La mejora vegetal, clave para la agroalimentación

La agricultura supone el 8% del PIB, el 16% de las ventas totales y genera 600.000 empleos directos. La mejora vegetal ha contribuido a incrementar hasta un 90% los rendimientos agrarios. Según el Informe Cerdà, la mejora de semillas y plantas aportó a la economía española casi 1.000 millones de euros.
anove mejora vegetal

La agricultura es hoy uno de los pilares fundamentales de la economía. Se trata del principal sustento alimentario a nivel mundial que, además de servir como soporte al mantenimiento de los animales y de generar fibras textiles, también produce energía a través de la biomasa y favorece la reducción de la erosión del suelo. Por todo ello, la agricultura es considerada una de las actividades económicas, sociales y ambientales esenciales para el ser humano y, por eso, cada día 9 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Agricultura, con el que se pone en valor la importancia de las tareas agrarias y se reconoce el valor imprescindible de quienes se dedican a la producción de alimentos vegetales.

El sector agroalimentario es la primera actividad industrial en España: genera un 8% del PIB y el 16% de las ventas totales, y tiene una capacidad de exportación de 17.000 millones de euros. Está conformado por 600.000 agricultores y 31.000 empresas, la mayor parte de ellas pymes. Solo el sector de frutas y hortalizas genera en España 200.000 empleos directos, a los que hay que añadir 150.000 indirectos en labores de manipulación y envasado. España es el quinto productor de frutas y verduras a nivel mundial y el primer productor de la UE, con más del 22% de la producción del continente.

Producir más para satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento, y hacerlo de manera sostenible, es decir, empleando los menores recursos posibles, es uno de los retos actuales de la agricultura que, además, debe hacer frente ya, como ningún otro sector, a los desafíos del cambio climático.

Para lograrlo, resulta imprescindible la labor de investigación que permita mejorar la calidad y la productividad de semillas y plantas, generar nuevas variedades vegetales que satisfagan las demandas de los consumidores, haciendo posible, al mismo tiempo, que los cultivos se adapten a las nuevas situaciones climáticas sin disminuir la rentabilidad del agricultor.

Hay que tener en cuenta que, gracias a la labor de investigación, las empresas obtentoras pueden mejorar las variedades vegetales actuales e, incluso, desarrollar otras nuevas, aumentando la productividad y haciendo realidad la agricultura sostenible.

La mejora vegetal, una aliada imprescindible

Efectivamente, la mejora vegetal está desempeñando un papel decisivo en la agricultura actual: “las técnicas aplicadas a la obtención de nuevas variedades de semillas y plantas y los avanzados métodos biotecnológicos –señala Elena Sáenz, Directora de la Asociación de Obtentores Vegetales, ANOVE– han contribuido a que los cultivos puedan resistir mejor plagas y enfermedades, a alcanzar mejores y más rápidos resultados y, en definitiva, a aumentar la productividad de las explotaciones”.

Un informe elaborado por el Institut Cerdà analiza en profundidad las aportaciones de la mejora vegetal en España. Presentado recientemente en la sede de Bruselas del Parlamento Europeo, señala que el sector obtentor es clave no solo para la alimentación sino también para la economía, “ya que la competitividad y calidad de la actividad de los mejoradores vegetales transciende a todos los eslabones de la cadena, beneficiando a la sociedad, el medio ambiente y la economía en su conjunto”.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, se produjo un considerable aumento de la productividad agrícola a nivel mundial; según indica otro acreditado estudio, el denominado informe Noleppa, el 67% de ese aumento se debe expresamente a la mejora de las variedades de semillas y plantas. Además, la mejora vegetal también ha permitido reducir el uso de fertilizantes y de fitosanitarios, y ha contribuido a reducir el consumo hídrico y energético.

Por su parte, según se señala en el informe Cerdà, la mejora de las plantas y semillas ha ayudado a reducir las emisiones de CO2 en 262.000 toneladas al año tan solo en España y ha contenido los costes de las materias primas, además de mejorar las propiedades y calidad de los alimentos, satisfacer las exigentes necesidades de los consumidores e incrementar la seguridad y la trazabilidad alimentaria. Durante los últimos cincuenta años, la colaboración en mejora vegetal entre los sectores público y privado ha contribuido a incrementar hasta en un 90% los rendimientos agrarios de algunos cultivos, al mismo tiempo que ha hecho posible que se aumente la producción de alimentos con los que nutrir a una población en constante crecimiento.

La investigación es la clave para alcanzar una agricultura sostenible

Entre las conclusiones más destacadas del informe Cerdà destaca que la mejora de semillas y plantas aportó a la economía española casi 1.000 millones de euros en 2019. De hecho, las empresas dedicadas a esta actividad invirtieron el año pasado en I+D aproximadamente un 20% de su facturación, superando proporcionalmente el porcentaje de inversión de otros sectores como el aeroespacial, el electrónico o el farmacéutico.

A lo largo de los años, la investigación que han llevado a cabo los mejoradores vegetales ha permitido adaptar variedades a lugares y climas donde antes no se cultivaban, mejorar la tolerancia a las condiciones climáticas extremas, aumentar la protección contra plagas y enfermedades y multiplicar el rendimiento de las explotaciones reduciendo, además, los costes de explotación.

En nuestros días, las actuales técnicas de mejora genética permiten la obtención de nuevas variedades empleando menos tiempo y con mayor seguridad. “La mejora vegetal es una actividad altamente especializada que hace posible transferir al campo la tecnología de última generación empleada en los laboratorios”, señala el Director General de ANOVE. Pero para ello, –sostiene Antonio Villarroel– “es necesario que las instituciones europeas sean más sensibles a los criterios de los científicos que a los mensajes demagógicos o a las presiones de algunos grupos alarmistas. Están en juego dos cuestiones decisivas: la calidad de la alimentación de los consumidores y la competitividad de la agricultura europea”.

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