La primera fase comenzará a operar en noviembre y el complejo estará plenamente desarrollado durante 2027, permitiendo incrementar volúmenes, captar nuevos productores y elevar el grado de automatización.
El proyecto representa una inversión próxima a los 28 millones de euros —en una horquilla de entre 26 y 30 millones— y nace con un objetivo claro: superar las limitaciones de capacidad de las actuales instalaciones de El Jimenado y dotar a la empresa de una estructura preparada para crecer en dos de sus productos estratégicos.
La nueva central se levanta sobre una parcela de 63.000 metros cuadrados y dispondrá de alrededor de 24.000 metros cuadrados de superficie de trabajo, con líneas de manipulado de última generación. “Va a suponer dar un salto no solamente cuantitativo, sino, sobre todo, cualitativo”, resume Pepe García, gerente de Agrodolores.
El brócoli abrirá la nueva etapa en noviembre
La ejecución se ha planteado en dos fases. La primera estará operativa a comienzos de noviembre y se destinará al brócoli. Posteriormente arrancará la segunda fase, centrada en pimiento, con el objetivo de que el conjunto de la instalación pueda estar completamente operativo durante 2027.
Cuando el proyecto alcance su pleno desarrollo, la nueva sede está llamada a sustituir progresivamente la actual central de El Jimenado, donde la compañía encuentra ya importantes limitaciones para continuar aumentando su actividad.
La ampliación permitirá a Agrodolores no solo trabajar más producto, sino también modificar la forma en que canaliza parte de su producción y abrir la puerta a nuevos agricultores.
De 12.000 a unas 20.000 toneladas de brócoli
El crecimiento más claramente cuantificado llegará en brócoli. Agrodolores mueve actualmente alrededor de 12.000 toneladas de este producto y la nueva capacidad podría permitirle acercarse a las 20.000 toneladas.
El incremento previsto refleja la importancia que ha adquirido el brócoli dentro de la estrategia empresarial. García reconoce que existe “una apuesta muy decidida” por este cultivo y que una parte sustancial de la nueva inversión está específicamente diseñada para acompañar su desarrollo.
También crecerá el pimiento, aunque en este caso la empresa no establece todavía un objetivo cerrado. Actualmente, en el conjunto de las cuatro sedes de Agrodolores maneja entre unas 65.000 y 70.000 toneladas, parte de ellas comercializadas mediante el sistema de alhóndiga y venta directa.
Las nuevas instalaciones permitirán derivar más producto hacia la comercialización y el manipulado propio y, al mismo tiempo, incorporar agricultores que actualmente no trabajan con la compañía.
Tecnología para ganar eficiencia
Las nuevas líneas incorporarán inteligencia artificial, visión artificial y sistemas de automatización orientados tanto a incrementar la eficiencia como a reducir las incidencias que puedan llegar al cliente.
Para García, la tecnología ya no constituye únicamente una ventaja competitiva, sino una necesidad en un sector que trabaja con márgenes estrechos y soporta una escalada constante de costes. “Las empresas tenemos que reinventarnos y tener toda la maquinaria imaginativa en marcha continuamente”, señala.
Mano de obra
En ese contexto, la automatización cobra especial relevancia por otra razón: la disponibilidad de trabajadores.
Durante años, el agua ha sido la preocupación central del Campo de Cartagena y continúa siendo un asunto capital. Sin embargo, García considera que la falta de mano de obra está adquiriendo una dimensión comparable.
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No se trata únicamente de encontrar trabajadores. El gerente señala problemas de disponibilidad, cualificación y absentismo, dentro de un mercado laboral que está cambiando rápidamente.
Su planteamiento combina dos ideas aparentemente contrapuestas pero complementarias: invertir en tecnología para reducir la dependencia de procesos intensivos en mano de obra y, al mismo tiempo, situar a las personas en el centro de la organización. “Sin las personas la empresa no es nadie”, afirma.
Cuatro centros
Agrodolores trabaja actualmente a través de cuatro centros. Cuenta con sus alhóndigas de Dolores de Pacheco y El Mirador, la comercializadora de El Jimenado y su sede de Adra, en Almería, que funciona como punto de venta y recogida.
La nueva central alterará progresivamente ese mapa. Más superficie, líneas de última generación, inteligencia artificial y una capacidad muy superior de manipulado permitirán a la empresa crecer sobre una estructura distinta. No solo aumentará el volumen de brócoli y pimiento; también podrá captar producción, organizarla de otra manera y ofrecer a sus clientes mayores garantías de calidad, puntualidad y seguridad alimentaria.
García insiste precisamente en esta última cuestión. Agrodolores se considera, además de una comercializadora hortofrutícola, una empresa de servicios. Y servir bien no consiste únicamente en entregar toneladas, sino en hacerlo en tiempo, con calidad homogénea y minimizando cualquier incidencia que pueda terminar generando costes al cliente.

























































