Los cítricos tardíos cuadriplican su precio al final de campaña

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A final de campaña, los citricultores españoles viven dulces momentos, muy lejanos de los recuerdos de 2019.

La alta demanda de cítricos en Europa y en España,  consecuencia directa de la pandemia de la COVID-19, ha provocado una situación absolutamente opuesta a lo acontecido el año pasado en el campo valenciano, que vivió un hundimiento histórico en sus cotizaciones, y que desde entonces se ha traducido en el abandono de numerosas plantaciones.

Con los datos facilitados por la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA- ASAJA) se comprueba que los precios en campo de la Valencia Late en 2019 a mediados de mayo oscilaban entre un mínimo de 0,094 y 0,188 euros por kilo, mientras que esta cifra se ha elevado a 0,376 y 0,705 euros en el año actual.

En ambos casos, este aumento supone multiplicar por cuatro el precio de una campaña a otra. Lo mismo ha sucedido con las variedades Barberina y Mid-nigth, que la temporada pasada cotizaban entre 0.165 y 0,235 euros por kilo. Ahora el precio está entre 0,376 y 0,799, lo que supone duplicar el precio para la primera y triplicarlo en la segunda.

De igual manera, las variedades protegidas, han registrado unos buenos resultados para los citricultores. Tanto Orri como Nadorcott han registrado unos volúmenes de producción y precios que superan la temporada pasada. Ambas mandarinas, limitadas por el número de plantaciones, siguen siendo de las más rentables. En concreto, Orri es la estrella de final de temporada, con unas cotizaciones que han llegado a 1,30 euros.

Sin embargo, tal y como siempre sucede, no existen dos campañas iguales y 2020 será recordado no sólo como el año del confinamiento de media humanidad, sino como un año en el que el consumidor europeo por cuestiones sanitarias, puso en valor la vitamina C de los cítricos y aceleró sus compras. Esta aceleración en la demanda ha provocado que, desde ahora, el volumen de cítricos españoles que quedan por exportar tenga el nivel más bajo de los últimos años. Según el consultor Paco Borrás, España dispone desde abril a agosto 461.109 toneladas para la exportación frente a las 564.070 en el mismo periodo del año pasado. Esta cifra vislumbra una campaña comercial que acabará más pronto de lo habitual.

La demanda europea ha sido tan fuerte que, en algunos momentos ha sido difícil atender todas las peticiones debido a que la producción española de esta campaña ha sido un 20% menos voluminosa que la precedente. En términos de la Comunidad Valenciana la reducción ha sido incluso mayor, con un descenso en volúmenes de un 30%. Esta disminución también se ha cebado con el resto de países productores del Mediterráneo y ha tenido un efecto global.

En la otra gran zona productora, la provincia de Huelva ya en abril se hablaba de un final precipitado de campaña propiciado por las dificultades para acceder a las explotaciones, como consecuencia de las lluvias, los problemas de movilidad de los trabajadores, el absentismo tanto en campo como almacenes y la ralentización del transporte. No obstante, la tendencia general de precios en campo fue al alza, al igual que el precio salida de almacén.

La pandemia también ha mostrado la otra cara de la moneda, que ha sido el encarecimiento de costes dentro de las centrales de confección que han visto como las normas de seguridad imprescindibles para no poner en riesgo la salud de los trabajadores incrementaban el precio final del producto, incluyendo lo relativo al transporte de los trabajadores a las fincas.

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