Doble frente abierto

udapa

La patata española, al igual que el resto de categorías hortofrutícolas, vive momentos de zozobra, tanto en la vertiente productiva como en la parte comercial

Por un lado, los elevados costes energéticos y consiguiente alza de precios de inputs agrarios suponen una gran inquietud entre los productores y, por otro, las empresas envasadoras se enfrentan a las elevadas exigencias de la distribución. Los costes energéticos y la subida de las materias hacen mella en ambos lados de la cadena.

Ante las dificultades presentes, todo indica que la siembra en la principal región productora, Castilla y León, será entre 10% y 15% más baja que el año anterior. Y esto, a pesar de que, con las precipitaciones de la última quincena, los agricultores ven un tanto aliviada su situación, abocada con anterioridad a un mayor gasto energético si hubieran tenido que utilizar agua de pozo.

Por otro lado, la nueva realidad de la patata en los lineales, como un producto que casi roza la perfección, está provocando que el destrío y, por tanto, el desperdicio alimentario alcance niveles nunca antes conocidos.

Según manifiesta Alfonso Sáenz de Cámara, “esta situación se ha convertido en un factor que tensa las relaciones con los productores, pero no tenemos otra opción que cumplir con las exigencias. Nos encontramos en el centro de la cadena, entre productores y supermercados. Cuando existe la queja de un consumidor, los cimientos del proveedor tiemblan. Resulta difícil trasladar al agricultor estos cambios. Creo que se tenían que haber hecho de forma más lenta para no tensionar la cadena”.

Y todo esto sucede en unos momentos especialmente delicados para las empresas que además de hacer frente a una subida salarial, sufren el encarecimiento de muchos insumos y de la electricidad.

“Nos encontramos en circunstancias complejas de gestionar e incluso de explicar. Se suma, además, la entrada de los fondos de inversión en nuestro sector, que significará un importante cambio en los años futuros”, explica Sáenz de Cámara.

Cambio de tendencia: hacia la industria

En Europa las necesidades de patata para los próximos años crecerán exponencialmente. Se está invirtiendo mucho dinero en industrias transformadoras congeladoras en el norte de Francia y Holanda.

Se estima que para cubrir esa nueva demanda se necesitarán entre 40 y 50.000 hectáreas de patata, que se traduce en 1,5 millones de toneladas más. “Si se compara esto con la producción española que es de unos 2 millones de toneladas, nos puede dar una idea de esa dimensión. Va a suponer un giro en el sector, como ya sucede en Francia”.

Los agricultores del mercado para fresco han empezado a trabajar patata para industria, que ahora resulta mejor pagada que antes y tiene menores exigencias. “Si el agricultor tiene opciones, elegirá lo que más le interese y resulta un tanto inquietante este movimiento.”

En cuanto a las tendencias futuras que pueden marcar el devenir de las firmas envasadoras, desde Udapa se cree que la nueva Ley de Envases que entrará en vigor en 2023, y que en Francia ya está en funcionamiento, “en principio, tal y como hemos visto en Francia, no parece que supondrá cambios tan importantes, pero en cualquier caso hay que estar preparados para adaptarnos.”

Sin embargo, la ley sí que podría generar algún problema respecto a las patatas microondables que, aunque con un volumen pequeño frente al total de la categoría, se han convertido en una referencia de éxito en el mercado español. “Según la nueva legislación, no se podrán envasar con este material por tener 400 gramos; la ley indica que todo el producto fresco que esté por debajo del kilo y medio no puede ir en plástico”.

TE PODRÍA INTERESAR
  • ANECOOP: ‘El agua es vida’

  • Últimas noticias

    Newsletter fruittoday

    Cada miércoles en tu email las noticias más destacadas de la semana hortofrutícola