El cambio climático redefine los objetivos de la mejora genética

La firma obtentora PSB Producción Vegetal trabaja la genética de la fruta de hueso con el objetivo de adelantarse a los retos que plantea el cambio climático, desde el aumento de temperaturas al estrés hídrico de los árboles
Serafina

Las olas de calor registradas en las últimas semanas en España, Francia y en gran parte del resto de Europa vuelven a poner de manifiesto una realidad que el sector frutícola conoce bien: el cambio climático ya está transformando las condiciones de producción. Temperaturas excepcionalmente elevadas desde el mes de junio, noches tropicales cada vez más frecuentes y una disminución progresiva del frío invernal afectan directamente al comportamiento de los árboles, a la calidad de la fruta y al rendimiento de las plantaciones.

“El cambio climático ya no es un reto del futuro, sino una realidad que condiciona cada decisión dentro de nuestros programas de mejora”, explica Stéphane Buffat, fundador y director de ciencia e innovación de PSB Producción Vegetal. “Hoy no basta con desarrollar variedades productivas y de excelente calidad; también deben ser capaces de mantener esas cualidades en condiciones climáticas cada vez más exigentes”.

Uno de los efectos más visibles es la pérdida de coloración en la fruta de hueso. Desde hace más de una década se observa un incremento constante de las noches con temperaturas superiores a los 25°C durante el verano. La reducción del contraste térmico entre el día y la noche dificulta la correcta coloración de los frutos, un aspecto fundamental para su valor comercial.

Equipo de selección

“Por eso hemos incorporado nuevos parentales que nos permiten seleccionar variedades capaces de mantener una excelente coloración incluso en campañas con noches muy cálidas”, señala Buffat.

La genética de las nuevas generaciones

Esta genética ya está presente en las nuevas generaciones de nectarinas, melocotones, paraguayos y nectarinas planas. En albaricoque, el trabajocontinúa con el mismo objetivo. Variedades como Gaspar, Baltazar o Nelson ya muestran una mejor adaptación a estas condiciones. En el segmento de los albaricoques rojos, donde también se observa una pérdida progresiva de intensidad de color, PSB ha desarrollado variedades como Marcelino, capaz de conservar prácticamente el 100 % de su coloración roja incluso en situaciones de elevado estrés térmico.

La misma estrategia de mejora genética ya se está aplicando a otros cultivos como la cereza y la ciruela, donde los efectos del calentamiento climático comienzan a ser igualmente evidentes.

Otro de los grandes desafíos es la reducción del frío invernal durante los meses de noviembre y diciembre. En determinadas zonas productoras, PSB ha observado una disminución muy importante de las horas de frío disponibles, un fenómeno que afecta directamente a la inducción y diferenciación floral, especialmente en cerezo, albaricoquero y ciruelo.

NOTICIA RELACIONADA: PSB consolida su posición en fruta de hueso temprana

A ello se suma un estrés hídrico cada vez más acusado durante agosto y septiembre y episodios de calor extremo más tempranos, que aceleran la maduración, limitan el calibre de los frutos y someten a los árboles a un importante estrés fisiológico.

“Nuestro trabajo consiste en anticiparnos a estas condiciones. Estamos desarrollando variedades con menores necesidades de frío, mayor tolerancia al estrés hídrico y una mejor adaptación a las altas temperaturas, sin renunciar al sabor, la productividad y la calidad comercial que exige el mercado”, concluye el directivo.

Para PSB, el cambio climático no modifica el objetivo de la mejora genética, sino los criterios de selección. La innovación varietal será una herramienta esencial para ayudar a los productores a mantener la rentabilidad de sus explotaciones en un escenario climático cada vez más desafiante.

TE PODRÍA INTERESAR

Newsletter fruittoday

Cada miércoles en tu email las noticias más destacadas de la semana hortofrutícola