Miguel Sanchis, deporte en las venas

Miguel Sanchis Alcamí, acaba de cumplir los 55 y nació en la histórica ciudad de Sagunto. Está casado y es padre de dos hijas adolescentes que le hacen tomar más de una valeriana cuando llegan de madrugada.
Miguel Sanchis, deporte en las venas

Le gusta pasar desapercibido, por eso no las tuve todas conmigo cuando le propuse ser mi próximo ‘perfilado’.

Miguel Sanchis Alcamí, acaba de cumplir los 55 y nació en la histórica ciudad de Sagunto. Está casado y es padre de dos hijas adolescentes que le hacen tomar más de una valeriana cuando llegan de madrugada.

Percibo que es una persona tímida a la que le cuesta hablar de sí mismo, pero consigo que, al menos pasados los minutos, se sienta cómodo. O al menos eso creo.

Es seguidor del Valencia y de joven llegó a jugar en tercera división en el Saguntino y en el Acero.

El maletero de su coche se parece más a la taquilla de un gimnasio que a otra cosa. En él encuentras zapatillas de montaña, de bicicleta, para correr, raquetas de tenis, chandals, mochilas, etc. Todo lo necesario para cualquier eventualidad deportiva.

El deporte es para él una necesidad vital por su personalidad nerviosa y por el stress acumulado. Todos los días, siete días a la semana, practica alguna disciplina: camina por la montaña, juega al tenis, monta en bicicleta, sale a correr por el cauce del río Turia acompañado de PIN, su perro, o juega al pádel. Incluso, durante Fruit Attraction se levanta temprano para hacer jogging por el Parque Juan Carlos I.

De sus numerosos grupos de whatsapp me sorprende uno: ‘Pies quietos’, irónico nombre para el activo grupo de amigos que recorren las Sierras de Espadán y La Calderona.

De los numerosos deportes que practica, ¿cuál es su preferido?

Sin duda alguna la bicicleta de montaña, entre otras cosas porque es al aire libre y me gusta disfrutar del entorno. Salgo con mi grupo todos los sábados desde hace más de una década. Aquí hemos forjado relaciones personales muy intensas, algunos de nosotros nos conocemos desde hace más de 30 años.

¿Son rutas de un solo día?

Si son cercanas, sí. La más reciente duró tres días y la hicimos por el País Vasco. Son jornadas duras, (‘Pedals de Foc’) de unos 70 u 80 km diarios y doce horas de bicicleta, pero resulta un goce disfrutar de espacios como el río Bidasoa, Hondarribia, las Cuevas de Zugarramurdi, etc.

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Me he enterado de que usted es un magnífico chef, amo y señor de un estupendo horno moruno y de un gran paellero.

Sí, tengo mi txoco particular en la montaña, es el único reducto familiar donde mando yo, así lo acordé con mi mujer. Allí disfruto cocinando para mis amigos y familiares. Me gusta comer bien y por eso tengo que compensarlo haciendo mucho deporte. Este fin de semana toca cabritillo asado y paella.

Alguien me ha contado que usted le puso una condición a su mujer cuando se casaron: si vivían en Valencia, tenía que ser en una zona bien comunicada con Sagunto. Me recuerda a los saguntinos sitiados por Aníbal, que ninguno quiso abandonar la ciudad. ¿Le ocurre algo usted parecido?

Si lo interpretamos así, digamos que sí. Mi familia, mis amigos, la Semana Santa, el paisaje y la playa L’Almardà han formado parte de mi infancia y juventud. Además, es el lugar ideal de inicio para hacer escapadas a la montaña.

¿Qué hubiera sido de su vida si no hubieran existido los cítricos?

Seguramente me dedicaría a otro tipo de actividad. Crecí oyendo el runruneo de los almacenes. La manera de ganarse la vida mis abuelos maternos y mis tíos estuvo siempre ligada a este sector. No fue así con mi padre, que trabajó en los Altos Hornos de Sagunto. Mi primer dinero, mientras estudiaba, también lo gané trabajando tanto en el campo como en el almacén.

Con ese bagaje personal, seguro que acabó en Agrónomos…

No podía ser de otra manera. Pasé por la Facultad de Ingenieros Técnicos Agrícolas y empecé a trabajar ya estando en la Universidad. Eran otros tiempos y conseguir trabajo era más sencillo que ahora. En la primera empresa estuve casi 2 años y después pasé a Decco.

¿Y su recorrido profesional?

A mí las cosas me han venido sucediendo sin buscarlas y unas me han llevado a otras. Entré en Decco Ibérica siendo muy joven y profesionalmente ha sido como un sinfín de toma de decisiones, que he ido aceptando en los 28 años que llevo aquí. Algunas con más acierto que otras. En este tiempo la empresa ha cambiado de manos y de nombre en varias ocasiones. Hoy somos propiedad de una compañía india, UPL, con un CEO en Filadelfia. Creo que este bagaje me ha dado una agilidad especial para reportar.

Entonces hablará un inglés de miedo.

Hablo un inglés para entenderme con mi jefe de Filadelfia y para que él me entienda a mí. Mi mujer, que estudió Turismo, sí que tiene un nivel muy elevado. Yo he tenido que reciclarme a base de pasar veranos en academias de Bournemouth, a donde me llevaba a toda la familia.

Si su mujer trabaja en la actividad turística habrá viajado mucho, ¿no?

La verdad es que sí. Antes de tener a nuestras hijas hicimos muchos viajes por África y, después, con ellas hemos estado en Sudamérica, Asia, etc. El septiembre pasado nos fuimos a Indonesia.

¿Algún viaje a la vista por Navidad?

Queríamos haber ido a Laponia, pero creo que no se concretará. De todas formas, seguro que algo hacemos. Mi mujer siempre está dispuesta a hacer las maletas y coger un avión.

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