La edición genética no es una amenaza

Recién llegada del Congreso Mundial de Semillas, celebrado en Lisboa, algunas ideas siguen dándome vueltas en la cabeza: ¿Por qué en Europa no contamos con edición genética y otros muchos países sí?
CARMEN-CABRA

Uno de los ponentes dejó otra reflexión interesante: “hay que ser transparente antes de que la gente pregunte.” Quizá ahí esté una de las claves. El sector no puede limitarse a defender la edición genética en foros técnicos o ante las administraciones. Debe explicar mejor, con palabras sencillas y sin complejos, qué es, para qué sirve y por qué puede ser positiva para todos, así como su diferencia con la modificación genética.

Tal vez, incluso, debamos revisar el lenguaje, porque hay palabras que, antes de ser comprendidas, ya despiertan rechazo. La palabra “gen” incita a la desconfianza en parte de la sociedad. Hay que evitar que el miedo gane la batalla antes de que la ciencia tenga oportunidad de explicarse.

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La pregunta es si Europa quiere liderar ese futuro o seguir observándolo desde una prudencia mal entendida. La edición genética debe dejar de ser un tabú porque innovar no es una amenaza. La verdadera amenaza sería no hacerlo.

En un mundo sometido a la presión del cambio climático, la escasez de agua, la aparición de nuevas plagas, la reducción de materias activas y el crecimiento de la población, la edición genética no puede seguir tratándose como un perjuicio.

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