El kaki busca valor en una campaña con menos fruta

La menor disponibilidad tras los episodios de pedrisco puede dar algo más de margen comercial al kaki esta campaña, pero el sector advierte de que la ecuación sigue siendo complicada
KAKI-CAMPAÑA

Con menos kilos disponibles, productores y comercializadores ven margen para defender mejor el precio, pero advierten de que la rentabilidad dependerá de priorizar la calidad y evitar una salida precipitada al mercado.

El kaki llega al inicio de campaña con una oferta más corta de la prevista: esa menor disponibilidad debe servir para sostener el valor del producto.

En la Asamblea General Ordinaria de la Asociación Española del Kaki, Pascual Prats, su presidente, sitúa el potencial inicial en unos 320-330 millones de kilos. Antes de los últimos daños ya se habían aplicado reducciones del 12-14%, equivalentes a entre 15 y 20 millones de kilos menos. A ello añade una primera estimación de otros 30-35 millones afectados por el pedrisco, aunque insiste en que habrá que esperar para conocer el volumen real que llegará al mercado. La cifra con la que se trabaja, en estos momentos, son unos 270.000 millones de kilos.

La piedra no es el único factor. Prats recuerda que todavía falta medir el impacto de las plagas y de las mermas de calidad, que pueden reducir la fruta comercializable. La segunda categoría vuelve, así, a ser uno de los puntos débiles de la campaña: el coste de producir un kilo apenas cambia, pero sí lo hace su retorno.

Inma Torregrosa, vicepresidenta de la Asociación, considera clave evitar que la fruta muy dañada termine presionando el mercado. En este contexto, Prats reivindica el seguro agrario, que calcula que cubre alrededor del 95% de la producción. “El que no hace seguro se puede arruinar tranquilamente”, afirma.

Menos kilos, más presión sobre el precio

La menor oferta llega además en un escenario de costes crecientes. Gasóleo, energía y mano de obra encarecen una campaña en la que también resulta cada vez más difícil encontrar personal cualificado.

“Los costes son más altos y no podemos regalar la fruta”, resume Torregrosa. La vicepresidenta apunta a la presión de los compradores antes del inicio de la recolección y defiende que el sector traslade un mensaje común: hay menos producto y producirlo cuesta más.

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Prats coincide en que este año no conviene precipitarse. Sin un exceso de oferta, cree que existe margen para repartir mejor los kilos durante la campaña y comenzar solo cuando la fruta presente la calidad adecuada. “Si tenemos una buena calidad, podemos exigir precio”, sostiene.

Torregrosa añade que algunas cadenas han ampliado la gama de calibres que están dispuestas a trabajar, señal de que la distribución percibe una disponibilidad limitada. También destaca que “el consumo del kaki va subiendo cada año y las grandes superficies cada vez quieren más volumen”.

Un problema que va más allá de esta campaña

La coyuntura comercial convive con una preocupación estructural. Según Prats, el cultivo llegó a ocupar entre 18.000 y 18.500 hectáreas y hoy se sitúa en torno a 14.000-14.200. “Hemos bajado un 25% o un 30% en los últimos cinco o seis años”.

El retroceso responde, explica, a una combinación de mayores costes, más plagas, menos herramientas fitosanitarias y falta de relevo generacional. “Es más caro, es más complicado, le afectan más plagas. Y luego está el relevo generacional”.

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