La fruta de pepita, en la línea de fuego

El escaso margen que le queda al productor y la entrada masiva de manzana de otros orígenes son un importante motivo de preocupación para el sector

Antes de que a principios de agosto se hagan oficiales las previsiones europeas 2019-2020 de manzana y pera, diversas fuentes consultadas por esta publicación han expresado su preocupación por el escaso margen que le queda al productor y por la falta de condiciones de reciprocidad para la entrada en el mercado europeo cuando se trata de países terceros.

Un caso que preocupa especialmente, y no es nuevo (su origen estuvo en el veto ruso en 2014), es la cifra de producción que Polonia pondrá en los mercados, aun cuando, antes de conocer las cifras de Prognosfruit, se sabe que su volumen será inferior al del año pasado. Pero el gigante polaco, tras el varapalo inicial de su principal comprador, Rusia, ha tenido tiempo de aprender, renovar sus variedades, posicionarse por precio y tecnificarse. Y en ello continúa.

Los productores se quedan sin margen 

Los datos a los que hemos tenido acceso indican que en los años venideros podrían llegar a desaparecer 1/3 de los productores de fruta de pepita, y esto afectaría muy especialmente a aquellos que produzcan de media entre 35 y 45 toneladas por hectárea.

Tan solo teniendo en cuenta los costes laborales que existen en otros países del entorno europeo o no europeo y que introducen fruta dentro del espacio comunitario, las diferencias son abismales: en Polonia el salario agrario es de 2,5€ por hora, en Turquía, que ya nos afecta con sus exportaciones de limones y tomates y lleva camino de alcanzar un importante nivel productivo de manzanas, el coste salarial es de 1 euro la hora. Sudáfrica, que mantiene el mismo coste laboral (otro euro por hora) está en el punto de mira de todo el sector citrícola español y ahora también en el de pepita. Las exportaciones sudafricanas se dirigen especialmente hacia Europa en los meses de mayo a agosto y llegaron a alcanzar las 90.000 tn en manzanas y casi la misma cantidad en peras.  Y nuestros vecinos ribereños del Mediterráneo, como Túnez o Argelia se llevan la palma con un coste laboral que no alcanza ni el euro; en concreto el estudio habla de 0,75 euros por hora. El país del dimitido Buteflika, llegó a consumir más de 10.000 toneladas de manzanas españolas, y debido a sus vaivenes políticos cerró sus puertas a las importaciones en febrero de 2018. En estos momentos, no sólo ha dejado de ser un comprador, sino que puede convertirse en un nuevo competidor en la compleja red import-export del propio continente africano, y por extensión, de manera global.

A estos costes laborales, en Europa se suman otros inputs como un reglamento más o menos generalizado de 40 horas semanales y unos derechos laborales dignos, la exigencia de numerosas certificaciones, un sinfín de controles sanitarios que no se demandan a otros orígenes y un reglamento cada vez más estricto en cuestión de fitosanitarios.

¿Podría la distribución ayudar a atajar el problema o liderar este pacto por el producto local?

La distribución española, y la europea en general, recrudece su batalla por los precios día a día, aunque no toda ella, porque ya existen cadenas que se han dado cuenta de que el consumidor está cambiando y pasa a ser un comprador concienciado, para el que unos céntimos no representan nada y prefiere el producto autóctono o lo más local posible.

Este nuevo perfil debería ser tenido muy en cuenta porque significará un nuevo nicho de crecimiento. Es un consumidor educado en el compromiso y que valora el entorno social. Es el que puede salvar con unos céntimos la industria agrícola de su propia zona.

“El margen de los productores es cada día más estrecho y esto lo sabemos ya a principios de campaña. Debemos tomar una solución efectiva para evitar el endeudamiento y la desaparición de los productores, así como una bajada del PIB nacional”, explican las fuentes consultadas.

Francia es un ejemplo de ello desde hace décadas. Ha dejado de ser el productor de fruta de hueso que era, pero cuando su producción entra en el lineal, la distribución no vende otro producto que no sea francés. Inglaterra también exhibe con orgullo su producción de fresas en verano con la bandera de la corona británica, Dinamarca igualmente, etc. Y en España tenemos algunos buenos ejemplos de cómo valorizar el producto local (ver Editorial en página 5) y contribuir a un mundo más sostenible.

 

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