Laurence Maillard: vivir con pasión

Laurence nació hace 57 años en una pequeña localidad del suroeste de Francia. Siendo un bebé su familia se trasladó a Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y allí vivió hasta los 17 años. Regresó a Francia para estudiar Gestión Empresarial y coincidió con Arsène en una empresa del sector. Desde entonces han sido inseparables en lo personal y en lo profesional.

Con toda probabilidad no hubiera entrevistado a Laurence Maillard si una joven de 18 años (ella misma) no se hubiera enamorado a primera vista de Arsène, un ingeniero 30 años mayor que ella, al que conoció en el trabajo y con el que está unida desde entonces.
Laurence nació hace 57 años en una pequeña localidad del suroeste de Francia. Siendo un bebé su familia se trasladó a Marruecos, cerca de la frontera con Argelia, y allí vivió hasta los 17 años. Regresó a Francia para estudiar Gestión Empresarial y coincidió con Arsène en una empresa del sector. Desde entonces han sido inseparables en lo personal y en lo profesional.
Pertenece a ese tipo de personas que al hablar con ellas generan mucha confianza, y al mismo tiempo, denotan liderazgo. Laurence lo hace todo con pasión, con intensidad, disfruta con aquello que tiene entre manos. Trabajadora infatigable, reconoce que no siempre le fue fácil conciliar su vida familiar y profesional.
Nuestra entrevista transcurre en Colliure, un pueblo costero francés conocido por ser cuna del movimiento pictórico fauvista, y donde Matisse y Derain pasaron largas temporadas. Pero yo había quedado con ella en su oficina, un edificio situado en la fértil plana que se extiende a los pies del Monte Canigoú.
El primero en recibirme no es un empleado de la oficina, sino Donuts, un fabuloso perro Golden Retriever, que avanza por un largo pasillo desde el despacho de Laurence Maillard. Le sigue un grisáceo Schnauzer, llamado Darky. No puedo resistirme a acariciarlos.
No sabía que tiene en nómina a empleados caninos.
Son la debilidad de esta familia, nos gustan mucho los animales. Ambos llegaron a casa con un día de diferencia. Fuimos al norte a comprar el Golden y al día siguiente tuvimos que volver a por el Schnauzer porque lo quería Arsène.
Parece que el amor ha marcado su biografía porque no es fácil explicar a unos padres que te has enamorado de un hombre 30 años mayor que tú.
No lo fue y, de hecho, cuando me marché con Arsène, fue muy complicado que lo aceptarán. Nunca me he arrepentido de lo que hice. En nuestra vida hemos superado las dificultades juntos, y por supuesto, hace mucho tiempo que las relaciones familiares son excelentes.
¿Cómo se encuentra su marido en la actualidad?
La verdad es que perfectamente. Tras una enfermedad superada, está lleno de proyectos y sigue trabajando a mi lado. Es un hombre admirable.
¿A qué se hubiera dedicado si su vida hubiera sido otra?
Bueno, yo en realidad quería ser médico porque me fascina todo lo relacionado con el humano.
Usted vivió casi hasta los 17 años en África, ¿qué recuerda de aquella etapa?
Mi padre era profesor de lengua francesa. Vivíamos en un entorno muy privilegiado, que nada tenía que ver con el conflicto del colonialismo. Era un mundo idílico más en contacto con la cultura que con las propias contiendas que se estaban generando en el país. Cuando llegué a Europa, descubrí que en Francia se había vivido una etapa de revueltas y de exigencia de libertades con el mayo del 68, mientras que la sociedad marroquí era más oclusiva.
Le seré sincera, cuando me dijo que iríamos a Colliure y me habló del movimiento pictórico fauvista, me sorprendió muchísimo porque el arte es algo tan alejado del mundo en que ambas nos movemos.
El arte me ha interesado siempre y me gustaban mucho los impresionistas franceses hasta que, al vivir tan cerca de la costa, descubrí el fauvismo: la fuerza de sus colores puros, las simplificaciones y la acentuación en las formas. Me fascinó y entiendo que la luz de Colliure aporte esas sensaciones tan particulares.
Lo que yo conocía de Colliure es que aquí había muerto un escritor español en el exilio, Antonio Machado.
Pues ese detalle yo no lo sabía, aunque en esta zona hubo muchos exiliados españoles de la guerra civil.
Crear una empresa de la nada supone mucho sacrificio. Me ha repetido varias veces su sensación de no haberse dedicado lo suficiente a sus hijos.
Sí, es algo que nos ha preocupado tanto a Arsène como a mí. Nacimos de cero, aunque con un gran conocimiento y experiencia por parte de mi marido. Lo que hoy somos se ha hecho en poco más de tres décadas.
La familia entera pasó muchos años sin vacaciones y, si eventualmente las hacíamos, no eran más de cinco días. En verano, nuestra época fuerte de trabajo, apuntábamos a los niños a todo tipo de clases: vela, equitación, etc. Así podíamos seguir trabajando.
Ahora nuestros hijos son mayores y hemos podido conversar sobre este tema. En cualquier caso, saben que son el mejor logro de nuestras vidas.
¿Y dónde están ahora?
Mi hija trabaja para Hermès y en este momento está en China, abriendo una de las líneas de negocio de esta firma de lujo. Mi hijo estudia Comercio en París y está a punto de irse en prácticas a Sudáfrica.
¿Por eso lleva usted un precioso pañuelo de Hermès?
Sí, me gusta mucho. Es un regalo de mi hija que guardo como un tesoro.
¿Cómo se lleva con las nuevas tecnologías?
Me parecen maravillosas. Las utilizo todo lo que puedo y me interesa mucho saber las repercusiones que tienen en el mundo empresarial.
¿Y su última lectura cuál ha sido?
Me gustan mucho las lecturas cortas. Disfruto con los periódicos, pero sobre con los temas de Management empresarial y desarrollo personal porque creo en los valores y en las posibilidades humanas. Ahora estoy con «El arte de la guerra” de Sun Tzu, un libro que me aconsejo un amigo español. Es una maravilla porque habla de la estrategia militar de hace 2300 años, pero sus principios se podrían adaptar como estrategia empresarial.
¿Cuál es su forma de relajarse si no está trabajando?
Mi sesión particular de yoga consiste en coger la máquina cortacésped y dar varias pasadas al jardín de casa. Me quedo como nueva porque el olor a césped recién cortado me permite evadirme durante un tiempo de las preocupaciones diarias.

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