Los daños del ‘Cotonet’ ya afectan a la compra de cítricos en campo

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Como era de esperar, la cuestión del ‘Cotonet’ de Sudáfrica ya no es solo la de una plaga agronómica, sino que toma plena relevancia comercial, traducible en términos económicos, y posiblemente dará pie a situaciones muy conflictivas y problemáticas.

Los comerciantes de cítricos están incluyendo en los contratos de compra cláusulas que establecen la posibilidad de realizar descuentos de las cosechas en los casos en que, a la hora de recolectar, haya fruta deformada por esta plaga sudafricana que se ha extendido sin control y sin herramientas adecuadas para hacerle frente.

La incidencia de este ‘Cotonet’ alcanza a casi todas las zonas citrícolas de la Comunitat Valenciana e incluso se sabe que ha penetrado también en la provincia de Tarragona, por el norte, y en Murcia por el sur. Incluso hay quien asegura que ya se ha visto en puntos del este de Almería.

Sin embargo la intensidad de los daños son, a priori, muy diferentes entre unos casos y otros, aunque todo esto se valora y se comenta ahora con la salvedad de que los datos ciertos no se conocerán hasta el mismo momento de recolectar cada finca.

Hay campos en los que son muy evidentes altos porcentajes de afección. Se sitúan sobre todo en lo que se viene denominando la ‘zona 0’ de la plaga: áreas del norte de la provincia de Valencia y sur de la de Castellón. Lo más seguro es que en sitios muy castigados no se llegue a realizar recolección para el comercio en fresco, si acaso sólo para la industria de zumos. Hasta hay cooperativas que han decidido no recolectar parcelas de sus socios muy afectadas y están comprando a terceros para sustituir lo que les pueda faltar.

Pero luego existe un amplísimo abanico de posibles situaciones ante las que nadie es capaz en estos momentos de predecir el grado de los posibles daños: si los hay o no, si serán de relevancia, si al final apenas serán significativos, si todo se resolverá apartando mínimas cantidades de naranjas o mandarinas que se vean claramente afeadas, o si, por el contrario, resultan altos porcentajes que obliguen a tomar decisiones sobre la marcha.

Ante estas eventualidades, en las operaciones adelantadas de compra venta se está haciendo constar en los contratos que la fruta deforme se dejará en el campo, y que la que se recolecte sin querer y luego se aparte en los almacenes de selección, se descontará del importe de la cosecha.

Fruta invendible

El principal problema es que los daños que causa este ‘Cotonet’ son estéticos: las larvas deforman los frutos cuando son muy pequeños, recién cuajados tras la floración. Las deformidades se agrandan conforme crecen las naranjas y mandarinas, y es evidente que esos frutos no son comerciales, porque ningún consumidor elegiría naranjas deformes para llevárselas a casa, pudiendo comprar otras normales y hasta perfectas. Consiguientemente, ningún jefe de compras de una cadena de supermercados aceptaría una partida de naranjas con este tipo de ‘avería’, y, a su vez, los proveedores de esas cadenas comerciales tampoco van a querer llevarse la fruta que saben que no van a poder vender.

Sin embargo, a la hora de acordar la compra de una partida puede suceder que no se vea el posible alcance de unos daños hipotéticos. Puede ocurrir que se aprecie una cosa y luego, pasado el tiempo, resulte otra. En consecuencia, algunas firmas comerciales han comenzado a imponer en los contratos que si a la hora de recolectar surge fruta deforme, se quedará en el campo, y si aparece luego en los almacenes, se descontará de la liquidación final.

Esta última posibilidad puede chocar con aspectos de la ley de la cadena agroalimentaria y con la ley valenciana de contratos agrarios, y puede ser foco importante de conflictos entre las partes si no se especifican bien los términos y hay una clara voluntad de entendimiento. El agricultor puede desconfiar si le dicen días después que de su cosecha salió en el almacén tanto de destrío que le van a descontar. Y si el almacén queda lejos de su domicilio, más aún, pues será complicado que el productor viaje hasta allí para realizar comprobaciones, y será lógico que no acabe de aceptar como cierto lo que le cuenten pasado un tiempo. Puede pensar: ¿son estas naranjas de mi campo de verdad, o las están haciendo pasar por mías?

Nuevos focos de incidencias en el horizonte por culpa de una plaga contra la que no se puede luchar en estos momentos. No hay insecticidas eficaces autorizados, ni se cuenta aún con los medios de lucha biológica que se anunciaron a bombo y platillo. La producción de trampas con feromonas va despacio y la multiplicación del parasitoide ‘Anagyrus’, más lenta aún. Pueden pasar años hasta que todo esto entre en vías de normalización.

Fuente: Las Provincias

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