Sánchez: “La uva con semilla es tan buena o mejor que sin semilla”

“La uva con semilla y la de sin semilla se complementan y son mercados paralelos que conviven perfectamente”, afirma José Enrique Sánchez, presidente de la D.O. Uva Embolsada del Vinalopó
Uva del vinalopó 021

Sánchez defiende “el valor diferencial de una uva tradicional, con más de un siglo de historia, cuyo reto principal es aumentar el volumen certificado bajo el sello de calidad.”

Para el presidente de la D.O., la semilla no debe entenderse como una desventaja, sino como un elemento más de un producto que históricamente ha formado parte de los hábitos de consumo. “Toda la vida hemos comido uvas con semilla”, recuerda, al tiempo que subraya que muchas personas incluso mastican las semillas por sus características nutricionales.

Dos mercados que conviven

El avance de la uva sin semilla ha sido evidente en los últimos años, tanto en producción como en consumo, pero este crecimiento no implica la desaparición de la uva tradicional. “Desde la Denominación de Origen Uva Embolsada del Vinalopó no nos planteamos una guerra con la sin semilla”, señala.

A su juicio, se trata de mercados paralelos. “La uva sin semilla ha ganado fuerza, especialmente por su comodidad de consumo, pero la uva con semilla mantiene una base sólida entre consumidores que valoran el sabor, la consistencia y la tradición.”

En este sentido, el presidente destaca que las variedades tradicionales con semilla suelen presentar un perfil organoléptico más intenso: “son uvas más sabrosas, más fuertes en dulzor y consistentes”. Entre las variedades amparadas o vinculadas históricamente a la zona figuran Victoria, Doña María, Ideal, Dominga, Napoleón, Red Globe y Aledo.

Aledo, la embajadora final de campaña

Dentro de la campaña, la variedad Aledo ocupa un papel especialmente relevante. Es la uva que permanece hasta el final y la que permite a la zona mantener presencia en el mercado en los últimos meses del año. Según explica Sánchez, cuando llega noviembre y diciembre, la Aledo se convierte en una de las grandes referencias de uva fresca nacional.

El gran reto: certificar más uva

Más allá del debate entre uva con semilla y sin semilla, el directivo identifica un desafío interno de gran calado para la D.O.: aumentar el volumen de uva que llega al mercado certificada.

Según explica, en la zona se embolsan entre 30 y 35 millones de kg de uva, pero apenas unos cinco-seis millones se llegan a comercializar certificados por la D.O. El presidente matiza que el resto de uva no se pierde ni queda fuera del mercado, sino que se vende sin certificación. La diferencia está en que no aparece identificada como producto amparado por la D.O. “Se vende toda, pero no se vende certificada y, por tanto, sin el valor añadido que una certificación de Denominación de Origen ofrece”

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Uno de los puntos que más preocupa es la identificación del producto en el mercado. La uva embolsada recibe este nombre por el sistema de cultivo: cada racimo se protege en la parra con una bolsa de papel, una técnica que contribuye a preservar la calidad del fruto. Sin embargo, esa bolsa no siempre llega al consumidor final.

La uva certificada se manipula, se limpia, se selecciona y se envasa en almacén. Por ello, su identificación debe realizarse a través de los elementos propios de la D.O., como sellos, vitolas o separadores. “Tenemos que identificar bien para que no cueste trabajo encontrarla”, señala. A su juicio, la D.O. debe reforzar su visibilidad y, al mismo tiempo, conseguir que más operadores apuesten por comercializar sus mejores marcas bajo el sello de calidad.

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