Joaquín Rey, director y propietario de la empresa FruitGrowing Quality, del consorcio KIBI, lo expresa de forma rotunda: “El modelo actual del mercado mercado necesita soluciones y cambios estructurales profundos. El canal mayorista tiene que evolucionar para seguir siendo competitivo.”
El directivo explica que uno de los principales problemas es el modelo de horario nocturno, que se mantiene prácticamente intacto desde hace décadas. Según manifiesta, el negocio tradicional del frutero exigía jornadas de hasta dieciséis o diecisiete horas diarias y una actividad concentrada en la madrugada, un sacrificio innecesario que las nuevas generaciones ya no están dispuestas a asumir. El empresario señala que incluso muchos profesionales de su propia generación han optado por delegar la compra en empresas especializadas y centrarse únicamente en la venta, ante la dificultad de mantener ese ritmo de trabajo con el paso de los años. En este contexto, considera que el sector tiene cada vez más dificultades para garantizar una sucesión generacional.
A esta situación se suma una pérdida progresiva de actividad dentro del propio mercado. Rey asegura que “al recorrer los pasillos se percibe una clara falta de demanda” y ese es el verdadero problema estructural que afronta el recinto madrileño.
Otro de los factores que ha debilitado el papel de Mercamadrid es la competencia de los almacenes mayoristas ubicados en municipios cercanos. En localidades como Getafe, Alcorcón, Fuenlabrada o Pinto han surgido, en los últimos años, numerosos almacenes que operan fuera del recinto central.
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Estos centros, autorizados por los ayuntamientos de esas localidades, trabajan con horarios diurnos —entre las siete de la mañana y las siete u ocho de la tarde— y abastecen directamente a miles de pequeños comercios minoristas. Para Rey, esta red periférica ha restado a Mercamadrid entre tres y cuatro mil puntos compradores potenciales. Además, la facilidad logística y la comodidad de los horarios diurnos están consolidando este modelo paralelo de abastecimiento.
El empresario también señala que la propia estructura del mercado ha cambiado con el tiempo. En su estimación, entre un 25% y un 30% de las paradas ya no están dedicadas a la venta directa de fruta, sino que funcionan principalmente como plataformas logísticas o de almacenamiento, una transformación que refleja la evolución del negocio mayorista en los últimos años.
Pese a este diagnóstico crítico, Rey reconoce que “Mercamadrid sigue teniendo un valor estratégico desde el punto de vista logístico y distributivo”. Su ubicación permite redistribuir mercancía hacia numerosos mercados provinciales, desde Castilla y León hasta Galicia, por lo que considera que las tiendas tradicionales continúan siendo esenciales para dar valor a los productos y, sobre todo, para permitir que las marcas lleguen al consumidor final.
FruitGrowing Quality: Kibi
Precisamente el desarrollo de marcas propias es una de las líneas estratégicas que su empresa está impulsando en el sector del kiwi. FruitGrowing Quality se dedica a la producción, confección y comercialización de esta fruta y cuenta con producción propia además de una red de productores asociados. La firma distribuye variedades amarillas con licencias para varios mercados internacionales, entre ellos España, Portugal, Brasil o Turquía.
El ejecutivo explica que su compañía está apostando por la marca Kibi, un nombre deliberadamente escrito con “B”. El concepto responde al eslogan “kiwi con B de bueno”, una estrategia pensada para llamar la atención del consumidor desde el primer momento y diferenciar el producto en el punto de venta.
Organización del sector
En paralelo, el sector del kiwi español está tratando de organizarse para ganar peso en el mercado internacional. Rey participa en la Asociación Española de Kiwicultores, AEKI, una entidad que reúne a organizaciones productoras de distintas regiones, como Asturias, Galicia, Extremadura y Andalucía. La asociación trabaja en cuestiones técnicas y regulatorias —como aspectos fitosanitarios, estándares de calidad o calibres de comercialización— y aspira a crear en el futuro una marca común que represente al conjunto de la producción ibérica.
Entre sus objetivos también figura reforzar la presencia internacional del sector y participar en foros como el International Kiwifruit Organization (IKO), además de integrarse en estructuras del sector exportador español para tener mayor capacidad de interlocución institucional, como FEPEX y poder formar una sectorial propia.
En cuanto al mercado, el empresario apunta que “el consumo de kiwi verde se mantiene estable, mientras que el kiwi amarillo continúa creciendo gracias a su sabor más dulce y a su mayor estabilidad en conservación. Este comportamiento, ha permitido ampliar el perfil de consumidores, especialmente entre el público infantil, que encuentra en esta fruta una opción saludable y fácil de consumir.”
































































































