Olman Vargas, Marketing & Research Director de Varcli, explica cómo estas innovaciones permiten reducir costes, mejorar la eficiencia y afrontar los desafíos climáticos y regulatorios del sector bananero.
¿En qué consiste el modelo de producción que habéis desarrollado en Varcli?
Hemos rediseñado todo el sistema productivo, desde las densidades y el diseño de plantación hasta la cosecha, el empaque, el manejo agronómico y las coberturas. Es un modelo enfocado en optimizar los costes y el uso de los recursos. Llevamos casi 18 años desarrollándolo y ahora queremos trasladar nuestra experiencia a otros productores.
Uno de vuestros principales avances es el empaque en seco. ¿Qué lo diferencia del sistema convencional?
Nuestro banano no pasa por agua durante el proceso de empaque. Desmanamos directamente en campo y trabajamos con un flujo productivo que tiene muchos menos pasos. Esto nos permite reducir costes y mejorar la eficiencia laboral. Al necesitar menos mano de obra en el proceso, también podemos ofrecer mejores salarios a los trabajadores.
¿Qué ahorro de agua conseguís con este sistema?
Consumimos aproximadamente una décima parte del agua que se utiliza en el proceso convencional de empaque. Es una diferencia muy importante. Además, hemos obtenido el reconocimiento Bandera Azul de cinco estrellas y contamos con dos GLOBALG.A.P. Awards.
También habéis desarrollado una herramienta predictiva para el manejo del cultivo. ¿Cómo funciona?
Hemos creado un modelo que nos proporciona alertas unos 15 días antes de que se produzcan episodios de quema masiva de hojas en campo. Esto nos permite anticiparnos y ajustar el manejo agronómico. En años anteriores hemos conseguido ahorrar aproximadamente entre un 3% y un 15% de las aplicaciones fitosanitarias.
¿Qué importancia tiene esta tecnología en las condiciones climáticas de Costa Rica?
Muchísima. Este año, estamos teniendo precipitaciones extraordinariamente elevadas, con lluvias prácticamente todos los días. Esto dificulta enormemente la programación de los tratamientos. Hay que encontrar el momento adecuado para aplicar sin que la lluvia comprometa su eficacia. En 2026, pese a las dificultades, hemos conseguido mantener una buena condición foliar.
¿El exceso de precipitaciones afecta también a las previsiones de producción?
Por supuesto. No es solo la lluvia. También disminuyen las unidades de calor y cambian las condiciones de luz y temperatura. El suelo y la disponibilidad de nutrientes se ven afectados. Todo esto complica mucho las estimaciones de producción y la posibilidad de comprometer volúmenes estables durante todo el año.
A estas dificultades se suma una presión regulatoria cada vez mayor. ¿Cómo está afectando al sector bananero?
La presión existe a nivel global, pero Europa es el mercado que más exigencias está planteando, especialmente en sostenibilidad y en el uso de determinadas materias activas. La industria necesita adaptarse. Por eso considero fundamental desarrollar planes agrícolas más flexibles, capaces de responder tanto a las nuevas normativas como a los efectos del cambio climático.
Después de casi dos décadas desarrollando este sistema, ¿cuál es vuestro siguiente objetivo?
Queremos que otras empresas bananeras puedan beneficiarse de nuestra experiencia. Queremos establecer contactos con productores para ofrecerles nuestro sistema y nuestro modelo de trabajo. Creemos que la industria necesita avanzar hacia formas de producción más eficientes, que permitan optimizar recursos, reducir costes y adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y regulatorias.




















































