La producción de caqui en la Comunitat Valenciana se situará esta campaña en torno a las 240.000 toneladas, según las estimaciones de LA UNIÓ Llauradora. La cifra supone una caída aproximada del 34% respecto a la campaña anterior y representa el volumen más bajo de la última década.
La reducción media, sin embargo, esconde descensos mucho más elevados en determinadas zonas productoras, donde las mermas pueden ser incluso más importantes tras las últimas adversidades meteorológicas. La organización advierte de que el problema no se limitará únicamente a una menor cantidad de fruta, sino que también puede traducirse en una pérdida de calidad comercial y en un aumento de los destríos.
El clima reduce la carga de los árboles
Desde el punto de vista agronómico, las condiciones meteorológicas adversas han afectado al comportamiento fisiológico de los árboles. La caída natural del fruto ha sido este año anormalmente intensa en numerosas explotaciones, provocando aclarados naturales excesivos y una importante reducción de la carga.
A ello se suman las altas temperaturas y las olas de calor, que han causado daños por insolación o “planchado” en los frutos. Además, las tormentas recientes han afectado gravemente a la cosecha en buena parte de las zonas productoras.
Ante esta situación, LA UNIÓ ya ha solicitado adelantar al 1 de agosto el inicio de las garantías del seguro correspondientes al resto de adversidades climáticas, donde se incluye el riesgo de viento. Mientras tanto, pide a la Conselleria de Agricultura que establezca una línea compensatoria para los agricultores con póliza en vigor que hayan sufrido pérdidas por viento.
Plagas con menos herramientas de control
A la caída productiva se suma la preocupación por la evolución de determinadas plagas. El sector continúa teniendo importantes dificultades para controlar el cotonet, principalmente Pseudococcus longispinus, y distintas especies de mosca blanca, entre ellas Dialeurodes citri, Paraleyrodes minei y Aleurothrixus floccosus.
LA UNIÓ considera que no es razonable exigir al productor un control eficaz de las plagas mientras dispone cada vez de menos herramientas para combatirlas. Aunque estos problemas no tienen por qué reducir directamente el aforo inicial, sí pueden provocar daños en el fruto y elevar los destríos, haciendo que la producción finalmente comercializable sea todavía menor.
Costes al alza y márgenes más ajustados
La organización agraria advierte de que la rentabilidad de las explotaciones se ve comprometida por una combinación de factores: menos kilos por hectárea, mayores costes de producción, más tratamientos, un mayor consumo de agua y el incremento de los gastos en energía, gasóleo y fertilizantes.
Las altas temperaturas también están obligando a incrementar la frecuencia del riego en muchas parcelas, lo que añade presión económica a los productores.
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LA UNIÓ espera que las cotizaciones se mantengan en niveles que permitan compensar, al menos parcialmente, la menor oferta. No obstante, advierte de que una eventual mejora del precio no garantiza por sí sola la rentabilidad.
“No sirve de nada mirar solo el precio por kilo; la rentabilidad se calcula con los kilos que finalmente puede vender el productor y con lo que le ha costado producirlos”, señala la organización.
Reclaman autorizaciones excepcionales
Ante este escenario, LA UNIÓ reclama a las administraciones competentes que faciliten autorizaciones excepcionales de productos fitosanitarios cuando no existan alternativas suficientemente eficaces, especialmente para hacer frente al cotonet y la mosca blanca.
Entre las necesidades planteadas por el sector figuran soluciones como el acetamiprid frente a estas plagas y el cyantraniliprole frente a la mosca blanca.
La organización considera igualmente necesario reforzar la investigación aplicada y la transferencia de resultados al productor, acelerar la disponibilidad de soluciones eficaces y continuar avanzando en el control biológico, aunque sin presentarlo como una alternativa capaz de resolver por sí sola todos los problemas fitosanitarios actuales.
Un cultivo clave para muchas comarcas valencianas
Para LA UNIÓ, la situación del caqui trasciende la campaña actual. El cultivo ha desempeñado un papel importante en la diversificación agraria y en la generación de actividad económica en numerosas comarcas valencianas, complementando a los cítricos y otras producciones. En algunas zonas, incluso, se ha convertido en una de las pocas alternativas viables.
“El caqui ha sido una alternativa que ha diversificado la agricultura y la economía de muchas zonas productoras valencianas. No podemos permitir que un cultivo que ha generado oportunidades y actividad agraria pierda progresivamente rentabilidad porque los productores no dispongan de las herramientas necesarias para afrontar los problemas que tienen en el campo”, señala LA UNIÓ.
Aceptar fruta con marcas para reducir el desperdicio
La organización también considera importante que, durante la comercialización, el consumidor se acostumbre a encontrar caquis con marcas en la piel, ya que se trata de una fruta especialmente sensible.
Estas alteraciones externas no afectan a su calidad organoléptica ni a las características internas del fruto. Su aceptación permitiría mejorar el aprovechamiento de la producción y reducir el desperdicio alimentario en una campaña especialmente complicada para el sector.























































