Comunicar en tienda, un valor al alza

Informar clara y directamente en las tiendas sobre lo que sucede en toda la cadena de suministro se convierte en un beneficio para todos los concurrentes
ponente innovadero consultor jose miguel-flavian

En el Reino Unido, los consumidores nos hemos acostumbrado, cada vez con mayor frecuencia, a ver huecos en los lineales y roturas de stock. Por unas causas o por otras (pandemias, compras compulsivas por los confinamientos, problemas logísticos, el propio Brexit o fenómenos meteorológicos), todas ellas suponen un fuerte impacto en el negocio del gran consumo. Sin embargo, es la climatología el elemento sobre el que menor control tenemos y uno de los que mayor afectación puede provocar.

Uno de los fenómenos recientes más llamativos fue la tormenta de arena proveniente del Sáhara y su afectación en los productos hortofrutícolas. Durante algunos días de marzo, el temporal fue de tal intensidad que, aunque sus estragos se hicieron notar con mucha virulencia en el sur y este de España, la arenilla en suspensión se percibió incluso en Londres; eso sí, más de forma anecdótica que preocupante.

En la Península Ibérica, su intensidad y duración afectó a la actividad agrícola porque la arena se posó sobre grandes extensiones de cultivos. Así, las coliflores recolectadas aquellos días eran de color crema en vez de blanco y en otros productos, como el apio, la arena se pegaba ‘tozudamente’ a su superficie.

Según me explicaba un proveedor del retail británico, Complejo Agrícola Las Lomas, algunos supermercados tuvieron a bien relajar de forma temporal los estándares de calidad con los que esperaban recibir los productos ya que eran conscientes de la dificultad de retirar en su totalidad la arena.

Para advertir de esta insólita circunstancia, Tesco puso cartelería en sus tiendas. El letrero explicaba el motivo por el que se veían restos de partículas de arenilla sobre los productos, o dentro de los envases de plástico. La cooperativa almeriense UNICA en un post en LinkedIn, agradecía esta iniciativa de apoyo a los agricultores porque disipaba cualquier duda sobre la sanidad del producto y contribuía, además, a la reducción del desperdicio alimentario con la recomendación de un simple lavado.

Como bien comentaba, este no ha sido un hecho aislado porque en el Reino Unido ya hemos vivido situaciones similares como la escasez de brócoli en nuestras estanterías durante el invierno de 2017 por la ola de frío que afectó el sureste español. También hemos sufrido, durante las últimas campañas, problemas con los cultivos locales de patatas y zanahorias por las siembras a destiempo ocasionadas la lluvia; y muy recientemente hemos padecido cierto desabastecimiento de tomates por la suma de varios factores: aumento de los costes en los invernaderos locales, falta de producto marroquí y las dificultades logísticas. Y todo apunta a que la campaña británica de tomate este verano no será muy buena.

La transparencia y la comunicación se han convertido en un bien preciado, así como la reducción del desperdicio alimentario.

Como profesional del sector, creo que esta forma de comunicar, clara y directa, ofrece ventajas muy positivas para toda la cadena. Además, resulta beneficiosa para la economía de los productores y en estas circunstancias excepcionales, se reduce el desperdicio alimentario (se evita tirar productos por un defecto menor). Cuando se describen las vicisitudes de la cadena de suministro, el resultado es que los consumidores entienden los motivos y empatizan con la situación.

El cambio como norma

Y es que nos encontramos en un mundo en el que no solamente el cambio se ha convertido en norma, sino que éste se produce muy rápidamente y cada vez es más brusco.

La verdad, mejor que no haya problemas de suministro, pero si se dan, considero muy positivo dar una explicación a los consumidores, pero sobre todo hacerlo de una forma ágil y rápida, consecuencia directa de la buena comunicación que existe entre algunos proveedores y supermercados.

En el Reino Unido, históricamente, la cadena de suministro ha funcionado tan bien que se ha conseguido que los consumidores británicos piensen que las frutas y hortalizas ser fabrican como si fueran tornillos.

Desde mi punto de vista, si los supermercados explican las circunstancias ‘perturbadoras’ de cualquier índole, la situación se convierte en una oportunidad para conectar entre ellos y los consumidores, una verdadera ocasión para llenar el hueco que existe entre la historia del agricultor (explicada en el punto de venta con fotografías bucólicas) y el producto que se ve en la tienda. Una forma de poner en valor todas las funciones que hay entre uno y otro. Los consumidores de productos ecológicos, ciertamente, tienen esta conciencia, y deberíamos de tratar de lograr algo parecido con los de producto convencional.

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