España-EE.UU., historia de un desencuentro en clementinas

Paco Borrás

ARTÍCULO DE OPINIÓN – PACO BORRÁS

Hace algo más de cinco siglos que España descubrió América. Allí fue importante durante más de trescientos años para, con posterioridad, ir perdiendo peso en todos los sentidos económicos y políticos, y desaparecer totalmente hace algo más de un siglo.

Mientras tanto la gran estrella emergente fue EEUU, en todos los sentidos, tanto para echarnos del todo de las Américas, como para ser el líder mundial del “LIBRE COMERCIO”, como acabo de señalar entrecomillas.  Su mensaje era básicamente: Abramos los mercados, mientras yo los míos los protegeré “un poco”.

España perdió peso en el mundo en muchos sentidos, pero conservó por encima de todas las vicisitudes, desde finales del siglo XIX, todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, un liderazgo indiscutible, la exportación de cítricos.

EE. UU. que, desde mitad del siglo XX, ya era una gran potencia productora de cítricos, en dos grandes zonas, Florida y California, alcanzó su máximo de producción a finales de los 80 con 14 millones de toneladas. Por diferentes razones agronómicas, en este momento, está cerca de los 8 millones. A lo largo del siglo XX, el peso que las mandarinas tenían en el total de su producción osciló entre el 4% y el 5% hasta inicios del siglo actual. Con la particularidad que las catalogadas como mandarinas eran Tangelos, Ortaniques, Ellendalles y otras variedades que, etiquetadas como mandarinas, no eran “fáciles de pelar” y, además, estaban muy lejos de tener un sabor comparable a las mandarinas del momento en España, básicamente clementinas.

El dato del consumo per cápita habla por sí solo: apenas se superaba el kilo.

  Los americanos inventaron los protocolos de importación

Mientras tanto EE. UU. había conseguido alcanzar cifras de exportación cercanas al millón de toneladas, de las que, apenas, 30.000 t. eran mandarinas. Sus exportaciones a Europa, Canadá y Asia se realizaban sin ningún tipo de protocolo, y como no podían impedir de forma absoluta las importaciones (porque su política económica abanderaba Libre Comercio), inventaron los protocolos de importación, cuya base se sustentaba en los posibles problemas fitosanitarios. Con ello lograban hacer la vida difícil a cualquier país que quisiera enviar cítricos a EE. UU. aunque ellos exportaran sin problemas a ese mismo país.

El ‘Pitufo’ lo cambió todo

España empezó la singular batalla de negociar el protocolo de exportación de cítricos, antes incluso de nuestra entrada en la UE y en el Mercado Único. Las bases americanas en España, tenían su peso geopolítico para que al menos atendieran nuestras peticiones. Ya en 1979, se realizaron algunas pruebas de clementinas, y con ciertos altibajos en el año 1983, se alcanzó la cifra de 10.000 Tm de clementinas españolas vendidas a EE. UU. En esos momentos se produjo un fenómeno singular, imitado después por muchos países. Aparece el pitufo: un envase de 20 x 30 cm, que combinando cuatro equivalía a la superficie de la eurocaja (60×40) y se ajustaba perfectamente al palet marítimo de 100 x 120. De esta manera se produjo un salto en la cadena de valor de todos los tipos de mandarinas ya que mientras los palets de mandarinas españolas iban desde el puerto de Filadelfia al punto de venta de cualquier supermercado en la costa Este, los Tangelos americanos en cajas de 40 kilos, tenían que pasar por puntos de confección intermedios porque no eran unidades de venta. Los pitufos se convirtieron en unidades de venta desde el primer momento de su llegada, pero además con clementinas. Las importaciones americanas de mandarinas a finales del siglo XX hablan por sí solas en el siguiente cuadro, en el que el liderazgo español fue abrumador.

¿Cómo reaccionaron los citricultores americanos?

Muy profesionalmente, vieron que sus consumidores habían descubierto un nuevo producto, fácil de pelar y con un sabor que satisfacía más que sus antiguas variedades. Además, los españoles habían inventado un nuevo formato de venta más conveniente. Los productores americanos se pusieron manos a la obra inmediatamente y encontraron en el extremo suroeste del valle de San Joaquín, en California, las zonas adecuadas para empezar kilométricas plantaciones de Clemenules, que al final superaron a las pruebas de otras clementinas, como Argelinas y Finas.

