Paliza del pimiento al tomate

Pimiento foto junta andalucia

El pimiento arrebata el liderazgo al tomate en Almería, que pierde fuelle por el aumento de los costes de la mano de obra y la mayor dificultad para su control fitosanitario debido a la tuta absoluta.

En las dos últimas campañas, el pimiento se ha consolidado como el cultivo estrella bajo plástico. Así lo reflejan los datos de la Consejería de Agricultura que registran un aumento del área de cultivo en 1.400 hectáreas en dos temporadas.

De esta forma, el pimiento le ha dado el ‘sorpasso’ al tomate, hasta entonces el cultivo intensivo líder en Almería, que pierde terreno como consecuencia de la dificultad del control de la tuta absoluta, así como por el aumento de los costes de producción, que se ha encarecido en determinadas variedades como el cherry, ya que requiere una mayor cantidad de mano de obra, y ha provocado que muchos agricultores tomen la decisión de virar su producción hacia otros cultivos de menor impacto salarial.

En concreto, el tomate cultivado en Almería para la campaña 2019-2020 cuenta con una superficie total de 8.790 hectáreas, una cifra que supone 765 hectáreas menos que el curso agrícola pasado, cuando se registraron 9.555 hectáreas. Este descenso es de un 8% en sólo un año en el área dedicada a tomate invernado en Almería.

Por su parte, el pimiento contabiliza un fuerte incremento en la actual campaña hortofrutícola, al registrar 11.570 hectáreas, 445 más que el año anterior, cuando se cultivaron 11.125 hectáreas, lo que significa un aumento del 4% y casi un tercio de la superficie intensiva total de Almería. Este cultivo está creciendo en la provincia debido a que su manejo mediante técnicas de control biológico está prácticamente extendido al 100%, facilitando las tareas al agricultor y proporcionando una mayor rentabilidad, al efectuarse más cómodamente la amortización de su inversión. Además, las cotizaciones medias de pimiento están acompañando, en líneas generales, en las últimas campañas, lo que atrae el interés por este cultivo.

El SMI, la clave

El gerente de la asociación provincial de productores y exportadores de frutas y hortalizas de Almería, COEXPHAL, Luis Miguel Fernández, ya advertía el pasado verano del comportamiento errático y de la evolución decreciente del cultivo de tomate en los últimos años en esta provincia. Fernández reconocía que cada vez ofrece menos rentabilidad debido al aumento de sus costes de producción, derivados de la entrada en vigor del nuevo Salario Mínimo Interprofesional (SMI), en enero de 2019, principalmente, en variedades como el cherry, además de que es el que está registrando mayores problemas fitosanitarios, entre ellos, el control de la tuta absoluta.

En el último año, el tomate cherry ha arrastrado a este cultivo a una caída generalizada de precios, mientras que es uno de los que requiere más mano de obra para su manejo, en comparación con otros como el pimiento. “Si sigue así la cosa, el año que viene va a ser aún peor en el cherry”, advertía el gerente de COEXPHAL, salvo para aquellas empresas que tengan contratos cerrados y puedan garantizarse el volumen de ingresos, pero “si aumentan los costes y caen los ingresos, este sistema no es sostenible”, apostillaba.

La superficie de tomate seguirá cayendo

Los presagios de Luis Miguel Fernández se han cumplido. Además, prevé que la superficie de cultivo en tomate va a continuar cayendo en los próximos años. “El cultivo de tomate emplea una media de cuatro personas por hectárea, mientras que el de pimiento utiliza a una”, explica, y recuerda que el SMI ha vuelto a subir en enero de 2020, “lo que ha motivado que el coste medio por hora pase de 5,8 a 6,9 euros la hora”, mientras que “en Marruecos es de 0,8 euros la hora”.

Aunque el control fitosanitario es importante, el gerente de COEXPHAL considera que las razones de mayor peso que están influyendo en esta caída en el área dedicada al tomate son “puramente económicas”. Con el sistema de producción actual, el modelo es “inviable”, asegura, porque la productividad media del invernadero almeriense se mueve en la horquilla de 10-12 kilos el metro cuadrado, lo que no amortiza los costes de producción, fundamentalmente, los derivados de la mano de obra.

A su juicio, la única forma de ‘darle la vuelta a la tortilla’ pasa por apostar por una mejora de las estructuras, es decir, que el agricultor invierta de forma decidida por mejorar la tecnología de su invernadero, de forma que pueda acercarse a los ratios de productividad de Holanda, que llegan a 80 kilos por metro cuadrado. Precisamente, eso es lo que tuvieron que hacer los holandeses para poder competir con los almerienses en los mercados, apostilla Fernández.

Producto de Marruecos, rubricado con origen España

 Todo ello ha provocado, también, el aumento de problemas en el sector este año con el cambio de etiquetaje. Está creciendo la compra de producto de Marruecos, para después rubricar que es de origen español, además de que el vecino del sur ha aprovechado para ganar cuota de mercado con su tomate cherry en Europa.

La situación del tomate es similar a lo que ocurrió con la judía en la agricultura almeriense, que hace años era un cultivo muy importante en la provincia, mientras que en las últimas campañas se ha convertido en residual. Y es que, aunque su manejo no es complicado, necesita más mano de obra que otras hortalizas, de ahí que Marruecos le haya ganado la partida.

 

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