El bloqueo del comercio de fertilizantes, la subida del carburante, los desajustes logísticos y los consiguientes aumentos de costes de las producciones destacan entre los efectos del conflicto desencadenado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Una crisis que se une a las tensiones por la guerra en Ucrania y a un año de calor extremo que está dañando al campo.
La región del golfo Pérsico concentra entre el 30 % y el 35 % de las exportaciones mundiales de urea y entre el 20 % y el 30 % de las de amoniaco, mientras que un 30 % del comercio global de fertilizantes transita por el estratégico estrecho de Ormuz y se ha visto paralizado.
Impacto prolongado
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han alertado de que el conflicto acarreará un descenso de la producción agrícola en 2026 y 2027, y un encarecimiento de los precios.
El director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), Raymond Torres, señala a EFE Agro que el impacto «pleno» de la guerra está «aún por materializarse».
Detalla que hasta ahora ha sido menor en el hemisferio norte porque los agricultores habían comprado parte de los fertilizantes para la siembra de principios de año y porque la elevación de la producción de China ha actuado como contrapeso.
Sin embargo, el secretario general de la organización agraria COAG, Andrés Góngora, señala a EFE Agro que en España y en la Unión Europea (UE) la crisis se ha acentuado porque se ha ido desmantelando la producción interna de fertilizantes, frente a la recuperación de su fabricación en países como Estados Unidos, Egipto o Argentina.
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Torres (Funcas), apunta que el riesgo, si dura el conflicto, es «asimétrico», según la dependencia de los países de los flujos de productos e insumos agrarios que pasan por el estrecho de Ormuz.
Los más afectados serían los del Golfo, según la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En Asia, las cosechas de arroz pueden ser más bajas por su elevada dependencia de los fertilizantes de Ormuz.
En África, que importa alimentos y abonos, hay riesgo de «caídas desproporcionadas» de cosechas y más inseguridad alimentaria; en América Latina, pese a ser exportadores agrícolas netos, también puede haber mermas.
Guerras de Irán y Ucrania
Otro de los riesgos es la superposición del «shock» de los fertilizantes con la «reescalada» en el mar Negro y la restricción de la oferta de grano ucraniano o ruso, según el experto de Funcas.
Esa confluencia de conflictos geopolíticos se está reflejando en los mercados esta semana, especialmente en los europeos, según la agencia especializada en análisis agrícola Agritel.
También hay otro riesgo comercial, pues desde el cierre de Ormuz las barreras a los intercambios de fertilizantes han aumentado hasta afectar al 15 % de las exportaciones mundiales, según datos de la OMC citados por Torres.
Alerta sobre la cesta de la compra
Según los datos de Funcas, el impacto de la guerra en la inflación de los alimentos en España no ha sido tan significativo como se esperaba, pero el repunte de los precios energéticos tras el fallido acuerdo de alto el fuego, junto con los incendios y el clima representan un riesgo para el coste de la cesta de la compra en los próximos meses.
Por su parte, Góngora ha defendido que la soberanía alimentaria «tiene que ver también con la producción de fertilizantes» y por ello ha valorado que esta crisis haya llevado al Gobierno español y a la Unión Europea a impulsar planes para promover la producción interna.
COAG ha reconocido las ayudas que ha puesto en marcha el Ejecutivo para paliar las consecuencias del conflicto, pero ha señalado que en ellas existen «vacíos» y que, ante la continuidad del alza de los precios energéticos y de la guerra, tal vez sería necesario «pedir un segundo paquete» de apoyos.
















































