Los supermercados españoles acumulan ya un sobrecoste superior a 130 millones de euros como consecuencia del incremento de los costes de energía, combustibles y materias primas para los envases. Según ASEDAS, el aumento supone entre 20 y 25 millones de euros adicionales cada mes para las empresas de distribución.
El encarecimiento de los suministros, agravado por la evolución del conflicto en Oriente Medio, está ejerciendo una presión creciente sobre la estructura de costes del sector. Los principales incrementos se concentran en electricidad, logística y materias primas utilizadas en la fabricación de envases plásticos.
La energía y el transporte, principales focos de presión
Uno de los elementos que más preocupa a la distribución es la evolución de los servicios de ajuste eléctrico, cuyo coste ha aumentado un 53% respecto a octubre de 2025. Este incremento tiene un impacto directo sobre la factura energética de las empresas.
A la presión energética se suma el aumento del coste de la logística. El precio del gasóleo se ha incrementado un 35,5% en el último año, elevando los costes asociados al transporte y afectando tanto al aprovisionamiento de las tiendas como a la distribución de mercancías.
El tercer foco de incremento corresponde a los envases plásticos. Las materias primas utilizadas para su fabricación han registrado una subida del 25% en el último año, en un contexto marcado por las tensiones que afectan a la industria petroquímica.
El IPC alimentario mantiene una evolución más moderada
Pese al incremento de estos costes, la evolución de los precios de los alimentos está siendo más contenida que la inflación general. El IPC alimentario se situó en el 2,7% interanual en septiembre, más de dos puntos por debajo del IPC general, que alcanzó el 4,9%.
Para ASEDAS, esta evolución refleja la capacidad de la cadena agroalimentaria y de la distribución para absorber parte de las tensiones de costes y limitar su traslado al consumidor.
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La elevada competencia existente en el mercado de la distribución permite mantener los precios finales contenidos durante el mayor tiempo posible. A ello se suma la variedad de formatos comerciales, enseñas y surtidos disponibles, que ofrece al consumidor distintas alternativas ante un escenario de inflación.
El consumidor ajusta sus decisiones de compra
El comportamiento de los consumidores también contribuye a moderar el impacto de la inflación alimentaria. Según los datos aportados por ASEDAS, el denominado efecto “downtrading”, por el que el consumidor opta por alternativas más económicas dentro de una misma categoría, puede llegar a reducir hasta tres veces el impacto de la inflación sobre los precios de la alimentación.
La asociación señala que cada componente del incremento de costes presenta ritmos y mecanismos de transmisión diferentes, a los que se añade la estacionalidad propia de las campañas agrícolas. Pese a ello, considera que la cadena está funcionando de forma eficiente, como muestra la contención observada en los precios de los alimentos desde marzo en un contexto de inflación generalizada.


























































