¿Qué tienen en común Marte y un invernadero de Almería?

A priori la respuesta podría parecer fácil: nada. Pero es incorrecta. Palabra del experto en horticultura, fisiología vegetal y biología espacial Gary Stutte.
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El norteamericano Gary Stutte recorrió la semana pasada nada más y nada menos que 8.000 km para asistir a la III Edición del Congreso Inversolar y hablar de los avances que se están llevando a cabo para cultivar alimentos en Marte. Eso pasará en los próximos 30 años “la primera persona que viaje a Marte ya ha nacido”. Su llegada al planeta rojo supondrá “un punto de inflexión en nuestra evolución como especie y definirá nuestro potencial para convertir sueños en realidades”.

La trayectoria de Stutte en el cultivo de plantas en microgravedad es dilatada. Ha trabajado durante una década en el Centro Espacial Kennedy de la NASA liderando varias investigaciones, y conoce de buena tinta los condicionantes a los que se enfrentan los ‘agrocosmonautas’ (permítanme el palabro).

Allí arriba, en el espacio, el aire no circula, el agua flota y, a falta de luz solar, las plantas deben crecer a base de LED. Los recursos son muy escasos y la eficiencia y la circularidad son dos premisas fundamentales. Como en los invernaderos.

“La tecnología de los invernaderos de Almería ha sido crucial a la hora de desarrollar los de la Estación Espacial. Almería era un desierto y pasó de tener un invernadero a la mayor concentración de invernaderos del mundo. Llevar cultivos a Marte pasa por soluciones como las que tiene este invernadero, me impresiona la producción a la que se llega aquí”.

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Los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) llevan cultivando sus propios pimientos y bok choi durante los últimos 5 años, pero las condiciones de Marte son distintas. Empezando por la distancia: la ISS está a 400 km de la Tierra, frente a los 54,6 millones de km que hay que recorrer para llegar a Marte. Stutte calcula que se necesitarán 40 toneladas de alimentos al año para un equipo de 4 personas en ese primer viaje al planeta rojo.

“Necesitamos más control, cultivos inteligentes”, dijo. Se fijan en el modelo bajo plástico para reproducir algunos de sus aspectos, pero el ‘invernadero’ de Marte no se parecerá (al menos externamente) a los que pueblan el sureste español. Sería imposible por factores como la presión. Sin embargo, es una relación simbiótica. “Nuestro objetivo es desarrollar soluciones para pasar de lo mejor a lo superior, a través de mejoras genéticas y biológicas. A través de estudios para cultivar en el Espacio, redefinimos lo que era posible en la agricultura en la Tierra”. Un ejemplo de ello es el desarrollo de los cultivos verticales. Otro, el uso de LED de colores para cultivar, que ha demostrado que cambiar el ‘color’ de la luz modifica de forma “dramática” aspectos como la apariencia, la calidad nutricional o los beneficios para la salud.

Avances con los que esperan contribuir a mitigar los efectos del cambio climático en los cultivos. “Tenemos que adaptarnos. Al igual que al crecimiento de la población y los movimientos migratorios”.

 

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