Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

12 meses y 27 días

España vive una sequía de larga duración, como así la denominan los expertos. La Mesa Nacional de la Sequía, convocada este 19 de abril, ha tardado en reunirse 12 meses y 27 días desde su último encuentro el 4 de marzo de 2022.
cabra

Ni el ministro de Agricultura, Luis Planas, ni la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, asistieron a tan importante cenáculo. Y, mientras tanto, Pedro Sánchez alardeaba de que el asunto debía convertirse en “política de estado”.

La conclusión más inmediata, cuando escribo estas líneas, es que el encuentro sirvió para hacer una fotografía del actual panorama. ¡Cómo si el escenario por el que España se convierte en una sucursal del Sáhara no se conociera previamente!

Lector/a: no asistí a tal reunión, pero el contexto resumido es el siguiente: el 27% de España está en alerta por escasez de agua, las pérdidas en cereales, dependiendo de la zona, se estiman entre un 50% y un 80%, a los agricultores que han invertido en semillas, abonos, gasoil no les compensa ninguna ayuda, el regadío necesita mayor consumo de agua y el secano lo pasará realmente mal.

Y solo quiero dar una cifra agónica, la de Andalucía, que estima unas pérdidas de unos 3.000 millones de euros para la próxima campaña.

Actuar con premura no se ha actuado porque la situación viene de lejos. Y ahora, con el agua al cuello (es un decir) se quiere parchear la situación con ayudas o peticiones de flexibilización de la PAC. Lo estructural se deja de lado, posiblemente esperando ver la lluvia de nuevo. Y vuelta a empezar. Estoy segura que si llueve, cosa altamente improbable, la cuestión se apartará de la agenda política.

Y para aquellos que utilizan el campo como arma arrojadiza por su consumo de agua (altamente eficiente, por otra parte), les digo que el campo consume agua, pero el agua se convierte en alimentos.

TE PODRÍA INTERESAR

Últimas noticias

Newsletter fruittoday

Cada miércoles en tu email las noticias más destacadas de la semana hortofrutícola