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A Europa le urge hablar sobre comida (y a España también)

cabra

La economía europea se ha convertido, en pocas semanas, en el rehén de un criminal de guerra, que no solo invade estados libres, descuartiza ciudades y asentamientos civiles, sino que pone patas arriba la economía mundial y la microeconomía de nuestros bolsillos.

Y lo que puede ser grave, desdibuja nuestro escenario alimentario tal y como lo conocemos. Ahora el sector agroalimentario (el de frutas y hortalizas) debe dibujar un nuevo mapa comercial en el mundo, con unas consecuencias imprevisibles para países como España, donde el sector es clave en la economía.

A nuestro país se le suma el descontento del mundo rural, que mantiene enquistados problemas anteriores a la pandemia y al que, a mediados de 2021, se le empezaron a sumar, uno tras otro, los diferentes incrementos de costes. Hoy, la mochila se hace más pesada porque la guerra también ocupa lugar en las cuentas de agricultores y ganaderos.

El domingo 20 de marzo, más de 200.000 personas, de forma ordenada y pacífica, mostraron su protagonismo en Madrid. Reclamaron medidas urgentes, pero muy urgentes. La reacción del gobierno español, en el momento que escribo, ha sido mínima porque que no entiende la palabra URGENCIA. Es más, me atrevo a afirmar que su vínculo con la realidad del campo, es escaso.

Los urbanitas de despachos no se han dado cuenta de que con las cosas del comer no se juega. Hay muchos frentes abiertos, pero Europa y España deben despertar y conseguir la soberanía alimentaria porque las guerras y las pandemias ya no son de otros. Nos pertenecen.

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