“EL CGC nunca ha puesto ni pondrá pegas para activar Intercitrus”

El nuevo presidente del Comité de Gestión de Cítricos, Manuel Arrufat, asume su presidencia en un año especialmente convulso. El directivo habló en exclusiva para Fruit Today.

Profesionales de larga trayectoria opinan que Sudáfrica es sólo el chivo expiatorio de una situación cuyo origen nada tiene que ver con aspectos externos, sino con problemas internos del campo valenciano. Todo ello sin contar con un exceso de operadores. ¿Qué opina de esta versión?

Sudáfrica sí ha tenido su efecto sobre el inicio de nuestra campaña. Se han solapado en Europa sus naranjas valencias con nues­­­tras na­velinas pero el daño pro­vocado por estas importaciones, desde mi punto de vista, se ha sobredimensionado un poco. Con­vendría recordar, en primera instancia, que el acuerdo co­mer­­­cial de la UE con los países de África del Sur se refería sólo a na­ranjas y que en mandarinas nunca ha habido ninguna res­tric­ción arancelaria ni de contingentes.

El retraso en la maduración de más de dos semanas dejó el mercado europeo a merced de las im­por­ta­ciones del hemisferio sur. Nuestras primeras clementinas y satsumas, una bue­na parte de clemenules, así como las primeras navelinas, eran de calibres medianos y pequeños a consecuencia de la sequía.  A ello se sumó que las bajas tem­peraturas, que tanto con­tribuyen a animar el consumo, no llegaron al viejo continente has­ta finales de noviembre o incluso diciembre.

Además de todos esos factores, en origen sufrimos una concatenación de días de lluvia –en ocasiones torrenciales- que pro­­vocaron se­rios daños por aguado y ‘pixat’ y eso es siempre difí­­cil de ges­tio­nar. Al retraso en la maduración de la fruta se unió la cantidad de días que no pu­­­­­dimos salir a recolectar.

Cuando superamos los problemas de las primeras cle­­mentinas y entramos en el momento álgido de la cle­me­­­­nules nos tropezamos con los problemas logísticos ge­ne­rados por los ‘chalecos amarillos’ en Francia y los CDR en Cataluña. Se volvieron a retrasar envíos a Cen­troeuropa, se perdieron pedidos, aumentaron los costes del transporte, etc.

Y en cuanto al sector, los agricultores y los operadores, ¿han hecho los deberes?

El campo valenciano es un colectivo especialmente inquieto, siem­pre injertando y plantando variedades nuevas, buscando huecos de mercado, etc. pero seguimos manteniendo una agricultura minifundista que dis­pa­ra nuestros costes y nos resta competitividad.

Por otro lado, tenemos una excesiva concentración pro­ductiva y geo­grá­fica en dos variedades: la Nules en clementinas y la Navelina en naranjas y eso complica su comercialización y no contamos con la mejor oferta al arranque de campaña.

Se han dado pasos –forzados y muchos de ellos traumáticos- en cuanto a la concentración de la oferta frente a una demanda acaparada por unos po­cos. Exportadores, en el año 93, había alrededor de 900 y ac­tual­men­te rondarán los 300.

¿Es la cláusula de salvaguarda con Sudáfrica la clave?

En naranjas –que es donde reitero que sí que nos afecta aquel acuerdo- ya habíamos ido observando estos años que sus Valencia-lates iban retrasando el comienzo de nuestras navelinas. Este año, además –aunque las cifras no son aún significativas- hemos ob­servado una clara tendencia de crecimiento en sus man­da­ri­nas e híbridos de mandarinos tardíos

La cláusula ayudaría a frenar este proceso, pero hay que considerar que no existen muchos antecedentes, que requiere de un arduo trabajo de documentación para justificar las distorsiones en la pro­duc­ción europea, que este impacto tiene que tener una di­men­sión muy evidente, que hay importantes intereses de países importadores como Holanda… Será complicado, muy com­pli­cado conseguirlo y la medida, en caso de éxito, será temporal, no una solución definitiva.

En conjunto, si no nos atrevemos a hablar de proteccionismo, al menos sí de reciprocidad, pero esta partida tiene lugar en Bruselas. ¿Qué planteamientos tiene el Comité en este punto?

Se da un desequilibrio en­tre lo que nos exigen para exportar a países como EEUU, Chi­na, Japón… y lo que la UE les exige a países terceros para ve­nir a Europa. Nos gustaría que estas exigencias fueran iguales. La amenaza fi­to­sanitaria que conllevan estas importaciones o el trasiego de turistas con frutas o material vegetal introducido sin control en Europa nos ha traí­do en los últimos años plagas y enfermedades muy serias: Xylella, ‘cotonet de les Valls’, el trip de la orquídea y el vector del citrus greening (que no la enfermedad). Por todo ello de­be­mos ser ga­rantistas y que la protección de nuestra citricultura se sitúe por encima de cualquier otro interés comercial.

