Costa Rica quiere dar un nuevo valor a su banano

CORBANA prepara una nueva estrategia para convertir su Indicación Geográfica en un distintivo reconocido por la distribución. La iniciativa se suma a una transformación tecnológica de las fincas y a la defensa de precios que permitan sostener la producción y el empleo
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El banano de Costa Rica busca diferenciarse en los mercados internacionales sin perder de vista una ecuación cada vez más difícil: los costes de producir aumentan, las exigencias comerciales se multiplican y el precio no siempre acompaña. Marcial Chaverri, gerente general de la Corporación Bananera Nacional (CORBANA) desde octubre de 2024, plantea un cambio de rumbo que combina identidad de origen, innovación y rentabilidad.

Una Indicación Geográfica con nuevas funciones

Costa Rica cuenta desde 2011 con una Indicación Geográfica para su banano, pero durante años apenas se aprovechó. A principios de 2025, CORBANA comenzó a revisar cómo convertirla en una herramienta efectiva de diferenciación. “Nos planteamos, en un primer escenario, utilizar la indicación geográfica como instrumento para convertirla en la supercertificación del banano de Costa Rica para sus mercados”, explica Chaverri.

La propuesta parte de una dificultad cotidiana para los exportadores: la acumulación de certificaciones solicitadas por distintos compradores, muchas de ellas con requisitos similares en materia ambiental, social, laboral y de sostenibilidad. Tras comparar esos esquemas, CORBANA ha diseñado un modelo que, según su gerente, reúne los criterios comunes en unas 280-300 preguntas. El objetivo es simplificar auditorías y reducir costes que, en empresas con entre diez y quince certificaciones, pueden rondar los 100.000 dólares anuales, según sus estimaciones.

El reconocimiento de las cadenas de supermercados será decisivo. Chaverri asegura que ya han comenzado conversaciones con algunas de ellas y contempla la posibilidad de trabajar con este instrumento junto a alguna cadena durante 2027. Por ahora, es una meta en desarrollo, no una sustitución efectiva de las certificaciones exigidas por el mercado.

El precio, condición para seguir invirtiendo

La diferenciación no se entiende sin una reivindicación económica. Chaverri cuestiona que el banano siga utilizándose como producto reclamo en los supermercados mientras aumentan los costes laborales, productivos y de cumplimiento de requisitos. Según sus cálculos, el precio ha perdido un 57% de su valor respecto a 1980.

“Quieres hablar de salarios dignos, hablemos de precios dignos”, sostiene el directivo. “Exigir mayores inversiones en sostenibilidad o mejores condiciones de trabajo sin abordar la remuneración de la fruta pone en riesgo el equilibrio económico de las explotaciones. La propuesta es que el valor del banano refleje también lo que cuesta producirlo de forma responsable”.

La dimensión social de la actividad refuerza ese argumento. Chaverri atribuye a la industria bananera de Costa Rica 41.759 empleos directos y 100.000 indirectos, y estima que su actividad repercute en unas 275.000 personas de una provincia de 450.000 habitantes. También destaca que los salarios bananeros son, según afirma, los más altos del sector agropecuario del país.

A ello añade la atención médica disponible en las fincas, la cobertura sanitaria pública y las actuaciones comunitarias que la industria impulsa a través de CORBANA, desde mejoras en centros educativos hasta carreteras, puentes y obras de protección frente a inundaciones.

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Fincas rediseñadas para una nueva generación

El otro gran frente es tecnológico. Chaverri sitúa la falta de relevo generacional entre las principales amenazas para la continuidad del banano costarricense. Según explica, “muchos trabajadores de las fincas tienen entre 45 y 50 años y cada vez resulta más difícil encontrar jóvenes dispuestos a incorporarse a las labores tradicionales”.

La respuesta que plantea va más allá de incorporar maquinaria: implica rediseñar las plantaciones y las instalaciones de empaque para facilitar la automatización y el movimiento de robots. CORBANA estudia, por ejemplo, cómo adaptar los sistemas de drenaje y la configuración del terreno a esas futuras operaciones.

En esa visión aparecen drones equipados para obtener imágenes espectrales que ayuden a identificar plagas y enfermedades, así como para realizar determinadas aplicaciones en campo. Son líneas de transformación que requerirán inversión y perfiles profesionales más cualificados, capaces de gestionar equipos y datos en lugar de depender exclusivamente del trabajo manual.

Chaverri insiste en que la robotización responde a una escasez de trabajadores, no a un plan para sustituir plantillas existentes. Y reconoce que acometer semejante reingeniería exige recursos financieros y cambios profundos en la organización de las explotaciones.

Para CORBANA, el reto consiste en avanzar en los tres frentes a la vez: conseguir que el origen sea reconocido, defender un precio que haga viables las inversiones y preparar una industria con capacidad para producir en el futuro. No se trata únicamente de vender mejor el banano costarricense, sino de asegurar que siga habiendo quien lo produzca.

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