sobrepeso y obesidad presentan también una mayor incidencia en los grupos más vulnerables, lo que refuerza la relación entre renta y calidad de la dieta.

Implicaciones para el sector y la salud pública

El descenso en el consumo de frutas y hortalizas plantea un doble desafío. Por un lado, impacta directamente en la demanda interna de un sector estratégico para la economía agroalimentaria española. Por otro, abre un debate sobre la necesidad de reforzar políticas públicas que promuevan hábitos saludables y garanticen el acceso equitativo a alimentos frescos.

En este contexto, expertos y administraciones coinciden en la importancia de impulsar medidas que favorezcan el consumo de frutas y verduras, especialmente entre los colectivos más vulnerables, para revertir una tendencia que amenaza tanto la salud de la población como la sostenibilidad del sistema alimentario.

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