Del tirabeque al cacao: la diversificación, más necesidad que virtud

Los productores han de apostar por complementar su renta con nuevas producciones que han despertado gran interés por el mercado: el tirabeque, el pepino dulce, la estevia, el higo y las plantas aromáticas están llamando a la puerta y vienen para quedarse.

Sin duda, uno de los puntos débiles de cualquier sistema de producción agrícola radica en la acumulación de hectáreas y kilos en torno a un número reducido de cultivos. Esta situación se convierte en una peligrosa espiral que presiona a la baja la rentabilidad del agricultor, reduciendo aún más los márgenes de comercialización de sus producciones.

La diversificación de cultivos es una herramienta clave a la hora de complementar la renta de los productores, reduciendo, en paralelo, el riesgo que existe cuando se apuesta por el monocultivo.

Precisamente, la Comisión Europea lleva años trasladando al sector agrícola la necesidad de apostar por una diversificación real de los cultivos. Para ello, puso en marcha, a finales de 2018, el proyecto Diverfarming, financiado a través del programa Horizonte 2020, con el objetivo de impulsar esta filosofía en el campo mediante la participación de agricultores y un grupo de expertos para marcar una hoja de ruta para cristalizar los avances en futuras medidas dentro de las políticas agrarias europeas.

Ahora, Diverfarming ha dado el salto del laboratorio al campo con la creación de la ‘Comunidad de Agricultores Diverfarming’ (Communities of practitioners, en inglés), que consiste en una red de personas que ponen en marcha las diversificaciones planteadas por esta iniciativa. El mapa de la diversificación europea que se ha creado está formado por 17 integrantes que ya llevan a cabo estas técnicas. Se trata de diez productores agrícolas españoles (de localidades de Murcia, Zaragoza y Córdoba), una explotación danesa, otra italiana y cinco finlandesas. En las explotaciones españolas dentro de esta ‘Comunidad de Agricultores Diverfarming’ se realizan rotaciones, dobles cosechas y cultivos asociados. Además, se combinan cereales y legumbres con cultivos leñosos como almendros, cítricos u olivos, dependiendo de la región, mientras que en el norte de Europa son más comunes las diversificaciones entre cereales y legumbres con verduras.

Pero no hay que irse tan lejos para observar la apuesta por la diversificación de cultivos que se ha emprendido en Andalucía en los últimos años, en muchos casos, empujada por la propia Administración, a través de sus centros de investigación. Es el caso del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de la Junta de Andalucía (Ifapa), que trabaja desde hace tiempo con ensayos en pepino dulce, frutos rojos, pitaya, chayote, maracuyá o cáñamo.

Se trata de experiencias piloto que buscan la fórmula de acercar el manejo del cultivo a los agricultores, evitando los riesgos que ello tendría si los productores lo hiciesen por su cuenta y trasladando los resultados al sector agrario una vez que han cosechado ese feedback para que puedan ser extrapolados a escala comercial.

Así lo pone de manifiesto Salvador Parra, director del centro que posee el Ifapa en La Mojonera (Almería), que recuerda la importancia de abrir el abanico hacia otras producciones, siguiendo, además, las directrices marcadas por la propia Unión Europea (UE) en este sentido.

A efectos reales, esto supone ampliar el espectro para zonas como la almeriense, que en sus más de 31.000 hectáreas de invernaderos cultiva ocho productos: pimiento, tomate, berenjena, pepino, calabacín, melón, sandía y judía verde; a los que hay que añadir las explotaciones de hoja, con la lechuga a la cabeza, que se trabajan al aire libre.

A pesar de las múltiples tipologías y la infinidad de variedades de cada uno de estos cultivos, desde el Ifapa se recomienda, en pro de la diversidad y de la sostenibilidad del sistema, aumentar el número de especies y familias botánicas. Por ello, este instituto de investigación dependiente de la Consejería de Agricultura está trabajando en la diversificación de cultivos, con infinidad de ensayos cuya “experimentación se ve reflejada en un incipiente número de hectáreas cuyos frutos son diferentes a los clásicos obtenidos en nuestros invernaderos”, explican los técnicos del Centro Ifapa de La Mojonera.

