El hombre que susurraba a los caballos

A Vicente Puchol (50 años, Foios, Valencia) le cuesta mucho sonreír, sin embargo, es un hombre elocuente, explicativo, un volcán de palabras.
Vicente Puchol

A Vicente Puchol (50 años, Foios, Valencia) le cuesta mucho sonreír, sin embargo, es un hombre elocuente, explicativo, un volcán de palabras. Lo había conocido previamente en una conferencia y su saber científico no me defraudó.

En el corral de su casa siempre hubo capote, muleta y pitones con los que jugar. Su padre, además de campos, tenía reses para engorde y ejemplares equinos. El Soro es como un hermano para él. De hecho, las pertenencias del ‘maestro’ están expuestas en una de las casas de la familia de Vicente, a modo de museo.

Nuestro encuentro transcurrió entre esa casa y un centro ecuestre en la Sierra Calderona, donde montó a un caballo alemán de deporte.

Vive en el campo, sin televisión y representa la sexta generación de una saga de agricultores valencianos. Quizá por ello, colecciona utensilios agrícolas en desuso y posee varios coches de caballos y tartanas del siglo XIX.

Como tiene en casa las monteras de El Soro, ¿se las ha puesto alguna vez para verse en el espejo?

Ni se me ocurriría. La montera es sagrada y sería ocupar un lugar que no me corresponde. Solo se la puede poner el maestro.

¿Puede entender que hay gente a la que no nos gustan los toros?

Por supuesto y lo respeto.

¿No cree que habría que pensar en el sufrimiento del animal mientras se ensañan con él y le hacen sangre hasta que le hincan el estoque?

El toro de lidia es un animal bravo, genéticamente ha sido criado para embestir y a partir de los cuatro años en el campo, se matan unos a otros por la jerarquía en la manada. Su crianza, en las grandes dehesas, proporciona al ganadero unos ingresos que le permiten podar encinas, eliminar lentisco, preservar el medio ambiente y evitar el cambio climático.

Joaquín Vidal, uno de los mejores críticos taurinos, sostenía que los toros que se caían en la plaza habían sido manipulados genéticamente. ¿Qué opina de esto?

Los ganaderos buscan los mejores cruces y yo a esto no le llamaría manipulación genética; en todo caso sería consanguinidad.

¿De dónde le viene la pasión por el mundo taurino y por los caballos?

Mi padre fue un gran aficionado, así que lo viví como algo muy natural desde pequeño. En mi pueblo existe mucho arraigo a la fiesta, no sólo a los toros de lidia, sino a los toros de calle. En la Comunidad Valenciana hay casi 10.000 festejos al año y sólo en Foios tenemos cuatro toreros: Vicente Ruíz ‘El Soro’, su hermano Antonio, Rafael de Foios y Raúl Martí.

¿Ha sufrido algún susto?

Sí, más de uno. En una finca de Don Álvaro Domecq en Cádiz, hicimos la recuperación de unos pastos y un fin de semana, que yo me encontraba en Sevilla, decidí aprovechar el viaje. Era sábado por la tarde y para no molestar a la familia, aparqué el coche en la carretera, abrí una portera y fui caminando hasta llegar a un sembrado de trigo. Descubrí que entre el sembrado y el cercado había una valla y de repente empecé a escuchar un sonido que se aceleraba por momentos, me giré y vi como venían hacia mí unos 50 o 60 animales. Me eché al suelo entre el trigo y fui reptando hacia la carrilada que había dejado un tractor. Allí permanecí varias horas inmóvil, con la tablet y el teléfono apagados. Cuando empezó a caer la noche vi como unos lomos se iban desplazando por el cerro que tenía enfrente. Entonces supe que los animales volvían a su lugar para dormir y yo pude salir.

¿Qué toros tienen para usted mejor trapío hoy en día y por qué torero siente debilidad?

En la actualidad me gustan los toros de la ganadería Torrestrella y como torero en activo Paco Ureña. Pero para mí el mejor torero de todos los tiempos ha sido El Soro por su creatividad y carisma, aunque el padre del toreo actual es Juan Belmonte. Él encontró la distancia óptima entre la muleta y el toro para darle al animal el ritmo adecuado, su cadencia. Fue el generador de esa plasticidad estética que tiene el arte del toreo actual.

Y del toro al caballo, por lo visto sólo hay un trecho. ¿Por eso también le gustan los caballos?

Para manejar al toro en el campo necesitas la ayuda de un  caballo sino, es imposible conducir la manada. Fue la gente del pueblo la que decidió torearlos a pie.

Supongo, que al igual que me sucedió con los toros, el ambiente familiar influyó mucho en mi afición por el mundo ecuestre.

Además, el caballo es un animal muy sencillo si te armonizas con él. No puedes pedirle nada sin avisarle, pero tiene una gran memoria.

¿Tiene caballos en propiedad?

Tengo una hembra que compré en Francia. Es una mula de deporte, hija de un silla francés. Pese a ser mular, tiene una gran actitud deportiva por la genética de su madre, un caballo de deporte puro y, cuando la monto, posee muchas funcionalidades.

Me gustaría tener dos animales como mínimo, pero hay meses que estoy fuera de casa cuatro semanas, y me tienen que cuidar los animales.

¿Come usted carne de caballo?

Sí, lo cortés no quita lo valiente. Y también como toro.

¿Y no pensó en hacerse veterinario en lugar de dedicarse a la fitopatología?

No, en ningún momento. A mí lo que me gusta es el entendimiento de los procesos fisiológicos de las plantas y averiguar el origen de la causa cuando hay alteraciones en la conducta vegetal.

Me han dicho que tiene una memoria prodigiosa y que recuerda los naranjos de un campo como yo puedo recordar una cara.

Sí, es verdad. Reconozco a los árboles en una parcela, me acuerdo de su desarrollo y actitud fisiológica.

A eso le llamo yo pasión por el trabajo.

Soy absolutamente feliz trabajando, por eso hago jornadas de 16 horas y no me entero.

Con esos horarios, habrá días en que solo tendrá tiempo para trabajar y dormir.

No se crea, siempre encuentro un rato para leer y aprender sobre lo que me interesa.

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