El sector agroalimentario subsiste, persiste y se desarrolla a pesar de las adversidades

Una de las principales características que define a nuestro sector agroalimentario es que está presente de una forma directa y continua dentro de nuestras vidas.
Fernando Ortega

Mínimo tres veces al día estamos presentes en la mesa de los hogares de nuestros consumidores, lo cual supone un reto diario que hay que cumplir sin decepcionar y cada vez con mayor grado de exigencia.

Es bien cierto que muchas veces no sabes si esta permanente vigencia es una ventaja para posicionar al sector como primordial para nuestra sociedad, o realmente se traduce en demasiada exposición y por ende riesgo de no ser considerado como lo que es.

Un sector estratégico para nuestra economía que aportó más de 100.000 millones al PIB y generó una ocupación superior a los 2,4 millones de personas. Si nos comparamos con el resto de socios de la UE-27, nuestro país se mantiene en la cuarta posición siendo el primer productor en frutas y vegetales frescos destacando el 55,9% de cuota en el caso de los cítricos. Destaco principalmente la capacidad exportadora que se repite de forma continua y mantenida, en este caso incluso y a pesar de las adversidades económica y sanitarias existentes, con un crecimiento superior al 13% y un saldo superávit de más de 11.300 millones a noviembre de 2022.

A pesar de este óptimo posicionamiento y excelentes cifras, no están siendo años fáciles de gestionar para las empresas que integran nuestra cadena de valor. Los estratosféricos incrementos en los costes de combustible, energía, fertilizantes, materia prima, envases, logística y demás componentes del escandallo junto a una climatología adversa dentro de un contexto general de muy elevada inflación, dificultades en el suministro, potente carga legislativa restrictiva y punitiva, reducción de capacidad adquisitiva de nuestro consumidor y ser en demasiadas ocasiones la diana de la culpabilidad de muchos de los “males” económicos de nuestro país.

Y nuestro sector agroalimentario crece, se desarrolla, evoluciona y aumenta su capacidad de resiliencia. Se hace más flexible y resistente, en definitiva, genera una capacidad de mutación y adaptación propia de su carácter estratégico permitiendo su navegación dentro de este inmerso mar de aguas turbulentas, cambiantes y con agresivas sorpresas en el camino.

Precisamente para generar esa capacidad dentro del complejo ecosistema, sí complejo, agroalimentario es preciso que analicemos y tengamos muy presentes cuales van a ser los vectores principales que van a influir de forma directa en la generación de oportunidades, superación de retos y por ende en desarrollar y hacer evolucionar a la agroalimentación conforme van generándose nuevas necesidades en nuestro consumidor.

Este es el principal foco y sobre el cual deben dirigirse todas las miradas y percepciones. Nuestro consumidor es el motor del cambio, el generador de modas (tendencias), el sancionador de nuestras políticas con un simple gesto: “optar y decidir en el acto de compra por nuestro producto alimentario”.

Ese foco planteado no está solo, a partir del mismo es preciso considerar toda una serie de conceptos que orbitan y continuarán orbitando de forma interactiva con los distintos componentes de la cadena de valor de la agroalimentación. Cada uno con una consideración y definición distinta, pero cada uno con una clara de necesidad de gestión diferencial que posibilite detectar las oportunidades, superar los retos y obtener los resultados esperados.

Por encima de cualquier otro vector de cambio, considero a la Sostenibilidad como elemento clave estratégico en ser gestionado, implementado con una clara visión de medio-largo plazo es la función que permitirá definir y establecer la evolución positiva de la agroalimentación dentro de la ecuación generada por rentabilidad económica, impacto social e impacto medioambiental.

La Innovación, existente dentro del código genético de los elementos integrantes de nuestro sistema agroalimentario, se torna una forma clara y tangible de hacer, operar, trabajar de forma distinta a las formas y maneras ancestrales. Necesidad de una cultura de innovación, no solo centrada en el producto, sino en las organizaciones y en los sistemas de trabajo.

La Tecnología, como herramienta práctica de aplicación del método y la ciencia. Tras preguntarme como optimizo, genero, diseño, pruebo, parametrizo, implemento y doy resultados. Debo ser eficaz, obviamente, y realmente eficiente para ser competitivo y utilizar los recursos en la forma y manera que se hayan diseñado e implementado.

La gestión de la información, del dato, definen la necesidad de generar La Transformación Digital en las empresas y organizaciones.  Como hacer que todo aquello a lo que tengo acceso, pueda encauzarlo hacia la obtención de un proceso, un sistema que me permita funcionar en la forma que me marca la sostenibilidad, la tecnología, mi consumidor. Utilizo, gestiono, la información en beneficio del propio sistema operativo, creativo o de funcionamiento permitiéndome adelantarme a las potenciales soluciones previendo necesidades, capacidades, modas, reacciones siendo por tanto más eficaz y eficiente.

El Talento, determinado y sin posibilidad de separarlo de las personas por ser inherente e integrado a ellas. Verdadero motor para implementar todo lo mencionado, superior a cualquier sistema y procedimiento (ellos/as son los que lo generan y determinan). A veces tan escaso y esquivo, pero siempre fundamental y necesario.

 

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