Primera alianza entre competidores

Con el objeto de desbancar la fuerza española, protagonizaron la primera alianza contra natura más singular de la citricultura americana. Los dos líderes en producción de California y en consecuencia competencia acérrima dentro del mercado doméstico estadounidense, Sun Pacific y Paramount Citrus (hoy Wonderful Citrus) hicieron una sociedad para realizar conjuntamente la implantación de las clementinas californianas, con una nueva marca conjunta y cuya primera imagen fue el pitufo cutíes. Las inversiones en promoción y publicidad de CUTIES, desde el primer momento fueron enormes y apelaban siempre a su origen como mandarinas americanas.

La sociedad se rompió por diferentes razones en 2012, pero ya había cumplido su objetivo.

¡Llegó la larva viva!

Como otros muchos enigmas de la historia, creo que nunca sabremos la realidad de lo que pasó. Ninguna autoridad española vio la larva, no pudo ver si estaba viva y lo más triste nunca sabremos si la clementina era española. De hecho, Intercitrus llegó a acusar públicamente (23 diciembre 2001), que las únicas larvas vivas encontradas en la costa este del país, estaban en cajas con marca CUTIES.

El principio del fin de la presencia de las clementinas en EE. UU. acababa de empezar por culpa de esta larva. Ya nunca recuperamos las 80.000 Tm de finales de los 90 y aunque recuperamos el protocolo aceptando las nuevas exigencias ya nada fue igual.

Mientras tanto se produjo la aparición de la Nadorcott y la Tango con lo que la producción de las antiguas mandarinas americanas empezó a desaparecer, y el calendario de “fáciles de pelar” con producción californiana se alargó a casi 8 meses. A ello se sumó que los empresarios americanos empezaron a invertir en Sudamérica, especialmente en Chile, aumentando las importaciones anuales de mandarinas, que junto con su producción californiana llevo al producto a su mejor momento en los hogares americanos.

David Karp. New York Times. 10 Febrero 2016. 12.48:

Desde el decenio 1990-2000, las plantaciones de California de mandarinas se han multiplicado por 10, pasando de 5.000 acres (2.000 Ha) a 50.000 acres (20.000 Ha). Gracias a una nueva oferta de clementinas fáciles de pelar, y que llegaron a mediados de los 80 desde España, y a la coordinación en la comercialización y el marketing realizado por CUTIES, en estos momentos podemos afirmar que estas mandarinas son ‘La estrella en ascenso del frutero americano’.

Hoy los estadounidenses consumen 3 kg per cápita de mandarinas, cuando antes de la llegada de las mandarinas españolas no llegaban al kilo.

En el siguiente cuadro se aprecia como el peso de España desapareció en el conjunto de las importaciones americanas de mandarinas.

¿Qué pasó con las importaciones del hemisferio norte?

A pesar del gran incremento de la producción americana en California, las importaciones del Hemisferio Norte, que coincidían con su calendario no crecieron y se estabilizaron. No debemos pasar por alto que la distancia desde California a la costa Este tiene sus complicaciones frente a una buena logística desde España o Marruecos.

Pero, sucedió lo inevitable, teniendo en cuenta que los exportadores españoles a EEUU, actuaban de forma individual como en todos los países y no supimos interpretar lo que nos estaba pasando. Se trasladaron a Marruecos los pitufos fabricados en fabricas de envases españolas y muchos de ellos bajo marcas que habían sido usadas y convertidas en líderes en EE. UU. gracias a las clementinas españolas y la consecuencia la podemos ver en este último grafico.

 

Epílogo

Los americanos lo hicieron muy bien, vieron, copiaron, se organizaron y contrarrestaron nuestra energía.

Los marroquíes también heredaron lo que queda del pastel.

Nosotros, líderes mundiales de la exportación de cítricos fuimos incapaces de ver llegar la debacle, de entender que la reacción a lo que llegaba no podía ser individual y perdimos un mercado que llego a representar el 10% del total de nuestras exportaciones de clementinas.

¿Aprenderemos? Sinceramente no lo sé.

 

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