No siempre lo que bien empieza, bien acaba. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) advierte de que la campaña de frutas de hueso “empezó bastante bien, con una mayor producción y precios en origen aceptables, pero con el paso de los días está acabando con pérdidas, ya que la demanda se ha desplomado -sobre todo en los calibres pequeños- y muchas cotizaciones se sitúan por debajo de los elevados costes de producción”.
Las lluvias de mayo y los posteriores días con elevadas temperaturas, incluso con viento de poniente, supusieron un antes y un después en medio de las labores de recolección de melocotones, nectarinas, albaricoques y ciruelas en la Comunitat Valenciana.
Las previsiones iniciales de AVA-ASAJA apuntaban a un incremento del 15% de la cosecha respecto al año pasado, superando los 40 millones de kilos, a pesar del retroceso de la superficie cultivada después de varios años con pérdidas. El invierno acumuló horas frío y solo hubo que lamentar siniestros significativos en parcelas de la Vall d’Albaida a causa del pedrisco.
Además de un aumento de producción, las variedades tempranas también se beneficiaron de una demanda fluida y de precios en origen razonables, si bien no llegaron a los niveles de la temporada precedente y fueron más parejos a los percibidos hace dos años.
Sin embargo, tras la combinación de precipitaciones y días muy calurosos para mediados de mayo, mucha fruta que todavía no se había recolectado sufrió una rápida sobremaduración que se solapó con frutas de otras regiones y disparó la oferta en los mercados.
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Los agricultores dejaron de recibir ofertas de los operadores comerciales. Como consecuencia, las cotizaciones en origen se desplomaron, especialmente en el caso de los calibres más pequeños que, dado el exceso de cosecha, muchas veces no encontraron una salida comercial.
Otro factor que presionó los márgenes de rentabilidad de los fruticultores fue el encarecimiento de los insumos, especialmente de los fertilizantes, así como de la energía y el transporte, agravado por las políticas agroambientales de la Unión Europea y el conflicto bélico en Oriente Medio. Asimismo, la supresión sistemática de materias activas fitosanitarias limitó las herramientas disponibles para combatir las plagas y enfermedades. Un ejemplo destacado fue el ‘gusano cabezudo’ -una plaga del albaricoquero que ataca la raíz y acaba matando al árbol- que, si no se autorizan soluciones eficaces a corto plazo, aboca al cultivo a la desaparición en pocos años, según advierten asociados de AVA-ASAJA.
Por último, la organización agraria denuncia la competencia desleal de frutas de hueso procedentes de países terceros como Marruecos, Argelia o Egipto, con menos restricciones fitosanitarias y medioambientales, que están aumentando su producción y accediendo al mercado europeo en condiciones más competitivas.























































