El tomate, en un delicado equilibrio

Aunque la campaña pasada se saldó con la mayor media de precios de los últimos años, el cultivo pierde enteros frente a competidores como Marruecos y Holanda

Aunque España sigue estando a la cabeza en volumen de producción de tomate invernado con un 44% según Eurostat, el resto de productores de nuestro entorno nos come el terreno a marchas forzadas. El sector tomatero español no es el que era. No hay más que ver la evolución de este cultivo en los últimos años. De 2002 a 2015 la cuota de exportación de tomate español con destino a un mercado tan importante como Francia ha caído en picado, de un 45% a un 24%, mientras que la marroquí ha experimentado un notable crecimiento, pasando del 37 al 55%. Si miramos la importación de hortofrutícolas europea en su conjunto desde el año 2000 a 2016, se puede apreciar que Marruecos ha sumado un 163%, seguida de Holanda, que también ha incrementado su apuesta por este producto, concretamente un 58% frente a un exiguo 4% de España.

La culpa de todo esto la tienen varios factores. Por un lado, la disparidad en el coste de mano de obra en los diferentes países productores, un factor que supone el 40% de los gastos del invernadero y que para España conlleva una media de 7,17€/hora de salario bruto, frente a los 0,60€ de Marruecos. Salvar este abismo del 91% entre uno y otro es imposible, como imposible parece acercarnos al rendimiento de Holanda, que gracias a la tecnificación de sus invernaderos produce 506 Tm/Ha frente a las 95 de España. A todo esto se une un tercer factor, el del cambio climático y el aumento de temperaturas, que hace que cada vez sean más los países que adelantan y/o retrasan sus producciones, de modo que “nos están arrinconando al periodo de noviembre a febrero”, acortando la ventana comercial, como advirtió el presidente de Fepex, Jorge Brotons, durante la jornada ‘Principales retos de la horticultura bajo invernadero’, organizada por Coexphal en Aguadulce (Almería), con la colaboración de Cajamar Hortiespaña.

Un respiro

Pese a lo dicho hasta ahora, no todo es negativo. A nivel mundial España ha sido en 2016 el tercer exportador de esta fruta por detrás de México y Holanda, copando el 12,19% del total mundial con 907,62 mill. kg. Además, según Fepex, se ha producido una estabilización del valor obtenido con relación al año anterior, con 959,5 mill.€.

La de 2016/17 ha sido una buena campaña. El valor de la producción se ha visto favorecido por la escasez de producto en ciertos momentos de la campaña (invierno), alcanzando un precio medio un 37% superior a la campaña precedente en la principal zona productora, Almería, responsable, junto a Granada, del 70% de las ventas de tomate español a la UE. En concreto la provincia registró en el pasado ejercicio una producción de tomate de 1.008.867 Tm (-8%), y los agricultores recibieron por su producto 730 millones de euros € (+25%), la cotización media más alta de las últimas campañas, según el Balance de la Campaña Hortofrutícola de Almería elaborado por la Junta de Andalucía.

Por su parte, otras zonas productoras como Murcia y Canarias llevan años viendo cómo desciende el número de empresas que se dedican a este cultivo, en favor de otros alternativos como el pimiento, la fruta de hueso temprana y la papaya. Un claro ejemplo son Mazarrón y Águilas, donde la superficie de cultivo disminuyó un 28% entre 2009 y 2014. Y por su parte Canarias ha perdido más de dos tercios de la superficie plantada en los últimos 20 años, según la Federación de Exportadores Hortofrutícolas de Las Palmas (FEDEX) y la Asociación de Cosecheros Exportadores de Tomates de Tenerife (ACETO). A pesar de ello Murcia sigue siendo la segunda provincia exportadora de tomate, con 98,41 mill. kg en 2016, mientras que Las Palmas de Gran Canaria se situó en 4º lugar con 48,6 mill.kg.

Como vemos, los ‘tomateros’ se resisten a claudicar, y para remontar el vuelo deben afrontar retos importantes: solucionar el problema del déficit hídrico, organizar la oferta, abrir nuevos mercados, seguir diversificando la oferta… pero el factor más crítico es el que atañe a la propia infraestructura del invernadero y la necesidad de dotarla de tecnología para poder ser más competitivos, consiguiendo el máximo rendimiento de la planta. Barreras que, aunque difíciles, deben sortearse para asegurar el futuro del sector.

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