Alternativas

Con alrededor de 30 hectáreas, el tirabeque es uno de los ejemplos más firmes de diversificación de los cultivos bajo plástico almerienses. Las explotaciones se concentran en el término municipal de Dalías y en muy pocos años este producto que se ha colado en las cocinas más exigentes por sus características para su uso gourmet por parte de los mejores chefs. Hasta el momento, la zona genera algo más de 220.000 toneladas de esta delicatessen, que cuentan con un importante impulso promocional para ganar aún más terreno: las denominadas Jornadas del Tirabeque Tierra de Dalías, que ya acumulan tres ediciones y lucen, además, el apoyo de la Diputación Provincial de Almería, a través del sello de calidad ‘Tierra de Sabores’.

El pepino dulce es otro de los frutos enmarcados en el ámbito de la diversificación. Los ensayos que ha realizado el Ifapa en este cultivo muestran unos resultados esperanzadores para dar el salto a una apuesta a escala comercial. Su fruto, aromático, jugoso y dulce, se puede emplear como fruta para postre, simulando al melón (aunque es menos dulce) o en ensaladas, además de en la elaboración de zumos y mermeladas. En los últimos años se ha relanzado el interés por este cultivo, principalmente, en países como Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos.

Un caso muy particular lo protagoniza el higo. Almería posee una gran tradición en el cultivo de este fruto, aunque sus posibilidades comerciales son limitadas. Un hecho que está a punto de cambiar gracias al estudio realizado por un grupo de investigación de Producción Vegetal y Economía Aplicada de la UAL, coordinado por Francisco Camacho Ferre y Luis Jesús Belmonte-Ureña, desarrollado en la Finca Experimental de la UAL-Anecoop. El proyecto, que persigue el cultivo rentable bajo plástico, ha conseguido el cuaje y desarrollo de frutos en pleno invierno con el objetivo de adelantar el calendario de recolección en más de un mes con respecto a la cosecha tradicional de brevas y la subsiguiente de higos, de forma que el productor se pueda posicionar en el mercado europeo, cuya demanda, en la actualidad, se encuentra en manos de países terceros a la UE.

La estevia y el caqui también empiezan a despuntar en algunas zonas de Andalucía. El primero, en el Valle del Guadalquivir, junto a Palma del Río (Córdoba), arrancó gracias a la iniciativa del Grupo de Desarrollo Rural del Medio Guadalquivir, que demostró que se adapta totalmente al clima con un alto rendimiento. El caqui se concentra en las comarcas de Alhama (Poniente granadino) y la Axarquía malagueña, merced a un proyecto que arrancó con una cuarentena de agricultores que en muy poco tiempo ya superaban las 60 hectáreas.

Las plantas aromáticas y medicinales también han venido para quedarse. Se trata de un segmento desconocido hasta hace poco a nivel comercial, que ha crecido apoyado en proyectos cuyo objetivo era reducir el riesgo de desertificación y erosión. Por ello, el auge de su cultivo se deja notar en las zonas rurales de las provincias de Almería, Granada y Málaga, principalmente, lo que sirve de elemento de cohesión y como complemento a la renta en estos territorios. En la actualidad, Andalucía posee alrededor de 600 hectáreas, la gran mayoría, en ecológico.

Otro fruto que está llamado a buscar un hueco interesante en el mercado es el cacao. El Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora (Málaga), en colaboración con La Despensa de Palacio de Estepa (Sevilla), está investigando la producción de mazorcas de cacao en un ambiente protegido. Se trata de un producto con un gran potencial por sus salidas comerciales convencionales, así como hacia en canal Horeca. Sin embargo, aún debe consolidarse su manejo bajo plástico para superar dos retos: el primero, adaptarse a temperaturas inferiores a los 15 grados centígrados, debido a la naturaleza tropical del árbol del cacao, a diferencia de otros cultivos subtropicales ya establecidos en la costa mediterránea andaluza como el aguacate o el mango, que pueden soportar temperaturas cercanas a los cero grados centígrados; el segundo radica en que el cacao es una especie entomófila y, por tanto, hay que estudiar qué tipo de insectos nativos de Europa se pueden adaptar a polinizar sus diminutas flores.

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