Almería cierra su tercer año consecutivo de recuperación en tomate. Y sin embargo, en la rueda de prensa donde COEXPHAL presentó estos datos este martes, la palabra que más se repitió no fue «recuperación», sino «Dajla».
El avance de resultados de la campaña 2025/2026 deja un balance positivo para el cultivo: la comercialización cayó solo un 2% en volumen -menos que el 4% del ejercicio anterior-, los precios subieron un 16% y la facturación creció un 13%. «La campaña hortofrutícola 2025/26 ha dejado un descenso de la producción, un incremento de los precios y una subida importante de los costes de producción», resumió el gerente de COEXPHAL, Luis Miguel Fernández, en la presentación del informe.
1 de cada 9 tomates que se vende en la UE y UK es almeriense
Con datos aún provisionales, las exportaciones españolas de tomate a la UE-27 y Reino Unido retroceden un 7%, hasta las 544.915 toneladas. Almería, sin embargo, aguanta mejor que el resto del país: su caída se limita al 5%, hasta las 361.302 toneladas, lo que le permite ganar peso relativo y representar ya el 66% de las exportaciones nacionales. Uno de cada nueve tomates que se comercializan en la UE-27 y Reino Unido lleva sello almeriense.
Alemania sigue siendo, con diferencia, el primer destino, con cerca del 38% del volumen y el 35% de la facturación, seguida de Francia, Países Bajos y Polonia -este último protagoniza el mayor retroceso, un 34% menos en volumen-.
Reino Unido es el mercado que más crece: +11% en volumen y +15% en valor, en parte porque muchos compradores están regresando al origen almeriense tras experiencias de desabastecimiento con otros orígenes.
Pero el gerente de COEXPHAL no se quedó en la fotografía de esta campaña. El verdadero problema, avisó, está tomando forma a apenas unos 1.500 km de distancia: en Dajla, en pleno Sáhara Occidental, donde Marruecos está construyendo lo que el sector almeriense empieza a considerar una competencia sin freno.
Marruecos ya se acerca a las 13.000 hectáreas
El dato que más debería preocupar al campo almeriense es este: Marruecos ya cuenta con más superficie de tomate que Almería. La provincia ronda las 8.100-8.200 hectáreas esta campaña. Marruecos, según las estimaciones de COEXPHAL, se acerca ya a las 13.000, sin contar lo que se está desarrollando en el Sáhara Occidental.
Las importaciones españolas de tomate marroquí, de hecho, siguen creciendo, aunque a un ritmo mucho más contenido que en la campaña anterior: un 4% este año, hasta las 89.504 toneladas, frente al espectacular 31% del ejercicio previo.
En paralelo, las exportaciones marroquíes al conjunto de la UE y Reino Unido caen un 7%, hasta las 621.872 toneladas, en un país que empieza a mostrar grietas: escasez de mano de obra para la cosecha y una creciente preocupación por el agotamiento de sus acuíferos, cuyo ritmo de extracción supera ya la capacidad de recarga natural.
Y ahí es justo donde el problema se dispara. Hay un macroproyecto en marcha que prevé sumar unas 5.000 hectáreas más de invernadero en la zona de Dajla, casi en su totalidad orientadas a la exportación a Europa. Ese tomate, como ya denunciaron hace años COAG y Mundubat, sale en camión hacia Agadir, se mezcla con la producción marroquí y llega al lineal europeo con una etiqueta que no refleja la realidad: «Origen Marruecos».
El etiquetado que Bruselas decidió no arreglar
Aquí es donde entra la Unión Europea, y no precisamente para poner freno. Como recordó Luis Miguel Fernández, en octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la UE dictó dos sentencias que deberían haber cambiado las reglas del juego: obligaban a diferenciar el tomate procedente del Sáhara Occidental del marroquí, y dejaban claro que el producto saharaui no podía beneficiarse de
las preferencias arancelarias del acuerdo comercial entre la UE y Marruecos.
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La respuesta de la Comisión Europea, sin embargo, no fue aplicar la sentencia, sino esquivarla. En lugar de identificar el Sáhara Occidental como origen diferenciado, propuso etiquetar el producto simplemente como procedente de «dos zonas de producción», sin nombrarlas. Una fórmula que no dice nada al consumidor y que, de facto, sigue permitiendo que el tomate saharaui se venda camuflado bajo bandera marroquí. El Parlamento Europeo la aprobó por un solo voto de diferencia.
Los fondos europeos podrían financiar hasta 17.000 ha en el Sáhara Occidental
Y hay más. En paralelo avanza un nuevo acuerdo de asociación UE-Marruecos que incluye una partida de fondos europeos para «inversiones agropecuarias e hidráulicas» en la región, presentada oficialmente como compensación a la población saharaui. Según COEXPHAL, ese dinero podría financiar hasta 17.000 hectáreas adicionales de invernadero en el Sáhara
Occidental. Sumado a lo que ya hay y lo que está en construcción, la superficie tomatera de la región podría rozar las 30.000 hectáreas, más del triple de toda Almería junta.
La votación de ese acuerdo, que se esperaba para julio, se ha aplazado a septiembre.
«Aunque el Parlamento Europeo vuelva a votar en contra, no tenemos ninguna garantía de que después la Comisión, junto con el Consejo, no acabe ejecutándolo igualmente», advierten desde COEXPHAL, que ya está haciendo campaña ante los eurodiputados españoles para que rechacen el acuerdo en la próxima votación de septiembre.
Fiabilidad frente a incertidumbre
Frente a este escenario, el sector almeriense reivindica su fiabilidad como proveedor frente a un origen, Marruecos, que ha sufrido en los últimos años roturas de suministro y un aumento de las reclamaciones por residuos de fitosanitarios no autorizados en la UE, especialmente notificadas en el mercado francés. Son, precisamente, los mismos argumentos que Almería lleva años poniendo sobre la mesa para reivindicarse frente a un competidor que juega con costes que España no puede igualar -el laboral, sin ir más lejos, hasta ocho veces inferior-.
Y mientras en Almería la superficie de tomate lleva años estable, en el Sáhara Occidental sigue creciendo con el respaldo, directo o indirecto, de la propia Unión Europea. El sector lo tiene claro: si Bruselas no pone coto ni al etiquetado ni a la financiación, la ventaja competitiva que hoy sostiene al tomate almeriense en el mercado europeo tiene fecha de caducidad.





















































