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Etiqueta eco, el desafío del sector hortofrutícola

El sector hortofrutícola se enfrenta a un desafío importante al buscar etiquetas más sostenibles para sus productos. A menudo, las etiquetas utilizadas sobre las frutas y verduras son de un solo uso y no logran una biodegradación adecuada, con lo que ello representa para el planeta.
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A este hecho, se añade el uso de materiales no reciclables en la producción de etiquetas, que se traduce en el aumento de la huella de carbono y, en consecuencia, en un impacto negativo en el medio ambiente.

 

Por esta razón, muchos productores hortofrutícolas buscan soluciones más sostenibles para vestir a sus productos con el etiquetado correspondiente. Desde Etygraf, compañía valenciana especializada en la impresión de etiquetas autoadhesivas en bobina, son muy conscientes de esta realidad. En esta línea, David Baldoví, responsable de marca y comunicación de Etygraf, señala que “estamos ante un sector que ya no solo ve a la etiqueta como un soporte mero informativo” y añade que “actualmente, las etiquetas también funcionan como un medio para crear una conexión emocional con los consumidores y diferenciar el producto de la competencia. La parte creativa puede influir en la decisión de compra del consumidor”.

 

Centrándonos en el lado “verde” de una etiqueta, llevar a cabo procesos sostenibles es una hoja de ruta clave en la toma de decisiones de los consumidores, por lo que cada vez son más las empresas las que buscan implementar prácticas sostenibles en todas sus áreas, incluyendo cómo se producen las etiquetas de sus productos. En este sentido, la impresión sostenible de etiquetas implica utilizar materiales y procesos de impresión que minimicen su impacto en el medio ambiente, “nos referimos a la utilización de materiales reciclables, tintas ecológicas y tecnologías de impresión que reduzcan el uso de energía y recursos”, indica Baldoví. Se refieren a etiquetas procedentes de materiales reciclados presentes en los papeles, los films y los soportes, así como con materiales cuyo origen sea responsable, incluso el reducir, en la medida de lo posible, la cantidad de material utilizado en la fabricación de estas. En esta línea y como expresa Baldoví “la impresión sostenible de etiquetas también puede ayudar a las empresas a mejorar su imagen y credibilidad, ya que los consumidores están cada vez más interesados en apoyar compañías responsables con el medio ambiente”.

 

Etygraf ha conseguido posicionar sus etiquetas entre las más “ecológicas” del sector, destacando también que el 100% de las tintas y barnices que utiliza son de baja migración.

 

Queda claro que existe un “buen hacer” del sector hortofrutícola español. Se están viendo pequeños pasos, que con el tiempo –se espera– se traduzca en grandes transformaciones. Y por lo que le toca al etiquetado, la actualidad marca su futuro y ello obliga a adoptar medidas y/o líneas de actuación, teniendo un rumbo que apunta hacia la sostenibilidad que lleva consigo un compromiso: la contaminación cero.

 

Nos quedamos con que al final lo que se acaba vendiendo es fruta y no marcas. No obstante, cada vez hay más empresas hortofrutícolas que apuestan por la diferenciación, por el valor añadido y por vender algo más que fruta. “Sin duda, el presente y el futuro de la distribución de fruta y verdura es de ellos”, subraya Baldoví.

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