¿Se repite la gran crisis de los 70?

supermercado lineal fruta

La cadena de producción -agricultura, industria y distribución-, está viviendo tensiones por el alza de las materias primas y el transporte. Una realidad que ya se refleja en la factura del supermercado o de la tienda tradicional, si bien el sector alimentario tiene sus particularidades al reaccionar a la inflación, como informa Efeagro.

Los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 5% en diciembre respecto al mismo mes de 2020, mientras que la tasa de inflación española general fue del 6,5%, la más alta desde mayo de 1992, según el Instituto Nacional de Estadística.

La transmisión del alza de materias primas a los precios alimentarios de venta al público ha sido más lenta, pero según varios expertos se esperan meses de incertidumbre y una escalada en febrero y marzo.

La crisis de un insumo, el petróleo, provocó en 1973 uno de los momentos económicos más devastadores para las economías occidentales. La inflación española se situó en el 14,2%, en Alemania fue del 7,9% y en Francia en el 8,4%.

La dependencia de una materia prima esencial y la geopolítica fueron las causantes de esta situación.

Hoy, salvados los años, la desindustrializada Europa sigue dependiendo, aunque no tanto del petróleo, sí de otros muchos insumos que, en su gran mayoría proceden de Asia. Todo ello en un contexto de inestabilidad política, que puede hacer subir el precio de la energía si al ‘zar de todas las Rusias’ se le ocurre jugar de nuevo con las conducciones de gas.

Logística y plásticos encarecen los alimentos

El director de servicio al cliente para Iberia de Kantar Worldpanel, Carlos Cotos, ha subrayado que si bien el repunte de la energía ha influido en el encarecimiento de los alimentos no es el único factor. Han repercutido más el coste de los plásticos, los embalajes o del transporte y de la logística.

Ademas, en otoño y hasta final de año, las industrias y fabricantes negociaron las “tablillas”, según las cuales se actualizan los precios, por lo que la transmisión de cotizaciones ha sido más lenta en el caso de los alimentos respecto a la de otros bienes.

Toda la cadena alimentaria “se estresa” y trabaja con márgenes pequeños, según Cotos: el agricultor tiene dificultad para subir su remuneración ante unos mercados muy “expuestos”, el fabricante aumenta costes y pierde margen cuando los traspasa a la distribución, quien a su vez trata de contener precios o responde al fenómeno con promociones.

“La mala noticia es que esperamos que la inflación dure unos tres meses pero por otro lado deberíamos ver que afloja después, porque los costes recuperarán cierta normalidad”, ha remarcado.

Respecto al impacto en el consumo, ha puntualizado que en la alimentación el ciudadano decide cómo quiere absorberla, o cambiando su dieta o eligiendo una carne o pescado u otros dependiendo del coste.

En cuanto a tendencias, apunta que se está registrando un incremento paulatino de las “marcas blancas” de la distribución.

Sin embargo, advierte de que para los ciudadanos, los datos de la inflación generan menos miedo que aquellos relacionados con riesgos sobre sus fuentes de ingresos, como podrían ser unos hipotéticos repuntes repentinos en las tasas de paro.

“Honestamente, es prematuro hablar de una crisis inflacionista en la alimentación sin precedentes; esperamos que los precios se normalicen a partir del segundo trimestre”, según Cotos.

Incertidumbre ante la oferta de materias primas

Según María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, existe una “segunda fase” de un proceso inflacionista por el que se produce una transmisión de coste de producción de las empresas al consumo” y se está notando especialmente en los alimentos.

Fernández ha señalado que los precios de las materias primas son los más caros del “siglo”, desde el año 2000, ante una coyuntura por la oferta comparable a la de los años 70 por la crisis del petróleo.

Ante esta situación, ha asegurado que el margen de error de cualquier previsión es alto, debido a la incertidumbre sobre la duración y el alcance del encarecimiento de los alimentos; además, las circunstancias que afectan a la inflación son muy distintas a las que había antes de la globalización o la llegada del euro.

La inflación viene de fuera, de productos que importamos. En esa circunstancia nos hemos empobrecido. Los que exportan se benefician, los que importamos materia primas somos más pobres”, según Fernández.

No obstante, ha confiado en que se cumpla el escenario de dos o tres meses de escalada y en que después no se consolide, para que no frustre la recuperación, desciendan las materias primas y los “cuellos de botella” del transporte marítimo.

Fuente: Efeagro

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