En el caso de Sudáfrica tenemos que mantener el protocolo actual pa­­­ra prevenir el acceso de la ‘mancha negra’ –que sólo ahora y tras años de muchas intercepciones en puertos parece que da sus frutos, ¿por qué cambiarlo? También tenemos que protegernos contra la Thaumatotibia leucotreta y demás moscas de la fruta frente a las que sólo hay garantías aplicando un tratamiento de frío du­ran­­te la travesía a Europa.

Usted ha participado en la reunión para activar Intercitrus. ¿Cuáles son sus conclusiones al respecto y a dónde debemos lle­gar? ¿Tenemos que dejar de lado ciertos personalismos o recelos em­presariales para avanzar?

En 2011 entró en fase de letargo y ahora lleva un año exacto desde la asamblea donde todos los colegios representados coinci­dieron en la voluntad de su reactivación. El CGC nunca ha puesto ni pondrá un inconveniente para reactivar este instrumen­to que, sin duda, mejorará la capacidad de interlocución con Madrid o con Bruselas, pero aún hay algunas dificultades importantes que sal­var. Todos deben estar comprometidos e in­­volucrados y tener una perspectiva amplia. Será la única manera de no caer en los mismos errores del pasado.

Valoración sobre la retirada de las 50.000 toneladas. ¿No ha llegado esta medida demasiado tarde? Todo indica que la situación sigue siendo “de crisis” y el problema, en esta parte de la campaña, viene ahora de la mano de Egipto.

En el mes de diciembre hubiera sido mucho más efectiva porque se podrían haber retirado clementinas y navelinas tempranas que hubieran descongestionado el mercado en fresco. La limitación de esta medida es que sólo pueden acogerse el 37% de citricultores que –según el ministro- tienen su producción ligada a una OP. Igual habría que replantearse flexibilizar los requerimientos para ser miem­bro de estas organizaciones y evitar algunas discrimi­na­ciones en el trato según su fórmula jurídica.

La otra cara, efectivamente, es Egipto, que ya ha empezado su cam­paña en Europa y que, como otros años, sigue vendiendo a precios muy baratos. Las fuertes devaluaciones de la libra egipcia han inyectado competitividad a sus exportaciones. La Comisión Europea ya advirtió hace un tiempo sobre los residuos detectados y sobre las plagas que podía portar esta fruta.

Nuestra ventaja –insisto- es que nuestras Navels tardías tienen una calidad en­vidiable, creo que inalcanzable para ellos y por eso son apre­ciadas en Eu­ro­pa. España ofrece mejor servicio, mayor seguridad fitosanitaria y una calidad más homogénea, pero el factor precio está ahí.

Ahora, en la segunda parte de campaña, hay esperanza de que las cosas mejoren: ya no tenemos problemas de calibre, el frío ha llegado con fuerza, hay una buena oferta de mandarinas tardías y de naranjas de media estación y somos capaces de alargar la tem­po­rada con naranjas tardías muy com­pe­ti­tivas.

Siendo Valencia el epicentro europeo en materia citrícola, ¿qué valoración hace usted de que no hayamos obtenido una variedad ‘made in Valencia’ de éxito?

Probablemente no hemos sabido aprovechar el IVIA para este fin. De cual­quier ma­nera, en este sentido, creo que es inexcusable que el CGC –cu­yos asociados son los que mejor pulso pueden tener sobre las necesidades del mercado- debe estar presente en sus órganos de dirección, como ya lo están las cooperativas, las aso­ciaciones de productores o incluso los sindicatos de clase. Necesitamos un IVIA fuerte y convendría tender más puen­tes entre la in­ves­ti­ga­ción y la iniciativa privada.

Cuando se habla de reordenación u organización varietal pensado en el futuro, ¿en qué va a consistir?

La reordenación no debe ser sólo varietal. Hay un amplio camino que recorrer en materia de patrones. Por ejemplo, es evidente que todos quisiéramos una Nules que pudiera aguantarse fácilmente en enero o en febrero y eso podría pasar por tener el pie ade­cuado. Crear patrones tolerantes al cambio climático, a la escasez de agua o enfermedades también deben ser con­sideradas líneas de investigación prioritarias. Para que una reconversión varietal pueda tener éxito hace falta un presupuesto, una apuesta por parte de la Administración y evitar las restricciones que de­jen fuera a quienes puedan aportar valor.

El ritmo de crecimiento de las exportaciones sudafricanas se ha acelerado en los últimos años. En 2018 alcanzó su récord: más de 2 millones de toneladas, más de 800.000 de ellas a la UE. Lograr el primer medio millón les costó 60 años; superar el umbral del millón, más de tres décadas; para llegar a 1,5 millones emplearon 12 años y para el último in­cremento -hasta los 2 millones- sólo han necesitado seis años. Aho­ra estiman que superar los 2,5 millones les costará entre tres y cinco campañas.

 

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