Más de 500 hanegadas de caqui, mandarina y naranja se han visto afectadas hasta ahora por la desaparición de alrededor de un millar de trampas, según los datos recopilados por AVA-ASAJA en la zona.
El perjuicio va más allá del coste de reposición de los dispositivos, estimado en unos 200 euros por hectárea. La retirada de las trampas deja las parcelas expuestas a una de las principales plagas de cítricos y caquis y puede provocar pérdidas de producción muy elevadas.
“Hay campos que perderán más del 80% de la cosecha por culpa de la mosca”, advierte Paco Laza, delegado de AVA-ASAJA en Picassent, quien señala que algunos robos se producen dejando intactos los dispositivos más visibles y retirando los situados en el interior de las parcelas.
Un momento crítico para el control
La mosca de la fruta constituye una de las amenazas fitosanitarias más importantes para ambos cultivos, junto con ácaros, cotonets, trips y otras plagas y enfermedades.
El control se basa, entre otras medidas, en la instalación de trampas con productos fitosanitarios o atrayentes alimenticios, destinadas a reducir las poblaciones del insecto hasta niveles que permitan minimizar los daños sobre la fruta.
Su utilización cobra especial importancia en estas fechas, cuando las variedades tempranas comienzan a cambiar de color y aumentan su contenido en azúcar, incrementando su susceptibilidad a los ataques.
La desaparición de los dispositivos en este momento obliga además a los agricultores a asumir nuevos costes para reponerlos cuando buena parte de la estrategia de control ya estaba implantada.
Más vigilancia en el campo
La organización agraria reclama un refuerzo de la vigilancia en las zonas productoras, especialmente durante las campañas de recolección.
Su presidente, Cristóbal Aguado, advierte de que el sector ya afronta dificultades para controlar las plagas y considera especialmente grave que las explotaciones queden ahora desprotegidas por el robo de material instalado en campo.
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También expresa su preocupación ante la posibilidad de que las trampas sustraídas puedan acabar en circuitos alternativos de comercialización.
La petición del sector pasa por incrementar la presencia de las fuerzas de seguridad en el medio rural, en un momento en el que la presión de la mosca de la fruta coincide con el arranque de dos campañas clave para la agricultura valenciana.
























































