Innovación y edición genética: punto de partida de la cadena agrícola
Bajo el lema «Acciones conjuntas, futuros resilientes», las primeras sesiones del congreso han dejado claro que la competitividad y sostenibilidad de los productores dependen de una genética vegetal avanzada. El sector agrícola actual se enfrenta a regulaciones restrictivas y a la necesidad imperiosa de variedades resistentes a la sequía y a plagas emergentes.
Michael Keller, secretario general de la ISF, subrayó la posición de liderazgo del país anfitrión: «Portugal es el número uno en el Índice del Sistema Alimentario Resiliente en cuanto a disponibilidad, accesibilidad, calidad, seguridad, innovación y nutrición». En su intervención en la inauguración del congreso, Keller recordó un axioma fundamental para la comercialización internacional: «La semilla es el punto de partida. Debemos recordar a todos que ningún país es independiente en materia de semillas. Ese es el punto de partida cuando pensamos en sistemas alimentarios resilientes».
Asimismo, hizo un llamamiento al reconocimiento del sector corporativo: «Con demasiada frecuencia en las organizaciones internacionales y cumbres alimentarias, el sector privado no es reconocido por el valor que aporta a los debates y por tender puentes de innovación hacia los agricultores».
Por su parte, José Manuel Fernandes, ministro de Agricultura y Pesca de Portugal, respaldó firmemente la adopción de nuevas tecnologías aplicadas a la obtención vegetal: «Las innovaciones, como las nuevas técnicas genómicas, que prefiero llamar ‘nuevas técnicas de mejora’, pueden ayudar a desarrollar cultivos más resilientes a la sequía, más resistentes a las enfermedades y mejor adaptados a las necesidades nutricionales. Apoyamos estas técnicas y pedimos una regulación equilibrada y basada en la ciencia que garantice la seguridad al tiempo que permite la innovación y la competitividad». Fernandes enfatizó que «no podemos tener miedo de la palabra competitividad; necesitamos ponerla al mismo nivel que la cohesión social, la cohesión territorial y el objetivo de la sostenibilidad».
El desafío logístico, el empleo y las trabas al comercio global
Las tendencias globales del mercado y las presiones financieras sobre la producción hortofrutícola internacional también ocuparon un lugar prioritario en el debate.
Anup Jagwani, Global Director of Farming & Agribusiness del World Bank Group, aportó datos macroeconómicos preocupantes sobre la presión logística y de costes que sufre el sector agrario: «El precio de la urea ha subido significativamente, más del 30% y tal vez un 60% para fin de año. Además, problemas como la sequía en Sudáfrica redujeron los cereales entre un 16% y un 50%». Jagwani enfatizó el rol social del sector: «La semilla es vida, innovación, seguridad alimentaria y el bloque de construcción del empleo. Reducir la inseguridad alimentaria y aumentar la producción no se puede lograr sin asegurar que los agricultores tengan acceso a las semillas adecuadas y contextualmente relevantes».
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En esa misma línea de facilitar el flujo comercial, Edwini Kessi, director de la Agriculture and Commodities Division de la OMC (WTO), incidió en la necesidad de eliminar barreras técnicas injustificadas: «El comercio internacional no es un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar los medios de vida de las personas. Necesitamos un sistema de comercio basado en reglas que sea predecible y justo. Las restricciones a la exportación y las barreras no arancelarias en el sector de las semillas no solo perjudican a la industria, sino que ponen en riesgo directo la seguridad alimentaria global, especialmente en las regiones más vulnerables».
Sostenibilidad, relevo generacional y cifras del mercado agroalimentario
La resiliencia a largo plazo de las empresas hortofrutícolas exige integrar la visión de las nuevas generaciones y comprender la magnitud financiera del mercado de insumos.
Jade Alexis Sands, Youth Ambassador de NGIN (Next Generation Is Now), aportó la perspectiva de los futuros líderes del campo: «La juventud y las generaciones jóvenes tienen el maravilloso hábito de tomar lo tradicional y transformarlo en algo nuevo, mirando las cosas desde una perspectiva diferente, porque en eso consiste la innovación. Necesitamos un asiento real en las mesas donde se toman las decisiones, no solo para ser escuchados, sino para co-diseñar los sistemas alimentarios del mañana».
Desde la cúpula operativa de la ISF se ofrecieron las directrices comerciales y de gobernanza de la federación. Marie Tamahzian, ISF Operation Director, explicó que el congreso cuenta con una presencia masiva que dinamiza los acuerdos de suministro: «Tenemos aquí a más de 1.800 profesionales de las semillas que representan a unas 900 empresas comerciales, desde negocios familiares hasta multinacionales de más de 80 países».
A su vez, Ellen Sparry, 2ª vicepresidenta de la ISF, recordó el esfuerzo financiero del sector: «Las empresas de semillas invierten anualmente entre el 15% y el 30% de su facturación en I+D, una cifra significativamente superior a cualquier otro sector de la agricultura. Proteger esta propiedad intelectual es la única vía para seguir ofreciendo soluciones de mercado viables frente al cambio climático».
Perspectivas B2B y resiliencia
En esta jornada inaugural la palabra más repetida ha sido resiliencia. Y esa capacidad de adaptación de toda la cadena está estrechamente vinculada a un marco regulatorio moderno en Bruselas que autorice y estandarice las nuevas técnicas de edición genética. Sin estas herramientas y sin acuerdos multilaterales que agilicen el movimiento internacional de semillas, la producción hortofrutícola global se enfrentará a una preocupante vulnerabilidad estructural ante los desafíos climáticos del futuro próximo.























































